El Mundial 2026 rema al ritmo de Noruega: el fenómeno vikingo va más allá de las canchas, ¿por qué?
La cultura de los vikingos ha enamorado al mundo. La Selección de Noruega enfrenta a Inglaterra en cuartos de final (4:00 p.m.).
Periodista de la Universidad de Antioquia con énfasis en periodismo narrativo. En El Colombiano cubro deportes. He sido enviado especial a partidos de la Selección Colombia en Barranquilla. También a eventos de ciclismo como el Clásico RCN, Tour Colombia, Giro de Rigo, partidos de tenis, carreras de atletismo, natación, gimnasia, tiro con arco. He cubierto 7 finales del fútbol colombiano (6 in situ) y el Mundial de Qatar. Sigo la actualidad del DIM, Nacional y deportes del ciclo olímpico. Hago perfiles de deportistas. Presentador de El Debutante y realizador para redes sociales. Tuve un paso por el equipo digital: escribí breaking news.Trabajé en el programa Ángulo Deportivo de la emisora cultural de la UdeA. Escribí para La Oreja Roja y La Cola de Rata sobre migración, política internacional, economía y deportes. Fui voluntario de la Revista Arcadia en 2018. Produje y edité un podcast en serie llamado Duplas. Lector, salsómano y amante de sufrir en bici.
Los noruegos son la sorpresa del Mundial. No una extraña, inesperada, sino una agradable, medio predecible. La selección liderada por Stale Solbakken ha impactado al planeta por su autenticidad: son tan ellos que, en este mundo globalizado, genérico, han llamado la atención por su modo particular de ser y hacer las cosas.
El “remo vikingo”, con el que han celebrado cada victoria en Norteamérica 2026, se volvió tendencia global. Suenan dos golpes: “Pum, pum”. Ya no solo tambores en los estadios de Canadá o Estados Unidos. Ahora el sonido sale del golpecito a muebles, mesas, palmas en casi todos los países del mundo.
Después, a los pocos segundos, sale de la boca un “ruh” fuerte, estremecedor, que va acompañado de un desplazamiento de los brazos hacia atrás, sacando el pecho hacia adelante que, cuando una persona está sentada, da la sensación de estar halando un elemento de madera.
El gesto ya no es solo noruego. Ahora es universal. Al inicio de la Copa del Mundo lo hacían los aficionados en las tribunas y en las calles de ciudades como Boston, Nueva York, emulando el festejo que crearon en un partido de clasificatorias y que recuerda sus raíces vikingas.
Ahora, cuando Noruega juega por primera vez los cuartos de final de un Mundial, también se hace en gimnasios de Medellín por gente que intenta esculpir su cuerpo, del mismo modo que lo emulan niños en las calles de Kampala, capital de Uganda.
¿Por qué se ha despertado una locura por Haaland?
Todo eso se despertó, en gran medida, gracias a la figura de Erling Braut Haaland. En el mundo se grita “ruh”, que no significa nada en noruego; mientras que los futbolistas de la Selección, amparados por los siete tantos que ha marcado “El Androide” en el Mundial, corean al unísono, con la complicidad de sus hinchas la palabra “Ro”, que se traduce como “rema”.
Erling, un hombre de 25 años –el 21 de julio cumplirá 26–, es la encarnación de la cultura de su país. Los cinco millones y medio de personas que viven en Noruega se ven representadas en aquel muchacho con cara de inocencia, que parece andar todo el tiempo desconectado del mundo, del fútbol, pero que en realidad es un “guerrero” que marcará una época.
Cuando terminó el juego contra Brasil, en el que marcó dos goles, el gigantón de 1,90 metros, rubio, imponente como en el imaginario han vendido a los vikingos, se puso un yelmo de Gjermundbu, el casco con cuernos que solían utilizar esos guerreros y después tocó el tambor que le ha mostrado sus raíces al planeta.
En este Mundial, Haaland ha hecho cientos de gestos que demuestran lo noruego que es. Uno de los más grandes, quizás, suele verse, pero pasa desapercibido, o no se entiende: en la camiseta, contrario a lo que ocurre en clubes, lleva primero escrito Braut, apellido de su madre.
Consecuencia de la política
En la cultura noruega la madre tiene un rol fundamental dentro de la sociedad. Honrarlas es importante porque son el pilar de la vida de sus hijos. Gry Marita Braut lo fue en la formación de Erling, quien espera meter a su país por primera vez en la semifinal de una Copa del Mundo este sábado, cuando enfrenten a Inglaterra (4:00 p.m. de Colombia), en el calor de Miami.
La mujer, que se dedicó al heptatlón, una disciplina del atletismo que combina siete disciplinas diferentes, fue fundamental en el desarrollo de su hijo. No solo por la crianza cercana que le dio cuando, después de que Alf-Inge Haaland, padre del jugador, se retirara y se fueran a vivir a Bryne, un pueblo agrícola del sur de Noruega.
También porque lo incentivó, amparada por la norma que impulsó en 2007 el Norges Idrettsforbund, Instituto del Deporte de Noruega (NIF, por sus siglas), en el que modificó los ocho derechos que diseñaron en 1987 buscando que los niños disfrutaran su práctica deportiva.
En ellos se estipuló que les permitieran practicar varios deportes y que, cuando tuvieran 14 años, decidieran a cuál se querían dedicar el resto de la vida. Haaland practicó balonmano, atletismo y esquí de fondo, además del fútbol.
Todos los disfrutó. Sin embargo, solo hasta que los niños cumplen 13 años empiezan a competir por medallas y puestos. Antes solo juegan para disfrutar el deporte. Haaland estuvo bajo ese sistema dos años. El 12 de marzo de 2016, con 15 años, debutó en el fútbol profesional. Ahora es el héroe de un país que, con sus particularidades, busca ser la gran sorpresa del Mundial.