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Viaje a Angkor en Camboya, el monumento religioso más grande del mundo

Por cuatro siglos, el Imperio Jemer fue la civilización más poderosa del sudeste asiático. Su capital, Angkor, llegó a tener más de un millón de habitantes. Tras su ocaso, la selva de Camboya se fue tragando la ciudad. Hoy es un famoso destino turístico.

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Hago parte del área Metro, equipo que cubre Medellín y Antioquia. Interesado en las transformaciones urbanas y la infraestructura. Siempre en búsqueda de una historia. Abogado y periodista, magíster en escrituras creativas.

hace 1 hora

Los tuk-tuk avanzan por las calles vacías de Siem Reap —ciudad del noroccidente de Camboya— rumbo a Angkor Wat, la mayor estructura religiosa jamás construida y uno de los tesoros arqueológicos más importantes del mundo. La oscuridad lo cubre todo. En la entrada del famoso templo, cientos de visitantes apuran el paso con linterna en mano para lograr un puesto en primera fila; luego esperan en silencio con sus cámaras listas y la mirada fija en el mismo punto. Pocos hablan, nadie quiere perderse el momento.

La selva despierta con sus sonidos y el amanecer llega despacio. Los primeros rayos del sol rajan la negrura del horizonte, como agrietando un pocillo. El resplandor anaranjado deja ver las cinco torres de Angkor Wat que simbolizan el centro del universo y la morada de los dioses, según la mitología hindú.

Las libélulas surcan el estanque en vuelos cortos, ajenas al gentío que sigue llegando. Alguien suelta un wow en voz baja y la algarabía se contagia en acento inglés, francés, chino, en todos los idiomas.

La ciudad milenaria acaba de renacer, como lleva doce siglos haciéndolo cada mañana.

Entre los años 800 y 1200, el Imperio Jemer dominó el sudeste asiático desde Angkor, una capital que en su momento de mayor esplendor era la ciudad más grande del mundo con un millón de personas. Mientras tanto, París no llegaba a 250.000 habitantes y las grandes ciudades europeas —Londres, Venecia, Milán, Florencia— rondaban 100.000.

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Sus 400 kilómetros cuadrados son la evidencia de una poderosa civilización: el complejo no solo tiene templos, sino diques, canales, embalses y un sinfín de caminos.

Los constructores jemeres tallaron su mundo en piedra de arenisca y laterita. La mayoría de las edificaciones de Angkor nacieron como monumentos hinduistas —dedicados a Shiva y a Vishnu— antes de que la historia los transformara en algo distinto. Angkor Wat, el más grande y famoso, lo levantó en el siglo XII el rey Suryavarman II como ofrenda a Vishnu. Sus relieves narran con precisión quirúrgica el Ramayana y el Mahabharata, las grandes epopeyas de la antigua India.

Pero, tras los saqueos del reino vecino de Champa, el rey Jayavarman VII se acogió el budismo y rehízo el mundo a su imagen: construyó una nueva capital —Angkor Thom— y readaptó los santuarios hinduistas con estatuas de Buda.

Para el siglo XIV el budismo Theravada ya era la religión oficial y los templos, sin perder su arquitectura original, cambiaron de dioses.

Rithy, el guía que nos acompaña en el amanecer en Angkor Wat y en el recorrido que luego haremos por los templos principales, dice que además del budismo, también profesan el animismo y creen en los espíritus de la naturaleza, aunque dice que al final todo se resume en los ocho caminos que el budismo propone para superar el sufrimiento:

—El camino noble es la comprensión correcta, pensamiento correcto, hablar correcto, actuar correcto, esfuerzo correcto, vivir de forma correcta, concentración correcta y meditación correcta.

Camboya y los jemeres

Apocalypto, la película de Mel Gibson sobre los mayas, comienza con una frase del historiador Will Durant que también le calza al Imperio Jemer: “Una gran civilización no es conquistada desde fuera hasta que no se ha destruido a sí misma desde adentro”.

En su apogeo, cuando Angkor era una de las capitales del mundo, los jemeres se extendían en gran parte de lo que hoy es Camboya, Tailandia, el sur de Vietnam y Laos.

El Imperio nunca fue del todo estable. A lo largo de su historia, la corte tuvo que sofocar rebeliones de nobles que buscaban independizarse y conjurar conspiraciones contra el rey, conflictos que se agudizaban con cada sucesión al trono. Esa fragilidad interna lo fue debilitando. En 1431, el reino tailandés de Ayutthaya tomó Angkor y el Imperio dejó de existir.

El nombre jemer regresó en el siglo XX convertido en otra cosa. El Partido Comunista de Camboya se autonombró Jemeres Rojos y en abril de 1975 tomó el poder. Lo que vino después fue uno de los genocidios más brutales de la historia reciente: Pol Pot y su régimen maoísta asesinaron a casi dos millones de personas —un tercio de la población— entre ellas intelectuales, monjes, minorías étnicas y cualquiera que usara gafas.

Los Jemeres Rojos lo llamaron el Año Cero: un intento de borrar la historia y empezar de nuevo. Prohibieron el dinero, la religión, la tecnología y la cultura occidental. Vaciaron las ciudades. Forzaron a toda la población a trabajar en granjas de arroz. Camboya dejó de ser un país y se convirtió en un campo de concentración a cielo abierto.

La dictadura de Pol Pot cayó en 1979 cuando el ejército de Vietnam invadió Camboya, hartó de los ataques fronterizos de los Jemeres Rojos.

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El régimen fue derrocado pero no desapareció: sus líderes siguieron operando como guerrilla durante años. En 2006, la ONU y Camboya crearon un tribunal especial para juzgar a los principales responsables de uno de los genocidios más brutales del siglo XX.

El horror de los Jemeres Rojos se retrata en el libro —que después fue película— Primero mataron a mi padre, que narra la vida de los sobrevivientes. Loung Ung, la autora del libro, escribe: “Pienso en cómo el mundo sigue siendo hermoso de alguna manera, incluso cuando no siento alegría por estar viva en él”.

La escena final de la película se grabó en Angkor.

El templo de Tomb Raider

El sol supera las cinco torres de Angkor Wat y la multitud de turistas se dispersa en el parque. Pasadas las nueve de la mañana, el termómetro ya marca más de 30 grados. Rithy nos lleva al templo de Bayon y sus 216 rostros tallados en 54 torres; al Bakong, el primer templo de montaña en arenisca; y al Banteay Srei, la joya del conjunto, un templo pequeño y preciso que la tradición atribuye a manos de mujeres. Luego caminamos por las terrazas del Rey Leproso y de los Elefantes; y conocemos el Phnom Bakheng, desde donde la primera capital jemer contemplaba su reino.

Hasta que llegamos al Ta Prohm, el templo más fotografiado después de Angkor Wat, famoso por ser el escenario de la película Tomb Raider. Enormes árboles de cecropias, higueras, ceibas y spungs estrangularon los muros; sus raíces abrieron grietas, rompieron techos, partieron paredes y ahora se abrazan y se devoran al mismo tiempo.

La imagen de Ta Prohm es la síntesis de Angkor y de Camboya misma: un pueblo que sucumbió muchas veces y ahora se sostiene entre las ruinas de su pasado milenario.