¿Estados Unidos quiere repetir con Castro lo que hizo con Maduro? Claves del caso por el que lo acusaría formalmente
Mientras Washington prepara una posible acusación formal contra Raúl Castro por el derribo de dos avionetas en 1996, el secretario de Estado, Marco Rubio, habló de ofrecer “una nueva relación” directamente al pueblo cubano y no al aparato militar de la isla.
Durante semanas, en redes sociales comenzó rondar la idea de que “algo va a pasar en Cuba”. El comentario circula entre usuarios estadounidenses meses después de la caída de Nicolás Maduro en Venezuela y la ofensiva militar de Estados Unidos sobre Irán. Ahora, con una posible acusación formal contra Raúl Castro sobre la mesa, la sensación de que Washington está escalando su presión sobre La Habana volvió a instalarse.
La pieza central del caso tuvo lugar el 24 de febrero de 1996. Se trata del derribo de dos avionetas de la organización Hermanos al Rescate. En esa operación cuatro personas murieron —tres de ellas, estadounidenses— cuando cazas MiG cubanos interceptaron las aeronaves en un episodio que Estados Unidos sostiene ocurrió en espacio aéreo internacional. Según reportes conocidos en los últimos días, fiscales estadounidenses consideran que Castro habría tenido participación en la operación cuando era ministro de Defensa.
En un video difundido este miércoles, el secretario de Estado acusó directamente a GAESA —el conglomerado empresarial controlado por las Fuerzas Armadas cubanas— de concentrar la riqueza de la isla mientras la población enfrenta hambre, escasez y cortes eléctricos. Rubio afirmó que “Trump ofrece una nueva relación entre Estados Unidos y Cuba”, pero aclaró que esa relación sería “con el pueblo cubano y no con GAESA”.
El discurso no pasó desapercibido porque combina presión judicial, presión económica y una narrativa política que recuerda lo ocurrido con Venezuela meses atrás.
En enero de 2026, Estados Unidos sorprendió al mundo con la captura de Maduro en Caracas. Desde entonces, el exmandatario venezolano enfrenta cargos por narcoterrorismo y conspiración en una corte de Nueva York. Washington convirtió ese caso en símbolo de lo que parecer ser su nueva política internacional: aislar líderes considerados hostiles y golpear directamente las estructuras de poder que los sostienen.
Ahora, la pregunta que empieza a rondar es si Cuba podría convertirse en el siguiente capítulo.
La propia narrativa de Rubio parece apuntar hacia ese camino. En su mensaje, habló de una “nueva Cuba”, prometió ayuda humanitaria distribuida fuera del control estatal y planteó un futuro donde los cubanos puedan abrir negocios, medios de comunicación y elegir a sus gobernantes. Más que un discurso diplomático, pareció una hoja de ruta política.
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Mientras tanto, desde La Habana la respuesta ha sido cerrar filas alrededor de Raúl Castro.
El presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, volvió a denunciar “toda forma de injerencia extranjera” y recibió millones de firmas simbólicas contra el embargo estadounidense. Paralelamente, medios oficialistas convocaron a celebrar el cumpleaños 95 de Castro el próximo 3 de junio, exaltándolo como figura histórica de la revolución.
Sin embargo, detrás del discurso oficial aparece una estructura de poder cada vez más observada por Washington. Estados Unidos insiste en que el verdadero centro de mando no está únicamente en Díaz-Canel, sino en las Fuerzas Armadas y en GAESA, el conglomerado económico que controla buena parte del turismo, las remesas y sectores estratégicos de la economía cubana.
La situación también ha alimentado teorías y rumores en redes sociales, donde muchos recuerdan el cuento “Algo muy grave va a suceder en este pueblo”, de Gabriel García Márquez. En el relato, un simple presentimiento termina convirtiéndose en pánico colectivo. Algo similar parece estar ocurriendo alrededor de Cuba: mensajes ambiguos, movimientos diplomáticos, discursos de presión y señales cruzadas han creado una sensación de expectativa permanente.
Por ahora, no existe ningún anuncio sobre acciones militares o una operación similar a la realizada contra Maduro. Pero la coincidencia entre la presión judicial, las sanciones, el discurso político de Washington y el debilitamiento económico de la isla ha hecho crecer la percepción de que Estados Unidos está intentando abrir una nueva etapa en Cuba.
¿Qué pasará con el caso judicial en contra de Raúl Castro?
El proceso que hoy podría terminar con una acusación formal contra Raúl Castro comenzó a tomar forma hace más de tres décadas en tribunales federales de Miami.
Según CNN, fiscales estadounidenses retomaron investigaciones abiertas tras el derribo de dos avionetas de Hermanos al Rescate en 1996, un hecho que dejó cuatro muertos y que Washington sostiene ocurrió en espacio aéreo internacional.
El caso ganó fuerza luego del procesamiento del exdictador panameño Manuel Noriega en los años noventa, cuando investigadores estadounidenses empezaron a explorar si altos mandos cubanos podían ser llevados ante la justicia federal por operaciones relacionadas con narcotráfico y ataques contra ciudadanos estadounidenses.
Con el paso de los años, el expediente sobrevivió a distintos gobiernos y cambios diplomáticos. Exfiscales como Guy Lewis elaboraron memorandos jurídicos defendiendo la posibilidad de procesar a Castro, documentos que incluso llegaron a manos de funcionarios de administraciones republicanas anteriores.
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La investigación también tomó impulso tras descubrirse la infiltración de la llamada Red Avispa, una red de espionaje cubana que operaba en Miami y que, según fiscales estadounidenses, monitoreaba los movimientos de Hermanos al Rescate antes del derribo de las aeronaves. Aunque durante el acercamiento diplomático impulsado por Barack Obama el caso volvió a enfriarse, nunca fue cerrado completamente.
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Uno de los elementos que hoy vuelve a poner el expediente en la opinión pública es un audio atribuido a Raúl Castro, difundido años atrás y rescatado nuevamente en los últimos días. En la grabación se escucha una voz que presuntamente dice: “Bueno, túmbenlos en el mar cuando se aparezcan”.
Para sectores del exilio cubano y fiscales que impulsan el caso, esa frase constituye una pieza clave para demostrar que el derribo de las avionetas no fue un accidente ni una reacción improvisada, sino una operación planeada desde las más altas esferas del poder cubano.