Medellín

Buen Comienzo estrenará ocho jardines en 2027: atenderá a más de 88.000 niños en Medellín

Con ocho nuevos jardines infantiles y alimentación garantizada los 365 días del año, Medellín fortalece Buen Comienzo, el programa insignia de la primera infancia que ahora sumará centros de lavado gratuito.

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Periodista de la Universidad de Antioquia. Hago parte del área Metro e investigo temas de ambiente, ciencia y cultura.

hace 2 horas

Derek tiene cuatro años y desde que tenía cuatro meses pasó de las aulas del Centro Infantil Buen Comienzo en San Antonio de Prado al Jardín Infantil. Le gusta hablar, correr con sus amigos, arrastrarse entre la tierra buscando frutas, sabe contar en inglés hasta veinte y también es capaz de explicar por qué es importante ahorrar agua.

Cuando llegan las 6:00 de la tarde, después de cenar y bañarse, le cuenta a su mamá con detalle todo lo que vivió ese día en el jardín. “Es una historia y otra historia”, cuenta Natalia Rivas, su madre. A pocas cuadras de su casa hay otros niños de la misma edad que nunca han pisado un jardín infantil. Natalia dice que la diferencia salta a la vista: “Se nota mucho en la motricidad, en el lenguaje, en cómo socializan”.

Detrás de esa diferencia está Buen Comienzo, una apuesta de ciudad por la niñez que hoy tiene dos frentes fundamentales: nueva infraestructura para ampliar la cobertura y programas de alimentación que ya no se detiene ni los fines de semana, ni en vacaciones, ni en ningún día del año.

Buen Comienzo fue creado en 2004 durante la alcaldía de Sergio Fajardo, como una apuesta por convertir la atención a la primera infancia en política pública de largo aliento. Hace tres años estuvo en el centro de uno de los escándalos de corrupción más recordados de la ciudad. Hoy la nueva administración exhibe el fortalecimiento de esta entidad como su bandera social más importante.

Ocho nuevos jardines

Dentro de las obras más importantes que avanzan en la ciudad están ocho nuevos jardines infantiles Buen Comienzo, con una inversión total de $189.153 millones y capacidad para 1.825 niños. Esta meta —originalmente de seis jardines en el Plan de Desarrollo 2024-2027— fue ampliada a ocho por la administración distrital.

El de Chambacú es, de los ocho, el más avanzado: alcanza ya el 94% de ejecución, con una inversión específica de $33.000 millones que, según la Alcaldía, ha generado más de 610 empleos.

La obra arrancó en marzo de 2025 y su entrega está prevista, sin variaciones frente al cronograma inicial, para noviembre de este 2026. “Son 1.800 obras que tenemos en la administración y estamos acá en uno de nuestros jardines infantiles nuevos de Buen Comienzo que ya estamos próximos a entregar. Vamos ya casi en 94% de avance de obra, vamos a tener más de 300 niños”, declaró el alcalde Gutiérrez durante su visita de revisión final.

La nueva sede tendrá 12 salas de atención, espacios diferenciados para sala cuna y gateadores, sala de expresión, comedor, servicio de alimentación, terrazas y zonas de juego.

Pero uno de los elementos que más ha llamado la atención es su Centro de Lavado Comunitario, un servicio gratuito para las personas cuidadoras inscritas —en su mayoría mujeres— que incluye lavado, secado y doblado de ropa en cerca de dos horas, con acceso a dos ciclos semanales por familia. Mientras la ropa se lava las personas cuidadoras pueden participar en actividades de bienestar, aeróbicos, yoga, formación o recibir apoyo psicológico.

Según estimaciones de la propia Alcaldía, el servicio libera cerca de 240 horas semanales de trabajo doméstico no remunerado en cada sede.

El primero de estos centros se abrió en el barrio Campo Valdés, en la comuna de Manrique, y la Alcaldía ha venido replicando el modelo en distintas comunas y corregimientos; Chambacú será el primer jardín Buen Comienzo que lo tenga integrado directamente en su infraestructura.

El segundo con mayor avance es Palmitas, en el corregimiento San Sebastián de Palmitas, que ya supera el 83% de ejecución. Este es el primero que tendrá esta zona rural del municipio. “Nunca antes habían tenido un jardín de Buen Comienzo”, señala Clara Vélez Múnera, directora de Buen Comienzo.

Tendrá capacidad para 150 niños —50 exclusivos de Buen Comienzo y 100 compartidos con educación regular, dada la baja densidad de primera infancia en la ruralidad— y estará integrado a la institución educativa del corregimiento, compartiendo una sala múltiple para la comunidad.

Emiro Valdés, gerente de la Empresa de Desarrollo Urbano (EDU), explica que la obra incluye una rampa de acceso pensada especialmente para las condiciones del terreno: “Este jardín infantil está ubicado en una zona de ladera y el acceso era bien complicado. Pensando en que son mamás, pueden ser madres gestantes o abuelitas que van a recoger a los niños, lo mejor que podíamos hacer era entregar unas condiciones de accesibilidad lo más descansadas posible”.

Se espera que el edificio esté terminado a finales de octubre o inicios de noviembre, y que el jardín entre en operación completa en enero de 2027.

El tercero es La Libertad, en Villa Hermosa (comuna 8), que supera el 66% de ejecución. Aquí la meta es terminar la obra en diciembre de este año y tener el jardín completamente dotado para recibir a sus primeros niños en enero de 2027. Tendrá capacidad para 300 niños.

La Alcaldía de Medellín también destaca que tanto Palmitas como La Libertad se financian, en parte, con recursos de Presupuesto Participativo.

El cronograma de los otros cinco

Los cinco jardines restantes avanzan en distintas etapas. El de Alfonso López, en Castilla, tiene un 22,5% de avance de obra, con una inversión de más de $14.000 millones y capacidad para 300 cupos. Su entrega está proyectada para el último trimestre de 2027, y contará con diez salas de desarrollo, sala cuna, sala para gateadores y un comedor infantil.

El de Primavera Norte, en Santa Cruz, que estará dentro del parque homónimo —otra de las grandes apuestas de espacio público de esta administración—, lleva un 17% de avance y tendrá capacidad para 300 niños.

El jardín de Popular ya está adjudicado y su obra arrancó en septiembre de este mismo año, con capacidad proyectada de 250 cupos. Y el de Santa Eufrasia, en La América —frente al Centro para la Cuarta Revolución Industrial, en la Ciudadela Universitaria— se encuentra en proceso de licitación. Según informó Valdés, al cierre de las ofertas se recibieron ocho propuestas de más de 16 empresas en distintas formas de asociación; tendrá capacidad para 200 niños.

Finalmente está el jardín Buen Comienzo Pascual Bravo, en Robledo, que se ejecutará en predios de la Institución Universitaria Pascual Bravo y en convenio con esta, con capacidad para 300 niñas y niños, enfocado principalmente en los hijos de estudiantes del Pascual Bravo, el ITM, el Colegio Mayor y otras instituciones de la zona. Según la directora Vélez, se encuentra en fase inicial de construcción, con un 22,5% de avance.

Pese a la magnitud del reto, Emiro Valdés asegura que la meta de entregar los ocho jardines va por buen camino: “La respuesta hoy, sin ningún tipo de duda, es que lo vamos a entregar todos”, afirma, aunque reconoce que cada obra tiene su propia dinámica y podrían presentarse dificultades normales de cualquier proceso constructivo. En total, la ejecución de estos ocho jardines ha generado más de 1.300 empleos hasta el momento, según cifras de la EDU.

Diseño pensado para la niñez

Más allá de las cifras de avance, los nuevos jardines comparten una filosofía de diseño particular, pensada desde cero para el cuerpo, la escala y la percepción de un niño pequeño. “Lo primero era poder determinar cuál era la oferta y hacer ese cruce con la demanda planteada. Para poder hacer el cruce de oferta y demanda se determina una capacidad de cuántos niños necesita albergar esta infraestructura”, explica Emiro Valdés.

A partir de ese cálculo —que va desde los 150 niños de Palmitas hasta los 300 de Chambacú, La Libertad, Primavera Norte y Pascual Bravo— se definen áreas lo suficientemente espaciosas para que cada jardín cuente con salas de aprendizaje diferenciadas por edad, salas cuna, zonas de juego, baños ubicados cada 20 metros lineales por cumplimiento de las especificaciones técnicas, condiciones de accesibilidad universal, salas de reunión y espacios de encuentro comunitario.

Pero la particularidad más notable, según el gerente de la EDU, es que toda la infraestructura está pensada desde la escala del niño y no del adulto. “Está pensado precisamente para que los niños tengan espacios seguros; los colores, las formas y las terminaciones también tienen mucho que ver con el público a quien se dirige esta infraestructura”, explica.

Eso se traduce en mampostería con formas redondeadas, bordes curvados y una paleta de colores pastel, elegida deliberadamente para generar espacios agradables desde lo visual, desde lo arquitectónico y desde la experiencia cotidiana de un niño de dos o tres años que pasa allí buena parte de su día.

Baños, lavamanos y mobiliario están dimensionados a la estatura infantil, y cada jardín cuenta con múltiples rutas de evacuación y ascensor donde la topografía lo exige, como en el caso de Palmitas.

Esa misma lógica de diseño incorpora, además, una mirada de largo plazo sobre el futuro demográfico de la ciudad. Sabiendo que Medellín, como buena parte de las grandes ciudades del país, enfrenta un descenso sostenido en su tasa de natalidad, los nuevos jardines fueron diseñados con salas multipropósito que no dependen exclusivamente de la población infantil para justificar su uso.

Cuando no hay actividad con niños, esos mismos espacios pueden ser aprovechados por juntas de acción comunal, juntas administradoras locales y vecinos del sector para reuniones, capacitaciones o actividades de integración social, de modo que la inversión en infraestructura tenga una vida útil que trascienda los ciclos poblacionales de cada barrio.

Se estima que la ciudad será la segunda ciudad más envejecida del país en los próximos años, con una tasa de natalidad que ha caído de 16,2 nacidos vivos por cada 1.000 habitantes a 7,6; una caída de más de la mitad.

Por esto, en términos de infraestructura, piensan la funcionalidad de estos espacios a largo plazo.

Siga leyendo: Buen Comienzo amplía su cobertura en Medellín y entregará paquetes alimenticios durante Semana Santa

Alimento los 365 días del año

La otra cara de la potencia de Buen Comienzo, además de su gran despliegue, es la atención integral. Según explica Clara Vélez, quien antes de ser directora de la Unidad Buen Comienzo estuvo en la Secretaría de Inclusión Social y Familia como subsecretaria de Grupos Poblacionales, cuando la actual administración llegó a la Alcaldía, se encontró con una preocupación urgente: índices altos de desnutrición aguda infantil y un programa de atención que, aunque cubría a los niños entre semana en los jardines, dejaba un vacío los fines de semana y durante los recesos escolares.

Según reportó la Alcaldía, los niños y niñas de Buen Comienzo tenían acceso a la alimentación durante 210 de los 365 días del año, mientras cumplían su jornada escolar.

De ahí nació Buen Comienzo 365, la estrategia que hoy le da nombre a todo el programa. “El hambre no sale a vacaciones y por eso aumentamos la cobertura”, resumió el propio alcalde Gutiérrez, quien anunció que la meta de cobertura total —originalmente planteada para 2027— ya se estaba cumpliendo con antelación.

En los jardines, los niños reciben entre el 70% y el 80% de su alimentación diaria. Antes de 365, ese acompañamiento se cortaba los viernes y no volvía a activarse hasta el lunes siguiente.

Hoy, cada viernes las familias reciben un refuerzo alimentario para cubrir el fin de semana, y en los recesos —como el de Semana Santa o el de diciembre— se entregan paquetes alimentarios y pedagógicos para que ningún niño se quede sin comer mientras las sedes permanecen cerradas.

Solo en el receso de diciembre de 2025 a enero de 2026, la Alcaldía invirtió $6.000 millones en esta estrategia, y durante 2025 se entregaron más de 300.000 raciones adicionales en el marco de Buen Comienzo 365.

La meta anual del programa es llegar a 88.000 niñas y niños, además de 12.519 mujeres gestantes y lactantes, con atención integral. Vélez afirma que, con corte a agosto de este año, la cobertura ya alcanza a casi 67.000 niños, un número que sigue subiendo mes a mes.

Según datos de Medellín Cómo Vamos, en Medellín hay cerca de 180.000 niñas y niños menores de 5 años, el rango de edad que atiende Buen Comienzo. Entonces, según las cifras de Vélez, este programa estaría cerca de atender a la mitad de la población total de la ciudad.

Según cifras de la Alcaldía, durante 2025 se entregaron en total más de 228.000 paquetes alimentarios a familias de escasos recursos de la ciudad.

El respaldo presupuestal de esta ampliación también creció de forma sustancial. Según declaró Gutiérrez, el presupuesto de Buen Comienzo pasó de $869.000 millones a $1,6 billones en los primeros años de esta administración. “Este es el programa más bonito que puede tener una sociedad”, afirmó el mandatario en esa ocasión.

“Buen Comienzo llega también en la gestación. Las madres gestantes y lactantes reciben alimentación de calidad que va a garantizar que la nutrición de sus bebés y de ellas esté bien”, explica la directora.

En el caso de Derek, ese acompañamiento tomó una forma muy concreta. El niño está matriculado en un programa especial dentro de Buen Comienzo 365, diseñado para niños con bajo peso o baja talla para su edad. “Él es de contextura delgada, entonces siempre ha estado con el peso y la talla no adecuados para la edad”, cuenta Natalia.

Durante un tiempo recibió un refuerzo alimentario, incluida la bienestarina que le encanta. En un punto, su peso mejoró y salió del programa especial. Pero al poco tiempo volvió a alargarse y su peso, según su tamaño, hizo que volviera a ingresar. “Los show que ese niño hacía porque él quería su leche, que por favor, que dónde estaban sus frutas”, recuerda Natalia entre risas. Hoy Derek está feliz otra vez, de nuevo dentro del programa.

El “milagro” de cero hambre

Esa clase de seguimiento individual, multiplicado por miles de niños en toda la ciudad, es parte de lo que explica un dato que la propia Alcaldía describe como un “milagro”: en los últimos dos años Medellín no ha registrado ni un solo niño muerto por desnutrición aguda. La tasa de desnutrición aguda infantil pasó de 1,1% en 2023 a 0,4% en 2025, mientras que en 2022 y 2023 fallecieron cinco niños por esta causa, y desde 2024 esa cifra es cero.

Una de las estrategias que más ha contribuido a ese resultado es “Nutrir para Sanar, Sanar para Crecer”, que durante el último año atendió a más de 18.000 niñas y niños con diagnóstico o riesgo de desnutrición, además de mujeres gestantes y lactantes con bajo peso.

A eso se suma la Alianza Medellín Cero Hambre, que junto al sector productivo y a 200 “madrinas” que recorren los barrios entregando bonos alimentarios, ha permitido que 6.000 personas salgan de la inseguridad alimentaria en dos años.

Los datos departamentales confirman una tendencia similar, aunque con más matices. Según el más reciente informe de Antioquia Cómo Vamos, las muertes por desnutrición infantil en todo el departamento venían en aumento sostenido desde la pandemia —de 7 casos en 2020 a 17 en 2023—, pero en 2024 la cifra bajó a 14, y al noveno mes de 2025 se habían registrado solo 3 casos, una tendencia que las autoridades esperan mantener.

El Plan Centinela, implementado desde mediados de 2024, ha mejorado la vigilancia y detección temprana de los casos, logrando que el 80% de los niños identificados en riesgo se recuperen. Aun así, persiste una alerta: el porcentaje de nacidos vivos con bajo peso al nacer sigue en aumento, con 5.895 casos registrados en 2024.

“Se nota mucho la diferencia”

Para Natalia Rivas, el valor de todo este despliegue de infraestructura y de alimentación constante se resume en algo mucho más simple: lo que ve todos los días en su propio hijo, y en la comparación con otros niños de su cuadra que no asisten al jardín. “Por acá, por donde yo vivo, hay tres niños que no asisten al jardín. Tienen un añito y medio, dos años, y se nota la diferencia en el aprendizaje, en la motricidad, en el lenguaje”, cuenta.

Pone un ejemplo concreto: una vecina, una niña de dos años que va al jardín desde antes del año, ya dejó el pañal, come sola y habla “como una cotorra” con una claridad sorprendente, según dice Natalia.

En contraste, otro niño de la misma edad que no asiste a ningún jardín todavía usa pañal, toma tetero, necesita que le den la comida y evita socializar con otros niños: “Él quiere estar siempre cargado encima de la mamá”.

Los que sí van al jardín, dice, “quieren estar en el piso, jugar con tierra, corren, hablan, juegan, se ríen”. Derek fue de los que lloró los primeros dos días de jardín, cuando tenía apenas cuatro meses. Hoy es, según su madre, “el alumno líder” de su sala.

“Para mí no hay un lugar más bueno que el jardín para un niño”, resume Natalia, quien reconoce que, como madre primeriza, sintió miedo al principio. “Pero ya como a la semanita que uno los ve que ellos están felices, que disfrutan llegar al jardín, uno cambia.

Recuperar la confianza

Buen Comienzo fue la primera institución cuyo nombre quedó manchado por escándalos de presunta corrupción durante la administración anterior de Daniel Quintero. “Recuerden que esto fue parte de lo que se robaron los que se robaron a Medellín, a Buen Comienzo fue al primero que le empezaron a hacer daño”, afirmó el mandatario Federico Gutiérrez, durante su visita al jardín de Chambacú, recordando este contexto.

Ese escándalo devino en un proceso judicial contra la exsecretaria de Educación de esa administración, Alexandra Agudelo —señalada de irregularidades y sobrecostos en la contratación del programa—, que se abrió a comienzos de 2023.

Agudelo recibió inicialmente una medida de casa por cárcel, y se estima que el detrimento patrimonial generado por los contratos irregulares durante ese periodo habría superado los $1.300 millones en recursos públicos.

El pasado 9 de octubre de 2025, un juez de Medellín avaló los términos de la acusación formal en su contra, dando paso a la siguiente etapa del proceso: la audiencia preparatoria, prevista para mayo de 2026, y posteriormente el inicio del juicio oral, que se espera concluya hacia finales de este año.

En el mismo proceso también están vinculados la exdirectora técnica del programa, Lina María Zapata Gil, y el representante legal de la firma Corporación Colombia Avanza, Henry Paulison Gómez Montoya, señalados de contrato sin cumplimiento de requisitos legales, peculado por apropiación e interés indebido en la celebración de contratos, a través de al menos dos contratos que sumaban miles de millones de pesos en la modalidad familiar de atención y en la entrega de paquetes alimentarios a escolares.

Emiro Valdés, gerente de la EDU, recuerda que antes de esta administración no solo la ciudadanía desconfiaba de estos espacios, sino incluso otras entidades públicas y privadas.

“Venimos de cuatro años anteriores muy complejos en términos de institucionalidad, de gobernanza, de inversión pública. Uno de los propósitos al llegar a esta administración fue no solamente recuperar la confianza ciudadana en lo público, sino también recuperar programas que han sido insignias en el desarrollo de nuestra ciudad”, explica.

Según él, esa recuperación de confianza —con procesos de contratación abiertos y transparentes— ha sido determinante para que el sector privado y constructor vuelva a involucrarse en los proyectos de ciudad. “Hoy tenemos un sector privado que se ha volcado, está trabajando de la mano con nosotros para que estos sueños de ciudad puedan ser realidad”.

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“El reto es que Buen Comienzo siga siendo referente público”

Clara Vélez asumió la dirección de la Unidad de Buen Comienzo hace apenas tres semanas.

Vélez llega a reemplazar a Diana María Carmona Henao, quien había sido la encargada de recibir el programa en diciembre de 2023, cuando el entonces alcalde electo Federico Gutiérrez la presentó con la misión explícita de “recuperarlo después del descuido y la corrupción que se lo tomaron”.

Carmona dejó la dirección de Buen Comienzo para asumir un nuevo cargo dentro del mismo gabinete distrital: la Secretaría de Inclusión Social y Familia. “Asumo un nuevo reto como secretaria de Inclusión Social y Familias de Medellín, con la misma convicción de seguir trabajando por una ciudad que cuida, incluye y transforma vidas”, afirmó al momento de su nombramiento.

Por su lado, Vélez es profesional en odontología y tiene más de 25 años de experiencia en liderazgo y dirección de equipos.

Ha tenido experiencia en la formulación, implementación y seguimiento de programas sociales dirigidos a niños, niñas y adolescentes; mujeres, jóvenes y personas mayores.

Ha desempeñado cargos como coordinadora del área de odontología en Coomeva EPS y luego pasó a desempeñar diversos cargos como contratista en la Alcaldía de Medellín y la Alcaldía de Envigado. Desde 2024, fue la subsecretaria de Grupo Poblacional de la Secretaría de Inclusión Social y Familia.

Afirma que, después de que el programa recorriera un camino de recuperación tras el escándalo de corrupción que lo golpeó durante la administración anterior, su tarea no es reinventar el programa, sino sostener y profundizar el trabajo ya construido.

“Llego con estos estándares ya tan altos porque los programas de Buen Comienzo han tenido un rumbo muy significativo y unos estándares de calidad que han ido aumentando año tras año. Mi tarea ahora es continuar velando porque este trabajo se siga realizando”, afirma, destacando el reconocimiento del programa como modelo nacional.

Entre sus prioridades está mantener la articulación con Tejiendo Hogares, el programa de la primera dama, Margarita María Gómez Marín, que trabaja con las familias de cada jardín en estrategias de crianza con amor y fortalecimiento de vínculos afectivos, y sostener espacios como el Festival y el Congreso Buen Comienzo, que este año buscará traer ponentes nacionales de peso. “La meta es que cuando entreguemos la Alcaldía el año entrante, en 2027, este referente que tiene hoy Buen Comienzo siga brillando”, dice.

El Buen Comienzo de la ciudad

La importancia de Buen Comienzo también ha sido documentada por investigadores externos a la administración. Un estudio del Banco de la República, firmado por los economistas Lina Cardona y Leonardo Morales, encontró que la modalidad institucional del programa —que atiende gratis ocho horas diarias y cinco días a la semana a niños menores de cinco años— incrementó entre tres y nueve puntos porcentuales (entre 10% y 27%) la probabilidad de que las madres con hijos pequeños participaran en el mercado laboral.

Para las madres que viven cerca de un centro de cuidado, el efecto es todavía mayor: 31 puntos porcentuales, lo que equivale a duplicar su probabilidad de conseguir trabajo.

El propio alcalde previamente citó una evaluación de impacto realizada en 2019 por el Banco de la República y la Universidad de Antioquia, según la cual los niños que hacen parte de Buen Comienzo tienen menores probabilidades de desertar del colegio, de ser capturados por delincuencia juvenil o de tener un embarazo adolescente, y menor riesgo de desnutrición.

“Buen Comienzo hace parte del gran sistema de cuidado que necesita Medellín para dar mayor tranquilidad y autonomía económica a las mujeres”, señaló entonces el mandatario sobre el programa.

El economista James Heckman, premio Nobel de Economía en el año 2000, ha sostenido en distintas investigaciones que cada dólar invertido en programas de calidad para la primera infancia genera un retorno social de entre 7 y 13 dólares a lo largo de la vida de un niño, gracias a la reducción de costos futuros en salud, educación especial, asistencia social y sistema judicial.

Es, según ha explicado, la etapa de la vida en la que invertir en el desarrollo humano rinde más frutos, porque es cuando se forman las habilidades cognitivas y socioemocionales que determinan buena parte de las trayectorias futuras de una persona.

Bajo esa misma lógica, programas como Buen Comienzo no se sostienen solo como política social, sino como una apuesta de rentabilidad económica y social a largo plazo para toda la ciudad.

Ese es el fundamento de este programa para la ciudad: no se trata solo de alimentar y cuidar niños durante cinco años de sus vidas, sino de construir, desde la primera infancia, una ciudad con menos deserción escolar, menos violencia juvenil, más autonomía económica para las mujeres y, en últimas, mejores adultos para el futuro de Medellín. En últimas, por eso mismo se llama Buen Comienzo.

Todos estos estudios e informes evidencian que este programa, que ha atravesado más de dos décadas y distintas administraciones, no depende de la voluntad de un alcalde en particular, sino de la continuidad de una política pública sostenida en el tiempo.

Lo que viene

Con tres jardines a punto de abrir sus puertas —el primero de ellos, Chambacú, ya en menos de dos meses—, cinco más en distintas fases de ejecución, y un programa de alimentación que ya logra cubrir los 365 días del año para decenas de miles de niños, Buen Comienzo se juega en los próximos meses buena parte de su legado y su crecimiento en esta administración, que ha empujado con especial ahínco este programa.

La meta declarada por sus responsables es doble: por un lado, planean cerrar el cuatrienio con los ocho jardines entregados y funcionando con niños y niñas en sus aulas, y sostener la cifra que hoy enorgullece a la ciudad: cero niños muertos por desnutrición aguda.

Pero detrás de esa meta institucional también palpita la posibilidad de que un programa que estuvo señalado como sinónimo de corrupción, en cambio, termine siendo recordado como el que devolvió la confianza de miles de familias en lo público, y el que ayudó a fortalecer las semillas de ciudad que hoy son todos los niños y niñas.

Esa transformación va más allá de la inauguración de edificios bonitos y modernos o de las montañas de informes de gestión con indicadores positivos.

Depende también de sostener, año tras año, el gesto cotidiano que vive Natalia Rivas cada tarde con su niño Derek: llevar a su “campeón” al jardín y verlo correr emocionado hacia sus otros compañeritos, recogerlo después y caminar a casa mientras él narra todas las aventuras de juegos que vivió, y en la noche, antes de dormir, que no se aguante más por contar los detalles y vuelva a narrar su día, desparramando el mundo de imaginaciones y curiosidades que vive día a día en sus procesos de aprendizaje temprano.

La continuidad de esa cotidianidad, para miles de niños y niñas de Medellín, es lo que puede marcar una diferencia y aportar a la transformación que hace décadas vive la ciudad.

Lea más: ¿Cómo inscribir a un niño en Buen Comienzo en Medellín?

Bloque de preguntas y respuestas

¿Cuáles son las metas principales de la expansión de Buen Comienzo en Medellín?
El programa avanza en la construcción de ocho nuevos jardines infantiles con una inversión de 189.153 millones de pesos y en la consolidación de Buen Comienzo 365, estrategia que asegura alimentación continua a 88.000 niños y más de 12.500 mujeres gestantes o lactantes durante fines de semana y períodos de receso escolar.
¿Cuándo se entregará el primer nuevo jardín infantil y dónde está ubicado?
El primer espacio en ser entregado será el Jardín Infantil Chambacú, ubicado en el corregimiento San Cristóbal. Registra un avance de obra del 94 % y representó una inversión de 33.000 millones de pesos para beneficiar a más de 300 niños.
¿Cuáles son los resultados de Medellín en la reducción de desnutrición aguda infantil?
Medellín suma dos años consecutivos sin registros de muertes infantiles por desnutrición aguda. Adicionalmente, la tasa de prevalencia de desnutrición aguda infantil disminuyó del 1,1 % registrado en 2023 al 0,4 % en 2025.
¿Quiénes lideran actualmente la Unidad Buen Comienzo y la Secretaría de Inclusión Social?
La Unidad Buen Comienzo está dirigida por Clara Vélez Múnera, quien asumió la dirección tras el nombramiento de Diana María Carmona Henao al frente de la Secretaría de Inclusión Social y Familia del Distrito.