Medellín

Islas de calor en Medellín duplican el riesgo de infartos: ¿qué son y dónde están?

En las zonas con más calor de Medellín, expertos advierten que se pueden disparar las enfermedades. ¿Quiénes están en mayor riesgo?

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Periodista de la Universidad de Antioquia. Hago parte del área Metro e investigo temas de ambiente, ciencia y cultura.

hace 33 minutos

El calor no solo es una cuestión de clima. También es una cuestión de salud y de desigualdad. En Medellín, algunos barrios pueden registrar varios grados más que otros debido a las llamadas islas de calor urbanas, un fenómeno que aumenta los riesgos de enfermedades y golpea con mayor fuerza a las poblaciones vulnerables.

Según advierten expertos, el fenómeno podría duplicar el riesgo de infartos en pacientes con hipertensión, disparar la propagación de enfermedades como el dengue y chikunguña y otro tipo de complicaciones médicas.

Mientras los termómetros de Medellín han marcado récords por encima de los 33 °C desde mayo, la ciudad acumula también otra distinción climática: es una de las urbes más expuestas al riesgo por olas de calor, según un estudio de la Universidad de Oxford. En Colombia, solo Barranquilla, Cali y Bogotá presentan una mayor exposición. A nivel global, se tiene establecido un aumento de entre 1,5 y 3 grados centígrados en los próximos 20 o 30 años, según Juan David Berrio, director de Salud Ambiental y Factores de Riesgo de la Secretaría Seccional de Salud de Antioquia. En Medellín, se proyecta que desde 2040, la ciudad experimentará hasta 150 días al año con temperaturas superiores a 29 °C.

Pero el clima no es solo una cuestión de datos. También es una pregunta de justicia: ¿quién lo padece más?

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El planeta se calienta

Para entender lo que ocurre en Medellín, hay que empezar desde arriba: desde la atmósfera. El planeta está pasando por un cambio climático, una alteración en los patrones climáticos globales. En gran parte esto se explica por el efecto invernadero, un proceso por el cual ciertos gases —dióxido de carbono, metano, vapor de agua— atrapan el calor del sol en la atmósfera terrestre en lugar de dejarlo escapar al espacio. Sin ese efecto natural, la Tierra sería inhabitable. El problema es que las actividades humanas —la quema de combustibles fósiles, la deforestación, la industria— han disparado la concentración de esos gases, intensificando el efecto y elevando las temperaturas globales.

Ahora, hay condiciones que acentúan más ese aumento, como el fenómeno de El Niño, un fenómeno climático cíclico que ocurre cuando las temperaturas superficiales del océano Pacífico ecuatorial se calientan más de lo normal, alterando los patrones de lluvias y temperaturas en gran parte del planeta. En Colombia, El Niño se traduce en la disminución de lluvias, mayor radiación solar y temperaturas más altas de lo habitual. Ambos fenómenos se potencian mutuamente, creando temporadas de calor cada vez más intensas, como las que se viven en este momento en todo el Valle de Aburrá. Aunque el calor es un fenómeno global, sus efectos no lo son.

¿Qué es una isla de calor?

Una isla de calor urbana es una zona donde la temperatura es significativamente más alta que en los entornos naturales cercanos. Ocurre porque la vegetación es reemplazada por asfalto, concreto, acero y vidrio, materiales que absorben y retienen el calor. A esto se suma la densidad de edificios, que dificulta la circulación del viento, y el calor generado por vehículos, industrias y sistemas de aire acondicionado.

En términos sencillos: mientras una zona arbolada puede estar a 22 °C, un barrio densamente construido y con poca vegetación puede superar los 28 °C al mismo tiempo y dentro de la misma ciudad.

La densidad poblacional también juega un papel crucial: los puntos de mayor densidad poblacional se alinean con las ubicaciones que experimentan las temperaturas más elevadas. Según el Banco Mundial, más del 50% de la población mundial vive en ciudades, y se prevé que ese porcentaje supere el 70% para 2050. En el caso de las ciudades sudamericanas, están creciendo a una tasa de 20 metros cuadrados por minuto y concentran el 85% de la población total. Si ese crecimiento no se planea hacia ciudades sostenibles, el riesgo aumenta. En Medellín y gran parte del Valle de Aburrá, el crecimiento ha sido desordenado y guiado meramente por la necesidad de vivienda de poblaciones desplazadas, por la violencia o por las precarias condiciones de vida de la ruralidad colombiana.

El experto forestal Cecil Konijnendijk propuso la regla 3-30-300 para el urbanismo: una persona debería poder ver al menos tres árboles desde su vivienda, vivir en un barrio con 30 % de cobertura vegetal y tener una zona verde a menos de 300 metros de su hogar. Medellín está lejos de ese estándar: cuenta con apenas 5 m² de espacio público verde por habitante, mientras la Organización Mundial de la Salud recomienda al menos 10 m².

Un riesgo para la salud

Las islas de calor no son solo una incomodidad. Son un riesgo real para la salud, aunque —como aclara Diana María Agudelo, coordinadora del componente de seguimiento, monitoreo y evaluación del Plan de Adaptación al Cambio Climático desde la Salud Ambiental para Antioquia (Paccsa)— los científicos todavía están estableciendo la causalidad exacta entre temperatura y enfermedad en cada zona específica. Lo que sí está documentado es un conjunto de relaciones. Por ejemplo, las altas temperaturas favorecen la proliferación de mosquitos transmisores de enfermedades como el dengue o el chikunguña.

El calor extremo también tiene efectos directos sobre el organismo. Una deshidratación de nivel leve a moderado combinada con altas temperaturas puede causar confusión o pérdida de conciencia. Si no se toman medidas de enfriamiento, la temperatura corporal sigue subiendo e impacta el sistema nervioso central, el circulatorio y los riñones, lo que puede derivar en un golpe de calor: una urgencia médica potencialmente mortal.

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Las personas con hipertensión tienen mayor riesgo de fallecer en días calurosos. El riesgo de morir por infarto se duplica en condiciones de calor extremo y los casos de paro cardíaco también aumentan. Los días extremadamente calurosos incrementan las hospitalizaciones por enfermedades cardiovasculares en un 74%.También el sueño se ve afectado: al impedir el descanso, aumentan la morbilidad y mortalidad hasta un 20% en poblaciones vulnerables.

Según un estudio europeo reciente, entre el 30 de mayo y el 4 de septiembre de 2022 murieron en Europa 61.672 personas por enfermedades relacionadas con el calor. Otro estudio, basado en datos de 93 ciudades europeas, estima que hasta un tercio de esas muertes podrían evitarse si el 30% del espacio urbano estuviera cubierto por árboles.

También se ha documentado que los días calurosos y soleados empeoran la calidad del aire, ya que la luz solar reacciona con los contaminantes y forma una capa de ozono a nivel del suelo, desencadenante fundamental de enfermedades respiratorias como el asma, que es más frecuente en grupos de bajos ingresos, en parte debido a factores ambientales.

Quiénes lo padecen más

El calor extremo no afecta a todos por igual. Quienes más lo padecen suelen ser quienes ya enfrentan otras condiciones de vulnerabilidad: recién nacidos, niños, mujeres embarazadas, adultos mayores, personas con enfermedades crónicas o discapacidad y quienes trabajan largas jornadas a la intemperie, como obreros de la construcción o vendedores informales.

A ellos se suman quienes viven en asentamientos informales o viviendas construidas con materiales precarios, donde el calor se acumula y no existen mecanismos para mitigarlo.

En Medellín, análisis oficiales han señalado sectores como Francisco Antonio Zea, Alfonso López, Toscana, Robledo y Castilla como zonas de riesgo alto. El análisis muestra un mapa de desigualdad: las áreas más calientes son barrios más densamente construidos y con menor cobertura vegetal, y también suelen ser los de menores ingresos.

Actualmente el Paccsa desarrolla un estudio para consolidar el mapa completo de islas de calor en Antioquia. Por ahora, el centro de Medellín y la zona industrializada del sur del Valle de Aburrá aparecen entre los principales focos identificados.

La importancia del Paccsa

El Paccsa es una propuesta única en el país. La estrategia contempla fortalecer la capacidad institucional para enfrentar el cambio climático.

Actualmente avanzan en el desarrollo de una herramienta geoespacial que permitirá monitorear anomalías de temperatura e identificar islas de calor en tiempo real. “La idea es que esta herramienta sirva como mecanismo de toma de decisiones contextual, que tenga en consideración las particularidades de cada subregión”, explica Agudelo, quien anticipa que la aplicación podría estar disponible antes de finalizar este año.

Sin embargo, los cambios estructurales —la expansión de infraestructura verde, la reforestación urbana y el rediseño de espacios públicos — requieren inversiones de largo plazo. Medellín ha avanzado con iniciativas como los Corredores Verdes, pero mantiene un déficit importante de espacio público verde frente a las recomendaciones internacionales.

Mientras tanto, las autoridades recomiendan reducir la exposición al sol en las horas más calientes del día, mantenerse hidratado y estar atentos a síntomas como mareo, agotamiento extremo o confusión. “El cuidado empieza por nosotros”, resume Agudelo.

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