¿El batolito antioqueño nos salvó? La verdad de por qué Medellín no sufrió la peor parte del terremoto
El sismo del lunes, uno de los más fuertes que se ha registrado Colombia en la última década, dejó decenas de muertos y miles de viviendas afectadas en el Eje Cafetero, Chocó y el Valle del Cauca. En Antioquia, pese a la sacudida, el saldo fue considerablemente menor. Expertos explican las razones.
Periodista de la Universidad de Antioquia. Hago parte del área Metro e investigo temas de ambiente, ciencia y cultura.
A las 7:34 de la mañana de este lunes 10 de agosto, miles de personas en el país se despertaron con el cristo en la boca por cuenta de un fuerte terremoto de magnitud 7,4, que sacudió el occidente y el centro de Colombia. Según el Servicio Geológico Colombiano (SGC), el epicentro se ubicó en el municipio de San José del Palmar, Chocó.
Se trató de un sismo de profundidad intermedia —los reportes preliminares oscilaron entre 82 y 96 kilómetros—, con un mecanismo inverso y transcurrente, producto de la subducción de la placa de Nazca bajo la placa Suramericana.
Dicha subducción es el proceso geológico mediante el que la gran placa oceánica de Nazca viaja hacia el este como un movimiento natural causado por el calor interno de la Tierra.
En este movimiento, se choca contra la placa continental Sudamericana y, al ser más pesada, su movimiento es de subducción, es decir, se hunde la Nazca por debajo de la Sudamericana, entre 7 a 8 centímetros por año.
El problema es que en este proceso se generan fricciones en los que las rocas se traban y se acumula una enorme presión. Cuando esta presión supera las fuerzas de las rocas, se rompen y la energía liberada por ese golpe es la que llega a las superficies convertidas en temblores o terremotos.
Se trató, coinciden los expertos consultados, de un evento tectónico natural y esperable para la región.
El SGC calificó el evento como uno de los de mayor magnitud registrados en el país en la última década, comparable en fuerza al terremoto de 1999 que devastó Armenia, en el que murieron 1.185 personas, más de 900 de ellas de la ciudad de Armenia.
A las pocas horas ya se han contabilizado más de 18 réplicas en la misma zona tectónica, con magnitudes entre 1,4 y 4,8, y las autoridades advirtieron que podrían presentarse decenas, cientos o incluso miles más en los próximos días, semanas y meses.
El balance de afectaciones
El balance nacional, presentado durante una reunión extraordinaria del Comité Nacional para el Manejo de Desastres, registró de manera preliminar 132 personas fallecidas.
El Gobierno Nacional decretó formalmente el Estado de Desastre Nacional. Las zonas más golpeadas fueron el Eje Cafetero y el occidente del país.
En Antioquia, el balance de las autoridades del este martes indicaba un hombre muerto, 12 heridos y daños en 857 viviendas, 250 instituciones educativas, 29 iglesias y 20 centros hospitalarios, en al menos 80 municipios.
La única víctima mortal reportada en el departamento fue un hombre de 73 años que murió en Támesis, Suroeste antioqueño, por el desprendimiento de una roca.
El gobernador Andrés Julián Rendón instaló un PMU departamental para hacer seguimiento a la situación, mientras el alcalde de Medellín, Federico Gutiérrez, señaló que no había reportes de víctimas mortales ni colapsos completos en la capital antioqueña, aunque sí daños en infraestructuras públicas y privadas que estaban siendo verificados.
El susto fue real —en el Centro Administrativo La Alpujarra, cientos de funcionarios salieron a la plazoleta mientras duraba el movimiento telúrico— pero, comparado con lo ocurrido en el Eje Cafetero, Chocó y el Valle del Cauca, el saldo en Antioquia fue considerablemente menor. La pregunta que surgió casi de inmediato en redes sociales fue por qué.
¿Por qué a Antioquia no la afectó tanto?
La divulgadora de ingeniería sísmica Gina Villalobos (@GinaTerremoto) fue una de las voces que intentó responder esa pregunta.
Según explicó, la energía liberada por un sismo se va atenuando en su recorrido por calor y fricción, de manera que mientras más lejos se está del origen, más atenuadas llegan las ondas. A esto se suma que algunos tipos de suelo tienen el potencial de amplificar las ondas sísmicas hasta diez veces, mientras que otros no.
En la misma línea, el ingeniero civil John Jairo Blandón Valencia, docente de la Universidad Nacional, le explicó a EL COLOMBIANO que Medellín está catalogada en una zona de amenaza sísmica media.
Esto a diferencia de otras regiones del país que están en zonas de amenaza alta, como la costa Pacífica (Chocó, Valle del Cauca, Nariño, entre otros), el Eje Cafetero y el occidente del país, de acuerdo con los estudios geofísicos y el análisis histórico de los sismos en Colombia. “En ese sentido, estamos menos propensos a esas afectaciones tan graves”, señaló.
En los estudios que menciona Blandón, realizaron perforaciones y sondeos de los terrenos para medir su plasticidad, humedad, resistencia y densidad.
La placa Nazca y la Sudamericana se encuentran en toda la línea del pacífico sudamericano. Toda la región Pacífico del país está catalogada en amenaza alta.
Pero también está el sistema de fallas del romeral, es una gran fractura geológica activa que va desde Nariño hasta el Caribe, atravesando a Pasto, Popayán, Cali, Armenia, Pereira, Manizales, Medellín y Sincelejo.
Sin embargo, Blandón fue enfático en que la menor afectación no depende de un solo factor, sino de una combinación: la distancia y trayectoria del sismo —es decir, el lugar y el tipo de falla que lo provocó—, la geología y el llamado “efecto de sitio” (las características del suelo), la topografía, que puede atenuar o amplificar las ondas, y la vulnerabilidad de las construcciones según su tipo y antigüedad.
Para entender las distancias, Pereira, una de las ciudades más afectadas, está a cerca de 50 kilómetros en línea recta del epicentro. Mientras tanto, Medellín está más de 260.
Condiciones geológicas particulares de Antioquia
Uno de los mitos que resurgió en redes sociales tras el sismo fue el del batolito antioqueño como una especie de escudo natural que protegería a Medellín de los terremotos.
Villalobos se encargó de desmentirlo: el batolito es una estructura geológica inmensa, un cuerpo de roca ígnea de más de 100 kilómetros cuadrados que está bajo Antioquia, pero las ondas sísmicas le pasan por encima “como un fantasma atravesando paredes”: no las atenúa de manera significativa, pero tampoco las amplifica.
“Esto de que el batolito defiende a Medellín de los sismos es un mito paisa muy romántico, pero no es verdad”, afirmó.
Lo que sí es cierto, advirtió, es que existen suelos en Medellín con el potencial de amplificar considerablemente las ondas sísmicas, lo que representa un riesgo que la ciudad no puede pasar por alto.
Blandón coincidió en que las montañas y el tipo de suelo de la región “ayudan en algo”, pero insistió en que ese factor no puede analizarse de forma aislada, sino en conjunto con la distancia al epicentro, la geología local y la vulnerabilidad de las edificaciones.
Colombia, recordó Villalobos, es un país de alta actividad sísmica, sobre todo en su zona occidental, por la subducción de la placa de Nazca bajo la Suramericana —el tipo de proceso que más sismos genera a nivel mundial—. A esto se suman fallas internas como Romeral, Murindó, Bucaramanga y Cauca.
Recordó que el hecho de que en un país tiemble con menos frecuencia que en otros no significa que esté a salvo de sismos mayores: en 1906 un terremoto de magnitud aproximada de 8,8 devastó la frontera con Ecuador y generó un tsunami de grandes proporciones.
Edificios antiguos son los más afectados
Si hay un factor en el que todos los expertos consultados coinciden, es que la antigüedad de las construcciones —más que la intensidad del sismo en sí— explica buena parte de los daños observados, tanto en Antioquia como en el resto del país.
El ingeniero Juan Carlos Obando, docente de la Universidad de Antioquia, explicó que las edificaciones más vulnerables son las construidas antes de 1983 y aquellas que no contaron con la participación de un ingeniero calculista o estructural.
Según Obando, esto se hizo evidente en el Eje Cafetero, cuando las construcciones levantadas bajo la norma vigente tuvieron un comportamiento distinto al de las edificaciones más antiguas.
Blandón fue igual de directo al respecto: los daños vistos en iglesias, viviendas antiguas, coliseos y estaciones de Policía tienen más relación con la edad de las construcciones —diseñadas con códigos anteriores a 1984— que con la intensidad del sismo.
“Las construcciones más recientes deberían comportarse bien”, afirmó, aunque advirtió que Antioquia tiene un problema estructural de fondo: mucha vivienda de autoconstrucción, sobre todo en las laderas del Valle de Aburrá, que no cumple la norma y que es propensa a sufrir daños graves si no está bien construida.
“El sismo para el que se prepara Medellín puede ser el doble o triple de lo que pasó hoy”, advirtió Blandón, para poner en contexto la magnitud del riesgo que aún enfrenta la ciudad: de acuerdo con la Norma Sismo Resistente NSR-10, el sismo de diseño contempla una aceleración del 15% de la gravedad, mientras que lo registrado este lunes en algunos acelerómetros fue del orden del 5%.
En una nota publicada meses atrás por El Colombiano, el profesor Ricardo León Bonnet Díaz, de la Universidad de Medellín y cocreador del Modelo Nacional de Riesgo Sísmico, ya había advertido sobre esta vulnerabilidad.
Según explicó entonces, buena parte de lo que se autoconstruye en las grandes ciudades se hace con los recursos disponibles, economizando en cemento y calidad de materiales, sin control técnico, sin planos estructurales ni revisor estructural.
“Ese riesgo es mayor en las zonas periféricas donde han poblado personas desplazadas por la violencia, de bajos recursos económicos, que habitan donde pueden y como pueden”, señaló Bonnet.
En últimas, de nuevo quienes más terminan afectados por los desastres de este tipo suelen ser las poblaciones más vulnerables.
La reglamentación sismorresistente: un antes y un después
La norma que hoy rige el diseño y la construcción de edificaciones en Colombia, la NSR-10, tiene su origen en la CCCSR-84, expedida en 1984 como respuesta directa al terremoto que devastó Popayán el 31 de marzo de 1983. Antes de esa fecha, no existía en el país una norma oficial de sismorresistencia.
El problema, según los expertos, es que gran parte de lo construido en Medellín y Antioquia es anterior a esa norma: se calcula que más del 60% de las edificaciones de la capital antioqueña fueron levantadas antes de 1984, cuando no existía una regulación que obligara a incorporar materiales y prácticas sismorresistentes.
Bonnet reconoció, sin embargo, que muchos edificios emblemáticos de la época —como el Coltejer— se construyeron con estándares internacionales pese a la ausencia de una norma nacional, aunque “no se sabe a ciencia cierta cuántos sí y cuántos no” cumplieron con criterios similares.
Diego Peña, geólogo y subdirector del Dagrd, insistió en que la antigüedad de una edificación no es el único factor: la altura de un edificio tampoco determina su nivel de seguridad, y lo verdaderamente relevante son el cumplimiento normativo y las evaluaciones estructurales periódicas.
Para Peña, el daño causado por un sismo “no depende únicamente de la magnitud o la profundidad del evento, sino principalmente de la vulnerabilidad de las estructuras expuestas”.
En conclusión, los expertos coinciden en que, más allá de la respuesta institucional durante la emergencia, el reto de fondo pasa por revisar estructuralmente las edificaciones más antiguas, destinar presupuesto de largo plazo para reforzarlas o reubicar a quienes viven en zonas de riesgo.
Además, también es muy importante fomentar el autocuidado ciudadano: conocer los planos y rutas de evacuación de los edificios donde se vive, tener a la mano un botiquín y documentos esenciales digitalizados, y participar en los simulacros que se realizan periódicamente en la ciudad.
La recomendación de los expertos a la ciudadanía en general, mientras continúan las labores de verificación de daños en Antioquia y el resto del país, es la misma: no dejarse llevar por el pánico ni por la desinformación, y seguir únicamente los canales oficiales del Servicio Geológico Colombiano, el Dagrd y la Gobernación de Antioquia.
Frente a las grietas que empezaron a aparecer en techos y paredes tras el sismo, los expertos insisten en que no todas representan el mismo nivel de riesgo.
Blandón explica que en viviendas de mampostería (realizadas con ladrillos unidos con mortero), las fisuras que superan el milímetro de ancho y tienen una orientación diagonal —a 45 grados, o en forma de “X” o de escalera— son señal de mayor alerta, especialmente si atraviesan muros completos.
En edificios con columnas, muros y vigas de concreto, lo más preocupante es encontrar grietas inclinadas, pérdida del recubrimiento de concreto o acero expuesto, sobre todo si compromete elementos estructurales como columnas.
En cambio, las afectaciones en elementos no estructurales —ciertos muros de mampostería divisorios, por ejemplo— no necesariamente ponen en riesgo la estabilidad del inmueble, aunque de igual forma deben revisarse.
La recomendación de los expertos es clara: si una grieta supera los dos o tres milímetros de ancho, o aparece cerca de columnas y vigas, lo indicado es no esperar y contactar cuanto antes a un ingeniero civil o a los organismos de emergencia para que evalúen la estructura.
Bloque de preguntas y respuestas
- ¿Por qué el terremoto de 7,4 causó menos estragos en Antioquia que en el Eje Cafetero?
- La menor afectación en el departamento se debió a una combinación de factores físicos y geológicos: la atenuación de las ondas sísmicas por la distancia al epicentro (San José del Palmar, Chocó), la trayectoria de la falla, la topografía y el hecho de que Medellín se encuentra en una zona de amenaza sísmica media, a diferencia de las zonas de amenaza alta del Pacífico y el Eje Cafetero.
- ¿Es verdad que el batolito antioqueño sirve como escudo contra los sismos?
- No, es un mito. Expertos en ingeniería sísmica aclaran que el batolito antioqueño (una masa de roca ígnea subterránea de más de 100 km²) no actúa como escudo; las ondas sísmicas lo atraviesan sin que las atenúe significativamente. De hecho, el Valle de Aburrá cuenta con zonas de suelos blandos que tienen el potencial de amplificar las ondas hasta diez veces.
- ¿Qué tipo de construcciones son las más vulnerables ante un sismo en Medellín?
- Las estructuras con mayor riesgo son las edificaciones construidas antes de 1984 (año en que se expidió la primera norma de sismorresistencia en Colombia tras el terremoto de Popayán) y las viviendas de autoconstrucción informal en las laderas del Valle de Aburrá, las cuales carecen de diseños estructurales, planos y materiales técnicos adecuados. Se calcula que el 60 % de los edificios de la ciudad son anteriores a la norma.