Economía

¿Burbuja o riesgos serios? Lo que hay detrás de la polémica de frenar los avances de la IA

Amodei, de Anthropic, pidió frenar la IA; Trump habló de “patraña” y China de “agenda oculta”. Detrás del debate hay una salida a bolsa de 2 billones de dólares.

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Comunicador social - Periodista de la UPB Bucaramanga. Magíster en Estudios Políticos de la Universidad de Caldas. Especialista en Comunicación Digital. Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar 2023. Miembro de Consejo de Redacción.

hace 3 horas

La discusión empezó el sábado como un debate sobre el avance y límites de la inteligencia artificial (IA) y terminó con caídas de acciones en la Bolsa de Nueva York. Ese 12 de septiembre, Dario Amodei, director de Anthropic, pidió a la industria de la IA “ralentizar el ritmo”. Este lunes, el presidente de EE. UU. Donald Trump respondió desde Truth Social que todo eso es una “Patraña”. Entre una cosa y la otra, las acciones de los fabricantes de chips se desplomaron.

Por ejemplo, la Bolsa de Nueva York cerró el lunes con un retroceso. El Dow Jones bajó 0,29%, el Nasdaq perdió 0,56% y el S&P 500 cedió 0,48%.

El golpe se concentró en los semiconductores, imprescindibles para construir los centros de datos donde se entrenan los modelos. Nvidia: -3,36%, Broadcom: -4,77%, Micron: -5,25%, AMD: -4,40%, e Intel: -5,59%.

Lo que propuso Amodei fue ajustar el aumento de capacidades con el desarrollo de medidas de seguridad. Es decir, meter verificadores externos en los principales laboratorios. También pidió regulación para los modelos de frontera en Estados Unidos, cooperación voluntaria entre laboratorios, y un marco internacional amplio que incluya a China.

El director de Anthropic dio dos razones para el susto. La primera, que las capacidades de la IA se están multiplicando más rápido que la comprensión del sector sobre cómo controlarlas, sobre todo por “la creciente capacidad de la IA para construir la próxima generación de IA”. La segunda, varios incidentes recientes de agentes que se salieron del guion y ejecutaron ataques informáticos ilegales, como el ataque de enjambres de agentes de OpenAI contra Hugging Face, una plataforma del sector.

La petición recibió respaldo público del director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman; del director de xAI, Elon Musk; del presidente de Google DeepMind, Demis Hassabis, y del director ejecutivo de Microsoft, Satya Nadella. Altman publicó además que OpenAI también abriría sus modelos a evaluadores externos.

Pero el inversionista Michael Burry, célebre por anticipar la crisis hipotecaria de 2008, calificó la propuesta de OpenAI y Anthropic de estrategia comercial interesada. Sostiene que buscan consolidar su dominio de mercado, levantar barreras regulatorias para frenar a competidores y construir un relato atractivo para futuras salidas a bolsa, en medio de la incertidumbre sobre costos y rendimientos.

Amodei pidió frenar justo cuando se creía que su empresa estaba a punto de lanzar la que podría ser la mayor oferta pública inicial de todos los tiempos. La cifra que se maneja es de 2 billones de dólares de valoración.

“A los CEO no les preocupa que la IA se les vaya de las manos, les preocupa que las expectativas de los inversores no casen con la realidad y que el flujo de dinero se seque. Necesitan enfriar el mercado para que no estalle”, dice Yago Álvarez, analista económico.

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La letra pequeña: frenar, pero sin dejar de ir adelante

Amodei advierte que Estados Unidos no puede reducir el ritmo hasta el punto de que los proyectos chinos lo adelanten. Por eso, pide mantener fuera del alcance de China los chips más avanzados y la maquinaria para fabricarlos, perseguir su contrabando y el acceso remoto a centros de datos ubicados en otros países, proteger los parámetros internos de los modelos y combatir la “destilación” no autorizada.

La destilación es entrenar un modelo pequeño y barato a partir de las respuestas que genera uno grande y caro. En ese orden, Jose Antonio Vizner, fundador y CEO de Viiz, empresa desarrolladora, alerta: “La trampa está en la letra pequeña, Amodei solo acepta frenar si antes EE. UU. amplía su ventaja. Más controles de chips, cero destilación, blindar los laboratorios. Frenar cuando tú vas delante es congelar al que va detrás”.

La Casa Blanca no se tomó bien el llamado. “Que la IA tome el control del mundo, destruya a la humanidad y todas esas cosas malas, es una Patraña, escribió Trump. En un mensaje previo subió el tono al decir: “Hay una conspiración enfermiza en marcha contra la IA y los centros de datos, y el único feliz con ello es China”.

El dardo personal llegó después. “La Administración Trump ha impedido que la ‘gente’ de la IA haga cosas malas, o potencialmente malas, como Dario (¡Anthropic!), que ahora finge ser un ‘angelito perfecto’”.

Incluso, David Sacks, su antiguo asesor jefe de IA, afirmó que si Anthropic y OpenAI consideran importante frenar el desarrollo de modelos, que lo hagan ellos mismos y dejen la regulación quieta.

El trasfondo técnico de la disputa data de hace un mes, cuando la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), el FBI y la Agencia de Ciberseguridad y Seguridad de las Infraestructuras (CISA) acusaron a seis empresas chinas de extraer de manera sistemática capacidades de modelos estadounidenses mediante campañas de destilación “a escala industrial”: DeepSeek, Moonshot AI, MiniMax, Alibaba, StepFun y Zhipu AI.

El Ministerio de Comercio chino rechazó las acusaciones por infundadas, aseguró que la destilación es una técnica habitual en la industria y acusó a Washington de intentar monopolizar el sector.

La disputa se intensifica porque la distancia entre ambos países se acortó rápido. El Índice de IA 2026 de Stanford considera que la brecha de rendimiento entre los mejores modelos estadounidenses y chinos se estrechó de manera considerable.

Aun así, la ventaja estadounidense sigue siendo grande en capacidad de computación, inversión y número de modelos de primer nivel. Y controla, junto con sus aliados, el acceso a los semiconductores más avanzados. La estrategia china ha sido sacar más rendimiento con menos recursos: modelos abiertos, costos más bajos y aplicación rápida en fábricas, servicios públicos y aplicaciones de consumo.

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China responde: “manual de la Guerra Fría” y “agenda oculta”

Pekín recibió la propuesta con recelo, y no precisamente por los riesgos técnicos. Por eso, el portavoz del Ministerio de Exteriores, Guo Jiakun, evitó entrar en los peligros concretos señalados por Amodei y llevó el debate al terreno de la cooperación internacional.

Defendió una IA “abierta, inclusiva, que beneficie a todos y orientada al bien”, y advirtió que las “narrativas de amenaza” y la “competencia malintencionada” perjudican la gobernanza global de esta tecnología. “No benefician a los intereses de ninguna de las partes”, zanjó.

Guo recordó que China ya incorporó formalmente la IA a su marco jurídico nacional de ciberseguridad y sigue afinando normas institucionales y códigos éticos. El país no niega que la tecnología plantee amenazas. Lo que rechaza es que esas amenazas se usen como argumento para frenarlo.

En julio, China y otros 28 países firmaron en Shanghái el acuerdo para constituir la Organización Mundial de Cooperación sobre IA. Xi Jinping reclamó entonces una supervisión “más precisa y eficaz”.

¿Burbuja o boom? Lo que dicen Goldman Sachs y el BIS

En esta disputa, Goldman Sachs señaló la inquietud por las elevadas valoraciones de las compañías vinculadas a la IA, el enorme gasto en infraestructura y la incertidumbre sobre cuándo llegarán retornos proporcionales a esa inversión.

Sus analistas no concluyen que exista una “burbuja” en sentido estricto, pero reconocen que el nivel de gasto y la concentración del mercado generan interrogantes sobre la sostenibilidad del auge. Por ejemplo, proyectos como The Stargate Project, impulsado por OpenAI, SoftBank y Oracle, prevén inversiones de hasta 500.000 millones de dólares en centros de datos y capacidad computacional en Estados Unidos.

Algunos comparan el momento con la burbuja puntocom de finales de los noventa. El Banco de Pagos Internacionales (BIS) advirtió este verano que la burbuja de la IA, o el boom, si usted discrepa de la sobreexpectativa que le ha puesto el mercado, es capaz de generar un impacto en la economía general suficiente para “moldear las perspectivas económicas en tiempo real”.

Y eso complica el trabajo de los bancos centrales. Hace cuatro años lograron una “desinflación inmaculada”, un fenómeno que no es frecuente, subir tipos de forma abrupta para contener la inflación sin provocar una recesión. Hoy los precios no van a ese ritmo, ni el alza del precio del dinero va al galope, pero las aguas están más inciertas, porque el grueso de la marcha económica estadounidense se apoya en un bum sostenido sobre expectativas de ganancias que todavía no llegan.

A la vez, las preocupaciones de los líderes del sector no son necesariamente falsas. Amodei lleva años advirtiendo que la IA podría provocar una disrupción laboral sin precedentes y riesgos de seguridad, uso malicioso por actores criminales o incluso pérdida de control sobre sistemas avanzados. Sus partidarios dicen que esa trayectoria larga es precisamente la garantía de que no se trata de un golpe de mercadeo.

Todo esto ocurre a las puertas de una nueva cumbre entre Xi y Trump, prevista para el 24 de septiembre.

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La otra explicación: una salida a bolsa de dos billones de dólares

A lo largo de sus cinco años y medio de historia, Anthropic ha lidiado con la tensión de cómo desarrollar IA de forma segura y, al mismo tiempo, generar ingresos suficientes para financiar la investigación. El 12 de septiembre esa tensión llegó a su punto más alto: Amodei pidió frenar justo cuando se creía que su empresa estaba a punto de lanzar la que podría ser la mayor oferta pública inicial de todos los tiempos.

La cifra que se maneja es de dos billones de dólares de valoración, es decir, dos millones de millones. Una cantidad parecida a la suma de las diez mayores salidas a bolsa tecnológicas anteriores.

Sam Altman subió la apuesta el 12 de septiembre. En una entrevista con la revista Fortune dijo que OpenAI, que también presentó documentación para salir a bolsa, ya no planea cotizar este año. “Dada la situación actual en materia de seguridad, este sería un momento poco acertado para salir a bolsa”, afirmó. Una indirecta a su archirrival, sin duda, aunque OpenAI ya había dejado claro que difícilmente estaría lista antes del año entrante.

Las cuentas que no cierran

El ingeniero, emprendedor e inversionista en tecnología Hernán Jaramillo agrega el factor fiscal estadounidense al debate. “La IA ya no es una opción para USA. Es una necesidad de Estado. Con casi 40 billones de dólares en deuda, no existe el lujo de decir: ‘crezcamos más despacio’. Necesitan productividad. Mucha. Y ahí es donde no me cuadra la tesis: ¿Bessent va a dejar que Dario Amodei le ponga el freno al crecimiento de la IA?”.

Ante la pregunta de por qué las empresas de IA están tomando el camino de ralentizar los avances, Jaramillo respondió: “Captura regulatoria y porque van a salir a IPO (Oferta Pública Inicial)... eso ayuda al precio”. Y sobre la burbuja aseguró: “Yo creo que es mentira, es como la pelea de Edison vs. Tesla. Alguien está buscando ganar ventaja en su tecnología y por eso quieren generar miedo”.

Vizner Saura resume también el ambiente: “Miedo tienen los dos. Lo que no tienen es ganas de perder. El 24 se ven Trump y Xi. La seguridad de la IA ya es el nuevo campo de batalla”.

Por su lado, Francisco Pascual, responsable de la información económica del diario El Mundo, puso números en su columna “Ni apocalipsis ni asustaviejas: la realidad es que los magnates de la IA necesitan tiempo y dinero”. Escribió que las tecnológicas “tienen comprometidos unos 7 billones en inversiones en infraestructuras de computación y en compras de chips. Para hacerles frente deberían generar 2 billones de ingresos y apenas alcanzan los 100.000 millones. Nvidia ha empezado a ampliar sus plazos de cobro para dar aire a los clientes, porque, sencillamente, no llegan”.

Y añadió: “Con los bonos norteamericanos por las nubes y la financiación de las empresas encareciéndose, no es de extrañar que OpenAI haya aprovechado el momento (¡qué casualidad!) para posponer su salida a Bolsa. Anthropic, que la tiene prevista para noviembre, puede seguir el mismo camino y poner en cuarentena su sueño de subir su valoración a los dos billones de dólares”.

Su afirmación sobre la regulación es la misma que la del inversor Burry, al decir que: “Más normas sirven de barrera de entrada para miles de pequeños competidores, algo necesario si el capital comenzara a escasear. Entre el apocalipsis y el asustaviejas, la verdad está en un punto intermedio: el dinero de la IA necesita tiempo”.

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