Estudio de la UdeA encontró un “error” en las cifras del Dane: se perdieron 170.000 empleos formales
Una investigación de la Universidad de Antioquia encontró diferencias entre las cifras del Dane y los registros oficiales de seguridad social. Mientras uno reporta 814.000 nuevos empleos formales, el otro muestra pérdidas.
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Una investigación de la Universidad de Antioquia (UdeA) abrió un nuevo debate sobre la confiabilidad de las estadísticas laborales en Colombia.
El estudio concluyó que existe una diferencia significativa entre las cifras de empleo formal reportadas por el Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) y los registros administrativos de seguridad social administrados por la Unidad de Gestión Pensional y Parafiscales (UGPP).
El hueco entre un reporte y el otro es bastante considerable. Mientras el Dane sostiene que durante el último año se crearon 814.000 empleos formales, la investigación señala que, en realidad no se crearon nuevos puestos de trabajo; por el contrario se habría perdido más de 170.000 en el mismo período.
El documento, titulado ¿Tenemos más o menos formalidad laboral? La historia con las cifras del DANE versus los registros de pago de seguridad social, fue elaborado por Edwin Esteban Torres Gómez, doctor en Economía e investigador de la Facultad de Ciencias Económicas de la UdeA; y el Grupo de Investigaciones de Macroeconomía Aplicada.
El objetivo del trabajo fue contrastar los datos de la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH), utilizada por el Dane para medir el mercado laboral, con los registros administrativos de la Planilla Integrada de Liquidación de Aportes (PILA), que recopila los pagos efectivos a seguridad social realizados por trabajadores y empleadores.
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¿Qué más encontró el estudio sobre el empleo formal?
De acuerdo con el documento, las cifras del Dane muestran un panorama optimista para el mercado laboral colombiano.
Según la entidad, el desempleo ha venido disminuyendo, la informalidad laboral cayó de 56,8% a 55,3% en el último trimestre analizado y el empleo formal registra un crecimiento acelerado desde mediados de 2024.
Sin embargo, al revisar los registros de la PILA, los investigadores encontraron una tendencia completamente distinta. Los datos muestran una desaceleración sostenida en las afiliaciones a seguridad social y una caída anual de 1,35% con corte a febrero de 2026.
La incoherencia que generó sospecha
El profesor Torres comentó en entrevista con EL COLOMBIANO que la inquietud nació al observar una aparente desconexión entre el comportamiento de la economía y el mercado laboral.
“Nos llamó la atención ver que el crecimiento de la economía era tan bajito, que había unos datos de crecimiento económico tan pobres, mientras que los datos de empleo estaban disparados, el empleo creciendo mucho y las tasas de desempleo cayendo demasiado”, señaló.
Según el académico, esa situación contradecía la relación tradicional entre crecimiento económico y empleo conocida como la Ley de Okun, según la cual una economía que crece poco difícilmente puede generar un aumento tan acelerado del empleo.
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Ante esa situación, el grupo de investigación comenzó a contrastar las cifras de empleo formal reportadas por el Gobierno con los registros administrativos de la UGPP.
Diferencias hasta cinco veces mayores
El estudio reveló que entre 2022 y febrero de 2026 las variaciones del empleo formal reportadas por el Estado fueron considerablemente superiores a las observadas en los registros de seguridad social.
De acuerdo con Torres, mientras el empleo formal medido por el Dane crecía a tasas cercanas al 4,6%, los registros administrativos mostraban aumentos de apenas 0,9%.
Incluso utilizando una definición más cercana a la utilizada por el Dane —trabajadores ocupados que cotizan a salud y pensión—, la diferencia seguía siendo amplia: 3,1% frente a 0,9%.
“Lo que empezamos a encontrar fue un asunto muy interesante que nos llamó demasiado la atención. Sí pensábamos que había diferencias, pero no tan fuertes”, confesó el investigador.
El académico aseguró que las divergencias se hicieron especialmente evidentes desde junio de 2024, cuando los registros administrativos comenzaron a mostrar un deterioro del empleo formal, mientras las cifras oficiales continuaban reflejando una expansión sostenida.
Para febrero de 2026, por ejemplo, el Dane reportó un crecimiento anual del empleo formal de 8,2 %, mientras que los registros de la PILA mostraban una caída de 1,3 %.
La UdeA habla de un “error” con implicaciones para las políticas públicas
Consultado sobre cómo califica la diferencia encontrada, Torres fue enfático. “Esto es un error. Es que esto no se le puede llamar de una forma distinta”, sentenció Torres.
El docente aclaró que no considera que existan motivaciones políticas detrás de los resultados del Departamento de Estadística y destacó que la entidad mantiene altos niveles de credibilidad entre académicos y usuarios.
Sin embargo, anotó que las diferencias encontradas no pueden explicarse por cambios metodológicos recientes, ya que la encuesta laboral no ha tenido modificaciones sustanciales en el período analizado. “Si fuera una diferencia netamente estadística, esto se sale de cualquier intervalo de confianza estadística”, dijo.
Según el académico, el principal problema es que las cifras laborales sirven de base para diseñar políticas públicas. Si los datos no reflejan adecuadamente la realidad del mercado laboral, podrían tomarse decisiones equivocadas.
Torres también advirtió que una sobreestimación del empleo formal podría afectar otros indicadores económicos y sociales, como la medición de la pobreza monetaria.
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¿Qué respondió el Dane?
La entidad bajo la Dirección de Piedad Urdinola se refirió a los cuestionamientos a través de la red social X en respuesta a una publicación del programa Nos cogió la noche. Allí la entidad defendió la solidez técnica de sus mediciones.
Para la entidad las diferencias no obedecen a una inconsistencia estadística, si no a una diferencia metodológica. Según el organismo, las estadísticas laborales de Colombia se diseñan bajo estándares internacionales definidos por la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y las Naciones Unidas, lo que garantiza comparabilidad internacional y consistencia técnica.
El Dane argumentó que las encuestas de hogares y los registros administrativos tienen objetivos, coberturas y universos distintos, por lo que sus resultados no necesariamente son comparables de manera directa.
También recordó que la medición oficial de informalidad laboral incorpora variables adicionales, como el registro mercantil de las unidades productivas, la existencia de contabilidad estructurada y la situación de trabajadores independientes y asalariados que no cotizan a seguridad social.
La entidad reiteró que el debate académico es necesario, pero pidió analizar las cifras en su contexto metodológico para evitar conclusiones que puedan afectar la confianza pública en las estadísticas oficiales.
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No es la primera controversia sobre cifras del Dane
La discusión sobre el empleo formal se suma a otros episodios recientes en los que cifras oficiales del Dane han generado debate público.
La pobreza monetaria reportada para 2024 reportada el año pasado también generó controversia. El Dane corrigió posteriormente las cifras de 2023. Aunque inicialmente informó que el indicador había caído a 33%, después ajustó el dato a 34,6%, lo que provocó críticas y cuestionamientos sobre la transparencia de las estadísticas oficiales.
La discusión se intensificó porque los resultados fueron divulgados pocos días antes del discurso presidencial del 20 de julio de 2024. El Dane negó cualquier motivación política y explicó que la corrección obedeció a ajustes en una de las bases de datos utilizadas para calcular el indicador.
Otro episodio de cuestionamiento a las estadísticas ocurrió a finales de 2024, cuando gremios y centros de estudios económicos como la Andi, Anif y Fedesarrollo pusieron en duda las cifras de productividad reportadas por la entidad.
Los analistas señalaron que los resultados no eran consistentes con el comportamiento de la economía, pues mientras el Dane estimó aumentos superiores al 3% en productividad laboral y de 1,73% en la Productividad Total de los Factores, el PIB apenas crecía 1,6%.
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