Economía

Guerra en Medio Oriente dispara temor de turistas y genera pérdidas de US$600 millones diarios

Dubái y varios países de Asia, Europa y Medio Oriente registran mercados vacíos, vuelos cancelados y alza en precios de tiquetes aéreos por el petróleo. Se proyectan hasta 38 millones menos de turistas en 2026 como consecuencia del conflicto.

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Periodista de la Universidad de Antioquia. Especialista en Gestión de la Comunicación en las Organizaciones. Antes en El Tiempo. Premio Camacol (2024) y Asobancaria (2021 y 2024).

hace 8 minutos

El ambiente cosmopolita y multicultural que suele caracterizar a Dubái se ve apagado. En lugares que habitualmente están repletos de visitantes, como el mercado de Al Seef, junto al histórico barrio de Al Fahidi a orillas del Dubai Creek, hoy se ven cafés con mesas vacías y comerciantes esperando en vano la llegada de clientes.

La escena refleja cómo la guerra contra Irán comienza a sentirse en todos los ámbitos. Hasta la fecha, el conflicto le ha costado a Estados Unidos cerca de 12.000 millones de dólares y ha cobrado la vida de 13 militares estadounidenses y más de 1.000 civiles iraníes, incluidos 181 niños.

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El impacto ya trasciende las fronteras de la zona de guerra y alcanza otros sectores. El flujo de viajeros y de vuelos por los corredores aéreos que conectan Asia, Europa y Medio Oriente comienza a desacelerarse, afectando rutas hacia destinos como Filipinas, India, Tailandia, Baréin, Catar y Turquía, lo que ya se traduce en pérdidas millonarias.

A esto se suma una presión inflacionaria global alimentada por el alza en los precios de la energía y los fertilizantes, un escenario que pone en jaque las estrategias de bancos centrales como la Reserva Federal.

Según estimaciones del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC por sus siglas en inglés), en el sector se estiman pérdidas de alrededor de 600 millones de dólares diarios en gasto de visitantes internacionales. Además, datos de la firma de análisis aéreo Cirium indican que más de 50.000 vuelos han sido cancelados desde el 28 de febrero, fecha en que comenzó la guerra.

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El efecto es especialmente sensible porque se trata de una región clave para la movilidad global. Medio Oriente concentra cerca del 5% de las llegadas internacionales y alrededor del 14% del tráfico mundial de pasajeros, por lo que cualquier alteración repercute en toda la cadena turística, desde aerolíneas y aeropuertos hasta hoteles, empresas de alquiler de vehículos y cruceros.

En ese contexto, los principales centros de aviación del Golfo Pérsico han sido algunos de los más golpeados. Aeropuertos estratégicos como los de Dubái, Abu Dabi, Doha y Baréin —que en conjunto movilizan cerca de 526.000 pasajeros diarios— han registrado cierres temporales y restricciones operativas a medida que se intensifica el conflicto, lo que afecta tanto la conectividad regional como las rutas internacionales.

El análisis del WTTC se basa en las proyecciones que existían antes de la escalada del conflicto. Para 2026, la organización estimaba que el gasto de visitantes internacionales en la región alcanzaría 207.000 millones de dólares, una cifra que ahora podría verse comprometida si persiste la inestabilidad.

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¿Subirán los tiquetes de avión por la guerra?

Otro factor que profundiza el golpe al turismo es la disparada de los precios del petróleo tras el cierre del estrecho de Ormuz, por donde circula el 20% del petróleo y el 20% del gas natural licuado del planeta. Irán advirtió que podría atacar cualquier buque que intente cruzar este paso marítimo, lo que ha elevado la tensión en los mercados energéticos y anticipa mayores costos para las aerolíneas y tiquetes más caros.

La reacción de los mercados no se hizo esperar. Por primera vez en casi cuatro años, los precios del crudo volvieron a superar los 100 dólares por barril. Este martes 16 de marzo, el Brent subió 1,27 dólares (1,2%) hasta 104,41 dólares por barril, tras cerrar la jornada previa con un alza de 2,68 dólares; mientras el West Texas Intermediate (WTI) de Estados Unidos avanzó 0,6% hasta 99,25 dólares, luego de haber ganado casi 3 dólares en la sesión anterior.

Este encarecimiento del petróleo tiene un impacto directo sobre la aviación. Después de la mano de obra, el combustible representa el mayor costo operativo para las aerolíneas y puede concentrar entre el 20% y el 30% de sus gastos totales, por lo que un aumento sostenido en los precios podría trasladarse rápidamente al valor de los tiquetes aéreos.

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De acuerdo con Air New Zealand, el precio del queroseno para aviación se situaba entre 85 y 90 dólares por barril, pero, tras el inicio de la guerra, se disparó hasta un rango de entre 150 y 200 dólares.

“Si los precios del combustible se mantienen altos, las tarifas subirán (...) Uno podría esperar que los precios de los tiquetes suban casi de manera proporcional. Históricamente, las aerolíneas han sido rápidas en subir las tarifas cuando el precio del combustible se dispara”, afirmó Rob Britton, exejecutivo de American Airlines, a CNN.

De hecho, algunas aerolíneas ya comenzaron a trasladar el aumento del combustible a los pasajeros. Hong Kong Airlines dijo que elevará sus recargos hasta un 35,2%, mientras Air India aplicará incrementos graduales. Otras compañías como Qantas Airways, Scandinavian Airlines y Air New Zealand también han anunciado alzas en tarifas o posibles ajustes en sus vuelos.

Caen acciones de aerolíneas por guerra de Estados Unidos contra Irán

Por otro lado, las acciones de las aerolíneas también han registrado pérdidas. Según analistas del banco UBS, desde finales de febrero han caído entre 17% y 30%, un comportamiento similar al registrado a comienzos de 2022 cuando el precio del petróleo se disparó tras la invasión rusa de Ucrania.

Por esta razón, la entidad recortó sus previsiones. Para Delta Air Lines, por ejemplo, redujo su estimación a 5,85 dólares por acción, frente a los 7,17 dólares previstos anteriormente. En el caso de United Airlines, la proyección bajó a 10,22 dólares desde 13,56 dólares. El ajuste más fuerte fue para American Airlines, cuya previsión cayó de 2,21 dólares a 0,43 dólares, debido a su mayor exposición al costo del combustible.

Turismo global 2026: Caída de hasta el 27% por el conflicto en el Golfo

Así las cosas, las perspectivas para el turismo este año se han deteriorado a raíz del conflicto. Un informe de la revista especializada Tourism Economics alerta que la guerra podría provocar que la llegada de turistas se reduzca entre un 11% y un 27% interanual en 2026, frente a su previsión de diciembre, que apuntaba a un crecimiento del 13%.

En términos absolutos, esto implicaría entre 23 y 38 millones menos de visitantes internacionales y una pérdida de entre 34.000 y 56.000 millones de dólares en gasto turístico, cifras que incluyen el efecto persistente que el conflicto puede tener sobre la percepción de seguridad.

Advierten, además, que el impacto podría ser mayor que el del conflicto del año pasado, debido a los ataques de represalia de Irán contra países vecinos del Consejo de Cooperación del Golfo, varios de los cuales son destinos turísticos consolidados, así como a cierres de espacio aéreo más amplios en la región.

Sin embargo, desde el WTTC subrayan que el sector es uno de los más resilientes. Según estudios basados en crisis anteriores, la demanda de viajes tras incidentes relacionados con la seguridad puede recuperarse en apenas dos meses, siempre que gobiernos y empresas actúen con rapidez para restablecer la confianza de los viajeros.

Tensión geopolítica sigue latente tras amenaza de Donald Trump

Por ahora, las preocupaciones sobre las consecuencias del conflicto para la economía global continúan en aumento, luego de que Reino Unido, China, Francia, Japón, Corea del Sur y otros países descartaran participar en una misión propuesta por el presidente Donald Trump para reabrir el estrecho de Ormuz.

El mandatario estadounidense afirmó que su país continuará con las operaciones militares para imponer condiciones más favorables, y aseguró que podría ordenar nuevos bombardeos contra objetivos en la Isla de Kharg, principal centro petrolero de Irán, incluso “solo por diversión”.

“Irán quiere llegar a un acuerdo, y yo no quiero hacerlo porque las condiciones todavía no son lo suficientemente buenas”, concluyó Trump.

Cancelación de la Finalissima y GP de F1 dejan un hueco de casi 300 millones de dólares

La industria deportiva también enfrenta una de las pérdidas económicas más costosas de los últimos años debido a la guerra en Oriente Medio.

La ofensiva militar de Israel y Estados Unidos contra Irán empezó a golpear el deporte de élite, una consecuencia que podría ser mayor si el conflicto se recrudece a falta de un poco más de tres meses para el inicio del Mundial de fútbol de Norteamérica 2026 (comenzará el 11 de junio), donde se podría presentar un boicot.

Lo que prometía ser el evento cumbre previo a la cita de Norteamérica se ha desmoronado, dejando un vacío deportivo y un desastre financiero. La cancelación definitiva de la Finalissima entre España y Argentina no solo frustra el histórico choque entre Lionel Messi y Lamine Yamal, sino que genera un impacto económico que supera los 110 millones de dólares en pérdidas directas e indirectas.

El impacto mayor se registra en los derechos de transmisión. La Finalissima, comercializada en más de 150 países, proyectaba ingresos de entre 27,5 y 33 millones de dólares solo por contratos de retransmisión. Al confirmarse la cancelación, las cadenas internacionales enfrentan, además, la pérdida de la pauta publicitaria ya vendida, que ahora deberá ser compensada.

En términos de asistencia, se esperaba una recaudación estimada de entre 13,2 y 16,5 millones de dólares por concepto de boletería para un aforo de 80.000 espectadores. A esto se suma el lucro cesante de marcas globales como Adidas, Coca-Cola y Visit Qatar, que ya tenían listas sus campañas. Los organizadores calculan que se dejarán de ejecutar cerca de 22 millones de dólares en activaciones de marketing y mercadeo.

Afectaciones a la F1 y Moto GP

De otro lado, los Grandes Premios de Fórmula 1 de Baréin y Arabia Saudita fueron cancelados debido al conflicto bélico, anunció la Federación Internacional del Automóvil (FIA). Las carreras, previstas para mediados de abril, no serán sustituidas por otros GP.

El Golfo Pérsico ha sido blanco constante de ataques con drones y misiles en las últimas dos semanas. Baréin ha reportado daños en refinerías y una base militar estadounidense, mientras que Arabia Saudita registra ataques sobre infraestructura clave de la industria petrolera, reseñó la agencia AFP.

“La FIA siempre antepone la seguridad y el bienestar de nuestra comunidad”, declaró el presidente de la entidad, Mohammed Ben Sulayem.

Organizar un GP es uno de los proyectos financieros más ambiciosos del mundo. El desembolso operativo anual suele superar los 100 millones de dólares, sin contar la inversión en infraestructura. Además, para figurar en el calendario, las ciudades deben pagar un canon anual que oscila entre los 20 y 25 millones de dólares en circuitos históricos, y hasta 57 millones de dólares en sedes estratégicas como Arabia Saudita o Catar.

La crisis ha paralizado otras categorías: Fórmula 2, F3 y F1 Academy, canceladas en Baréin y Arabia Saudita. En el Mundial de Resistencia, la prueba de Catar se aplaza de marzo a octubre.

Finalmente, en MotoGP el GP de Catar, originalmente la cuarta prueba del año, se traslada al 8 de noviembre, convirtiéndose en la vigésima cita de la temporada.

Sin acuerdos en el calendario y bajo la sombra de la geopolítica, la industria deportiva enfrenta una de las etapas más costosas y complejas de su historia reciente.

Las opciones que no funcionaron para salvar la finalissima

El detonante para cancelar la Finalissima fue la ofensiva militar en Oriente Medio, que convirtió al Estadio de Lusail (Catar), sede del partido, en una zona de alto riesgo. A partir de allí, la diplomacia deportiva falló en tres frentes:

Madrid (Santiago Bernabéu) era la opción de la UEFA rechazada por la AFA por falta de “equidad deportiva”. El plan de ida y vuelta que proponía jugar en Madrid (2026) y Buenos Aires (2028), fue inviable por el saturado calendario.

El choque final: Aunque ambos aceptaron Italia como sede neutral, el pacto se rompió por la fecha: Argentina exigía el 31 de marzo, mientras que la UEFA se negó a moverlo del 27 de marzo.