Captura de Maduro impulsa activos venezolanos y abre nuevo escenario para mercados de Colombia y la región
La detención del presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas de Estados Unidos marcó un giro geopolítico con impactos inmediatos en los mercados financieros, el precio del petróleo y las expectativas económicas en América Latina, explican analistas de Grupo Cibest.
El pasado sábado, 3 de enero, se convirtió en un punto de inflexión para la geopolítica latinoamericana tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, en una operación militar a gran escala liderada por Estados Unidos.
Según declaraciones del presidente Donald Trump, la acción respondió a años de inestabilidad atribuidos al régimen venezolano, señalado por narcotráfico y violaciones a los derechos humanos.
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Analistas de Grupo Cibest destacaron que Trump anunció que Estados Unidos asumirá un control temporal de Venezuela con el objetivo de garantizar una “transición segura y ordenada” hacia un gobierno democrático, evitando un vacío de poder que profundice la crisis humanitaria y la migración masiva.
“En este contexto, Washington confirmó el inicio de conversaciones con Delcy Rodríguez, actual líder del régimen y presidenta encargada de Venezuela, quien habría manifestado disposición a cooperar bajo condiciones clave planteadas por Estados Unidos”, anotaron los analistas económicos de Cibest.
El lunes, 5 de enero, Maduro y Flores comparecieron ante una corte federal en Nueva York, donde se declararon no culpables de los cargos relacionados con narcotráfico. Analistas políticos advierten que este escenario anticipa un proceso judicial y político prolongado, en el que la transición venezolana dependerá de negociaciones complejas y de múltiples actores internacionales.
Petróleo venezolano, eje de los anuncios económicos de Trump
En el frente económico, los anuncios del presidente Trump pusieron el foco en la estabilización y recuperación de los recursos naturales venezolanos, en particular el petróleo.
Venezuela cuenta con una de las mayores reservas probadas de crudo del mundo, estimadas en cerca de 303.000 millones de barriles, según la OPEP.
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Trump señaló que compañías estadounidenses liderarían inversiones masivas en infraestructura energética para revitalizar la industria petrolera, deteriorada tras años de subinversión y sanciones internacionales. El plan incluiría modernización de refinerías, nuevas exploraciones y alianzas público-privadas.
Los investigadores de Cibest mencionaron que durante 2025, los activos venezolanos —principalmente bonos soberanos en default y títulos de Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA)— observaron una elevada volatilidad, pero con retornos significativamente positivos.
Este comportamiento estuvo impulsado inicialmente por las expectativas de un cambio de gobierno y, posteriormente, por la creciente presión ejercida por Estados Unidos sobre el régimen de Maduro.
A mediados de agosto, la administración Trump anunció el despliegue naval hacia el sur del mar Caribe con el objetivo de combatir el narcotráfico, medida que derivó en acciones más agresivas, como el cierre de rutas marítimas y aéreas y la incautación de tanqueros “fantasma” que transportaban crudo sancionado. Estas decisiones generaron un fuerte repunte en los precios de los activos venezolanos.
Bonos venezolanos superaron el 100% de valorización
Los principales instrumentos de deuda venezolana denominados en dólares —dos bonos soberanos con vencimientos en 2027 y 2031, y un bono de PDVSA con vencimiento en este 2026— concentraron los mayores montos en circulación y la mayor liquidez del mercado.
Durante 2025, estos títulos acumularon valorizaciones superiores al 100%, superando ampliamente los retornos de bonos soberanos de otras economías latinoamericanas y reflejando una mejora sustancial en la percepción de riesgo país. Incluso, el 5 de enero de 2026 apreciaron valorizaciones adicionales entre 25% y 35% tras conocerse la captura de Maduro.
En el corto plazo, este acontecimiento podría mejorar la percepción de riesgo regional y fortalecer el optimismo de los inversionistas, apoyado en expectativas de reactivación económica y apertura comercial entre Venezuela y sus vecinos, incluido Colombia.
Antes de la ruptura bilateral, el comercio entre Colombia y Venezuela superaba los US$7.000 millones anuales, y en su mejor momento, en 2007, el mercado venezolano representó cerca del 17% de las exportaciones colombianas, lo que evidencia el potencial de recuperación.
Este escenario se suma a las proyecciones para 2026 de mayores flujos hacia bonos soberanos y acciones latinoamericanas, favorecidos por la debilidad del dólar, la resiliencia económica y valuaciones atractivas, lo que podría impulsar la compresión de spreads y la apreciación de monedas locales.
Riesgos geopolíticos y factores internos en Colombia
No obstante, persisten riesgos que podrían generar volatilidad en el corto plazo, como fricciones geopolíticas entre Estados Unidos y países aliados de Venezuela, entre ellos China, Rusia e Irán, así como la complejidad del proceso de transición política venezolana.
En el caso de Colombia, aunque se abren oportunidades por una eventual normalización de la relación bilateral y un posible giro hacia políticas promercado de cara a las elecciones de 2026, factores internos como la incertidumbre fiscal, el aumento de la informalidad laboral y presiones inflacionarias podrían limitar el impacto positivo en los mercados financieros en el corto plazo.
En el plano internacional, los precios del petróleo podrían reflejar riesgos de disrupciones temporales en la producción venezolana y tensiones geopolíticas, lo que explicaría los incrementos superiores al 1,5% registrados en los futuros del crudo durante la sesión del lunes 5 de enero.
Sin embargo, el impacto de corto plazo sería acotado, dado que Venezuela aporta menos del 1% de la producción global debido al colapso de su infraestructura. En el mediano y largo plazo, si se consolidan inversiones estimadas entre US$80.000 y US$100.000 millones, la producción venezolana podría aumentar entre 1 y 2 millones de barriles diarios y superar los 3 millones en un horizonte cercano a cinco años, ejerciendo presión bajista sobre los precios del crudo.
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Un nuevo mapa económico para la región
Una transición ordenada y una apertura económica en Venezuela podrían atraer inversión extranjera directa y flujos de portafolio hacia sectores estratégicos como infraestructura y servicios financieros.
Este reordenamiento energético y político también podría fortalecer la alineación regional con Estados Unidos, impulsando tratados comerciales y reformas promercado.
Para Colombia, el escenario abre oportunidades en comercio bilateral, proyectos transfronterizos y reducción de presiones migratorias y fiscales.
No obstante, el impacto estructural en los mercados financieros locales dependerá de la velocidad de la transición venezolana y del grado de reactivación económica efectiva en el mediano plazo.
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