Propiedades

Entre telares e inteligencia artificial nace una nueva forma de preservar el patrimonio

Mientras la IA avanza a toda velocidad, la academia y comunidades artesanales exploran nuevas formas de usar la tecnología para preservar saberes ancestrales, evitar su desaparición y abrir conversaciones entre tradición y digitalidad.

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hace 11 minutos

La relación entre inteligencia artificial (IA) y artesanía suele comenzar desde el miedo. El temor al reemplazo, a que la máquina termine desplazando el oficio manual, es inevitable. Pero en medio de esa discusión, un grupo de investigadores y diseñadores de la Universidad de Medellín decidió preguntarse sobre si la tecnología pudiera ayudar a preservar aquello que hoy está en riesgo de desaparecer.

De esa reflexión nació un proyecto de investigación centrado en la comunidad indígena Pastos Quillacinga, en Nariño, donde actualmente sobreviven apenas cuatro o cinco grupos de mujeres que mantienen vivo el tejido en guanga, una técnica ancestral que guarda la cosmovisión y los símbolos de esta cultura.

“Lo que nosotros hemos buscado con el proyecto Cuerpos IA, es que más allá de la imitación, la inteligencia artificial se vuelva una consulta de carácter enciclopédico y que la comunidad participe de los datos que se suben”, explica Juan David Mira, decano de la Facultad de Diseño de la Universidad de Medellín. El problema, añade, es que muchas veces la IA representa las artesanías desde miradas estereotipadas o incluso equivocadas. “Si uno buscaba tejidos de los Pastos Quillacinga aparecían referencias peruanas o africanas. Ahí vimos un riesgo gigante”.

La apuesta del proyecto no es reemplazar el oficio artesanal, sino generar un puente entre patrimonio y digitalidad. Para ello, el equipo realizó trabajo de campo en Nariño junto a las tejedoras. Registraron paisajes, telares, materiales, tejidos y formas de vestir mediante fotografías, drones y videos que luego sirvieron para entrenar modelos de inteligencia artificial con información fiel al contexto cultural.

“Queríamos vigilar que esa representación sí fuera fidedigna a la realidad del territorio, de las personas y del patrimonio”, explica María Camila Pastás, docente de diseño de la misma universidad, y quien además pertenece a la comunidad indígena de los Pastos.

El proceso también incluyó validación directa con las tejedoras. Las imágenes generadas por IA fueron revisadas por ellas mismas, quienes corrigieron detalles sobre las trenzas, los telares, la lana o los símbolos presentes en el tejido. “Decimos mucho en el proyecto que buscamos ponerle alma a esas generaciones hechas con inteligencia artificial”, añade Pastás.

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Más allá de la preservación digital, el proyecto explora nuevas posibilidades creativas para la moda y el universo del hogar. A partir de procesos de cocreación humano-máquina, han desarrollado textiles híbridos, tapices y piezas decorativas que mezclan símbolos ancestrales con propuestas generadas mediante inteligencia artificial y tecnologías de fabricación digital como corte láser, impresión y modelación.

La inteligencia artificial potencia el diálogo contemporáneo con lo artesanal”, afirma Mira. “Si la artesanía no empieza a conversar con el mundo digital, corre el riesgo de perderse”.

Para los investigadores, el verdadero desafío no está únicamente en la tecnología, sino en quiénes pueden acceder a ella. Muchas comunidades artesanales aún enfrentan barreras de conectividad, equipos o formación digital. Por eso, insisten en que el diseño también debe asumir un rol social y convertirse en mediador dentro de esa transformación tecnológica.