Adicción a redes sociales: cómo saber si su hijo tiene problemas y qué hacer al respecto
Esta semana, un jurado de Los Ángeles le dio la razón a una joven en su demanda contra Meta y YouTube, y dejó una pregunta que va más allá del tribunal: ¿qué señales ignoraron los adultos a su alrededor?
Cubro historias de Tecnología, Arte y Cultura en la sección Tendencias. Fui editor en Semana, El País de Cali y Blu Radio. Me apasiona explorar cómo el mundo digital moldea nuestra sociedad.
El caso de la joven que ganó una demanda histórica a Meta y YouTube por el diseño adictivo de sus plataformas no es una historia excepcional. En muchos sentidos, es una historia reconocible para todos nosotros.
La chica comenzó a usar YouTube a los seis años e Instagram a los nueve, y nada ni nadie se lo impidió. Para cuando cumplió diez, ya se autolesionaba por un cuadro depresivo. El fallo que un jurado de Los Ángeles emitió a su favor hace que muchos se pregunten qué señales ignoraron los adultos a su alrededor y qué podrían haber hecho distinto.
Pero la respuesta puede no ser sencilla, en parte porque las redes sociales no afectan a todos los adolescentes de la misma manera. Según Mayo Clinic, su impacto depende de factores como el contenido al que se expone el menor, el tiempo que pasa conectado, su madurez psicológica y sus condiciones de salud mental previas.
Hay adolescentes que usan estas plataformas para conectarse con pares, explorar su identidad o encontrar comunidad en momentos difíciles. Y hay otros para quienes el mismo entorno se convierte en un espacio de comparación constante, acoso y ansiedad.
Lo que la evidencia sí señala con consistencia es un umbral de riesgo: dedicar más de tres horas diarias a redes sociales se asocia con un mayor riesgo de problemas de salud mental en menores de 15 años, según un estudio con más de 6.500 participantes en Estados Unidos.
Otro estudio en Inglaterra, con más de 12.000 adolescentes entre 13 y 16 años, encontró que usar redes más de tres veces al día predecía mala salud mental y bajo bienestar. No es el único factor, pero es uno concreto y medible.
Señales de alerta
Mayo Clinic describe una serie de indicadores que deben encender una alerta en padres y cuidadores.
El primero, y quizás el más claro, es cuando el menor usa las redes aunque quiera dejar de hacerlo. A ese le siguen otros: que el tiempo en pantalla afecte el sueño, los estudios o las relaciones; que el menor mienta para poder conectarse; que el uso habitual supere con creces lo que los adultos del hogar considerarían razonable.
A esos signos se suman los emocionales: irritabilidad cuando no puede acceder a las plataformas, aislamiento de la familia o los amigos fuera de línea, cambios en la autoestima vinculados a la recepción de likes o comentarios, y una preocupación creciente por la apariencia física alimentada por la exposición constante a imágenes editadas. Kaley describió ante el jurado exactamente esa progresión.
¿Qué puede hacer un adulto?
La psicóloga escolar Natalia Cortés, del Colegio Monterrosales Homeschool, explicó a EL COLOMBIANO que “lo más importante no es evitar que los niños entren a redes, sino enseñarles, acompañarlos y ayudarles a relacionarse de manera sana con estas plataformas”.
Las prohibiciones, advirtió, generan una sensación de protección rápida pero no construyen los recursos que el menor necesitará cuando la restricción se levante.
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Mayo Clinic coincide con ese enfoque. Entre las medidas más efectivas está establecer reglas claras antes de que el problema aparezca. Por ejemplo, sin redes sociales hasta terminar las tareas, sin pantallas durante las comidas o una hora antes de dormir.
Pero las reglas funcionan mejor cuando van acompañadas de conversación. Preguntar regularmente cómo se siente el adolescente con lo que ve, enseñarle a cuestionar los contenidos, explicarle que las imágenes de belleza y estilo de vida en redes no representan la realidad. Y, sobre todo, modelar ese comportamiento. Fíjese si es un adulto que revisa el teléfono en la mesa, pues con ese comportamiento no está en posición de pedir a un adolescente que no haga lo mismo.
Cuando las señales de alerta ya están presentes, Mayo Clinic recomienda no esperar. Consultar con un profesional de salud mental es el paso que puede marcar la diferencia entre un uso problemático que se interviene a tiempo y uno que se instala en la vida diaria.