Kaley apenas tenía seis años cuando descargó la app de YouTube en su iPod Touch para ver videos sobre brillo labial. No había contraseñas que la bloquearan ni una pantalla que le preguntara su edad.
A los nueve ya estaba en Instagram, saltándose el control parental que su madre había activado para mantenerla fuera de las redes sociales. Nada le impidió engancharse.
Esa historia, contada ante un jurado en Los Ángeles, acaba de convertirse en un precedente legal que nadie en Silicon Valley esperaba ver. El miércoles 25 de marzo, después de más de 40 horas de deliberación distribuidas en nueve días, el jurado de la Corte Superior del Condado de Los Ángeles declaró a Meta y YouTube responsables de haber perjudicado a Kaley mediante el diseño deliberadamente adictivo de sus plataformas, y les ordenó pagar 6 millones de dólares en daños: 3 millones compensatorios y 3 millones punitivos, estos últimos por haber actuado con malicia o fraude.
Kaley, identificada en los documentos judiciales solo por sus iniciales KGM, tiene hoy 20 años y vive en Chico, California. Pero el caso judicial no giró en torno a quién es hoy. En los estrados se repasó la historia de la niña que pasaba en Instagram y YouTube todo el día, según sus propias palabras, desde que se despertaba hasta que se dormía.
Se habló sobre la adolescente a quien no obtener suficientes likes le generaba inseguridad, desarrolló dismorfia corporal, comenzó a autolesionarse a los 10 años y desde los 13 ve a una terapeuta. Se debatió sobre alguien a quien los algoritmos encontraron antes de que ella pudiera entender cómo funciona esa tecnología.
El fallo respondió afirmativamente a las siete preguntas que el jurado tenía sobre cada compañía. Determinó que Meta y YouTube fueron negligentes en el diseño de sus plataformas; que esa negligencia fue un factor central en el daño sufrido por Kaley; que ambas empresas sabían o debían haber sabido que sus servicios representaban un peligro para los menores, y que no advirtieron adecuadamente a sus usuarios de ese riesgo.
La distribución de responsabilidad quedó en 70% para Meta (2,1 millones de dólares) y 30% para YouTube (900.000 dólares).
Pero el caso no llegó solo. TikTok y Snapchat, también demandados originalmente, llegaron a acuerdos antes de que comenzara el juicio, en términos no revelados.
Los que decidieron enfrentar al jurado fueron Meta y YouTube. El argumento de la defensa de Meta fue consistente a lo largo de todo el proceso: los problemas de salud mental de Kaley tenían que ver con su vida familiar, no con Instagram, y el abogado de la compañía, Paul Schmidt, le mostró al jurado grabaciones de peleas con su madre e intentó construir una narrativa de una chica que usó las redes para escapar de una casa difícil. Pero Kaley aclaró ante el tribunal que la mayoría de esas peleas giraban, precisamente, en torno al uso del teléfono.
YouTube tomó otro camino: argumentó que su plataforma es más parecida a la televisión que a una red social, y señaló que los datos internos mostraban que Kaley promediaba poco más de un minuto al día viendo YouTube Shorts, las funciones que sus abogados identificaron como adictivas.
Los abogados de la demandante, liderados por Mark Lanier, centraron todo su alegato en el diseño del producto: el desplazamiento infinito, la reproducción automática, las notificaciones, los contadores de likes.
No estaban discutiendo contenido (la Sección 230 de la Ley de Decencia en las Comunicaciones protege a las plataformas de ese tipo de responsabilidad) sino arquitectura. La pregunta que el jurado respondía no era qué vio Kaley, sino cómo estaba construido el sistema que la mantuvo mirando.
Por su parte, el CEO de Meta, Mark Zuckerberg, compareció ante el jurado en febrero, durante cerca de siete horas, en la primera vez que el fundador de esa empresa declaraba en un juicio. Al final, según una de las juradas identificada como Victoria, ese testimonio terminó perjudicando a la compañía: “Parte de su testimonio no nos convenció, lo cambió de acá para allá, y eso no nos cayó bien”.
El veredicto es pequeño en cifras para dos de los mayores vendedores de publicidad del mundo, como lo señalaron analistas del sector. Pero el precedente que sienta no lo es.
Hoy hay más de 1.500 demandas similares pendientes en tribunales estadounidenses, presentadas por familias, distritos escolares y fiscales estatales. Este fallo le envía a la industria tecnológica una señal que hasta ahora no había recibido: que la ley puede responsabilizar a las plataformas no por lo que publican sus usuarios, sino por cómo están diseñadas para mantenerlos adentro. Meta y YouTube anunciaron que apelarán la decisión.
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El polémico testimonio de Instagram
Antes de que comenzara el juicio, el director de Instagram, Adam Mosseri, fue el primer ejecutivo de alto perfil en comparecer ante el tribunal.
Su posición fue polémica: dijo que el uso excesivo de las redes sociales no equivale a una adicción clínica. “Es importante diferenciar entre adicción clínica y uso problemático”. Mosseri comparó la sensación de “engancharse” a una plataforma con la de ver una serie de Netflix tarde en la noche, y señaló que determinar cuánto uso era demasiado era “una cuestión personal”.
Cuando el abogado de Kaley, Mark Lanier, le preguntó qué pensaba sobre que el día más largo de uso de Instagram por parte de la demandante fue de 16 horas, Mosseri respondió: “Eso suena como un uso problemático” y se negó a llamarlo adicción. El jurado pensó distinto.