Robot con inteligencia artificial que reconfigura relaciones íntimas entre humanos y máquinas fue presentado en el CES
En el Consumer Electronics Show de Las Vegas, la empresa Lovense presentó Emily, un robot con IA diseñado para establecer vínculos emocionales personalizados, encendiendo el debate global sobre intimidad, soledad y ética digital.
En la edición 2026 del Consumer Electronics Show (CES) —la feria tecnológica más influyente del mundo— la empresa Lovense reveló Emily, un robot de tamaño real equipado con inteligencia artificial capaz de conversar, recordar interacciones pasadas y adaptar su comportamiento con el tiempo. El anuncio causó impacto por su enfoque en generar una relación percibida como empática entre el usuario y la máquina, más allá de su función tradicional como dispositivo tecnológico.
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Lovense, conocida históricamente por sus juguetes sexuales conectados, dio un giro al presentar a Emily como una compañera potencial para enfrentar lo que describe como la “crisis de soledad” que afecta a millones de personas. La empresa argumenta que la IA puede ofrecer “confianza a través de una conexión sin juicios y una expresión íntima segura”.
Emily se caracteriza por un exterior de silicona de apariencia realista, un esqueleto totalmente articulado y mecanismos que le permiten realizar movimientos faciales básicos, como sonreír o gesticular con la boca al conversar. Su software emocional, basado en aprendizaje automático, le permite recordar preferencias, almacenar diálogos y personalizar su respuesta ante cada usuario, una funcionalidad que la distingue de otros dispositivos de robótica social.
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La interacción con Emily no se limita al contacto físico. A través de una aplicación móvil integrada, los usuarios pueden interactuar a distancia con la IA, recibir imágenes generadas por el sistema y ajustar tanto la apariencia física del robot como rasgos de personalidad.
El robot funcionará con conectividad Bluetooth y contará con una batería que soporta hasta ocho horas de autonomía por carga. El precio estimado de Emily oscilará entre 4.000 y 8.000 dólares, según el nivel de personalización escogido, y su llegada al mercado está prevista para 2027.
Debate ético y social: intimidad, soledad y riesgos tecnológicos
La presentación de Emily reavivó una discusión profunda sobre los límites tecnológicos de la intimidad y el impacto emocional de las relaciones humano-máquina. Investigaciones académicas sugieren que ciertos usuarios podrían desarrollar lazos emocionales significativos con agentes de IA altamente personalizados, lo que plantea interrogantes sobre el bienestar emocional y la naturaleza de dichos vínculos.
Críticos advierten que, aunque Emily pueda imitar respuestas humanas o generar una sensación de reciprocidad, estas interacciones carecen de la complejidad y autenticidad de los vínculos humanos tradicionales. Existe preocupación de que la tecnología pueda reforzar el aislamiento social en lugar de mitigarlo.
Además, el debate ético abarca cuestiones de privacidad y protección de datos sensibles. Episodios previos de vulnerabilidades en sistemas conectados similares han evidenciado riesgos como accesos no autorizados o grabaciones sin consentimiento, subrayando la necesidad de robustecer protocolos de seguridad para salvaguardar la información generada en interacciones íntimas con estos dispositivos.
Más allá de la controversia, el desarrollo de Emily refleja una tendencia creciente en la industria tecnológica: la integración de inteligencia artificial generativa, memoria adaptativa y robótica expresiva para crear plataformas que trascienden la mera automatización. Este enfoque se alinea con otros avances en robótica social presentados en el CES 2026, que exploran desde asistentes domésticos hasta sistemas de compañía emocional.