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¿Alza de precios en hospedajes durante conciertos de Bad Bunny afectó la imagen de Medellín?

¿Viveza o abuso? El caos en precios de hoteles por Bad Bunny pone en jaque la confianza en Medellín. Expertos analizan por qué la “astucia paisa” podría estar destruyendo el turismo local. ¡Lea el análisis!

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hace 3 horas

El alza de precios de los arrendamientos de hospedajes durante el fin de semana de los conciertos de Bad Bunny reactivó en las redes sociales la idea de la viveza de la cultura paisa, que en ocasiones roza los límites de la ética. Más allá de los clichés regionalistas, lo cierto para los expertos es que hechos de ese tipo ponen en peligro el prestigio de Medellín, sobre todo en el circuito de los viajeros y los turistas internacionales.

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EL COLOMBIANO conversó al respecto con José Ricardo Franco Mojica, antropólogo del consumo, especialista en Psicología del Consumidor y representante del Campo Psicología del Consumidor del Colegio Colombiano de Psicólogos (Colpsic).

Según Franco Mojica, la idea de que los paisas son vivos para los negocios no surge de una inclinación natural hacia la trampa, sino de un proceso histórico. Desde la antropología del consumo, explica que Antioquia desarrolló una cultura de supervivencia que con el tiempo se transformó en una cultura de emprendimiento. Se trató de una región aislada entre montañas, algo que obligó a su población a aprender a comerciar, negociar y optimizar recursos. De allí emergieron los valores de la astucia comercial, la rapidez para detectar oportunidades y la capacidad de sacar ventaja del contexto.

El problema, advierte el profesional, aparece cuando esa astucia se divorcia de la ética colectiva. En una economía moderna, ese ingenio adaptativo puede convertirse en ventajismo, entendido como la maximización del beneficio individual aun cuando se deteriora la confianza social. En términos psicológicos, el éxito económico pasó a ser una medida de valor personal, lo que refuerza la idea de que, si alguien no aprovecha una oportunidad, otro lo hará.

Desde la neurociencia, Franco Mojica explica que las personas tienden a aprovechar oportunidades de lucro incluso cuando se ponen en entredicho las normas sociales porque el cerebro no está diseñado para pensar en el largo plazo ante una ganancia inmediata. Cuando se combinan alta demanda, poco tiempo y mucho dinero en juego, se activa el sistema dopaminérgico, el mismo que opera en el juego y la especulación. En ese estado disminuye la empatía, se reduce la percepción del daño social y aumenta la racionalización.

El caso del concierto de Bad Bunny en Medellín, afirma, fue un laboratorio de psicología del consumo. Hubo una escasez real y percibida de alojamiento frente a una demanda explosiva, lo que generó ansiedad y mayor disposición a pagar. Los propietarios no vieron turistas, sino un pico excepcional de mercado, activando una lógica de “todo o nada”. En este contexto, normas sociales que harían inaceptable cobrar tres o cuatro veces más se suspenden bajo la justificación de que “así funciona el mercado”.

Franco Mojica advierte que este tipo de prácticas afecta directamente la imagen de Medellín como destino turístico. Las ciudades, señala, no compiten solo en precios, sino en confianza emocional. Un turista recuerda el trato que recibió durante su estadía, y cuando una ciudad se vuelve “abusiva”, entra en una categoría riesgosa. La reputación turística se construye durante años y puede perderse en un solo fin de semana viral, un fenómeno que ha hecho que muchos viajeros prefieran no visitar Cartagena, por ejemplo.

Para el especialista, lo ocurrido no es solo un debate económico, sino un reflejo de cómo, ante la escasez y la oportunidad simultáneas, emergen el miedo a perder y la ansiedad por ganar. Medellín, concluye, enfrenta la disyuntiva de decidir si quiere ser una ciudad que gana una vez o una ciudad que gana para siempre, recordando que los destinos que prosperan son los que generan confianza y hacen sentir bienvenidos a quienes los visitan.

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