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“Fue un líder que ayudó a modernizar la Iglesia”

  • Sus ideas ortodoxas, su oposición al lefebvrismo y sus posturas frente al conflicto colombiano hicieron que la figura de Darío Castrillón no estuviera exenta de debate. FOTO archivo el colombiano
    Sus ideas ortodoxas, su oposición al lefebvrismo y sus posturas frente al conflicto colombiano hicieron que la figura de Darío Castrillón no estuviera exenta de debate. FOTO archivo el colombiano
Por César Mauricio Velásquez OEspecial para EL COLOMBIANO | Publicado el 03 de junio de 2019
en definitiva

Considerado por muchos como un verdadero defensor de la justicia, el cardenal Darío Castrillón fue, hasta su último día de vida, coherente con sus férreas y claras convicciones.

La última frase de su testamento —escrito pocas horas antes de morir— es una petición explícita: “Que sea llevado a Medellín y sepultado en la Catedral Metropolitana”. Un deseo profundo que el cardenal Darío Castrillón siempre tuvo y que respondía al espíritu antioqueño, el mismo espíritu y fuerza que lo llevó por todo el mundo como mensajero de paz, hombre de Dios y colaborador leal de san Juan Pablo II, Benedicto XVI y el Papa Francisco.

Desde 1997 vivía en Roma, muy cerca de la Plaza de San Pedro, a donde a veces salía a rezar el Rosario. Su disciplina y amor a la Iglesia se expresaban en su trabajo intenso, oración y atención a los demás. Dormía poco. Siempre fue atento y abierto a quienes se acercaban a buscar soluciones a problemas tan complejos y diversos como las tensiones del gobierno de Ronald Reagan con Nicaragua, las negociaciones de paz con el M-19, las Farc, grupos paramilitares, narcos y el Eln. Muchas personas de estos grupos buscaron su consejo y mediación.

Defensor de la paz con justicia y verdad. Categórico en condenar la violencia y el narcotráfico como instrumentos de poder y ganancia política; postura que lo alejó de las negociaciones de Juan Manuel Santos y las Farc en La Habana, por considerar que la búsqueda de un acuerdo no podía ser bajo el yugo de un pensamiento único de impunidad y la polarización orquestada por el mismo Gobierno entre los amigos y enemigos de la paz. Un sonsonete que también hizo mella entre el obispado del país.

El cardenal Castrillón pensaba que “el perdón, lejos de excluir la búsqueda de la verdad, la exige. El mal hecho debe ser reconocido y, en lo posible, reparado”. Principio inspirado en la vida de Cristo, su único modelo, y en el catecismo de la Iglesia. “En los evangelios y en el catecismo están las respuestas esenciales a nuestros problemas y dilemas. Hablar otra cosa es perdernos y terminar hablando como políticos”, decía.

Avance en comunicaciones

Una de las primeras responsabilidades internacionales que tuvo fue como secretario y después presidente del Celam, el organismo que aglutina a las conferencias episcopales de América Latina. Desde allí, inició la modernización de las comunicaciones al servicio de la evangelización y logró el paso de la máquina de escribir y el télex a los computadores e internet. Igual transformación logró en el Vaticano con el apoyo de San Juan Pablo II.

Al llegar a Roma y asumir como prefecto de la Congregación del Clero —de la que dependen más de 400 mil sacerdotes en el mundo— fue pionero en el fortalecimiento de la comunicación entre seminarios, parroquias y universidades de los cinco continentes a través teleconferencias y la edición de la primera Biblia electrónica en siete lenguas, así como la primera biblioteca de autores cristianos en disco compacto.

Desde el Vaticano también ayudó en la búsqueda de libertad y garantías para la Iglesia en China. En el cumplimiento de esta misión tuvo encuentros en Pekín y en Roma con dirigentes del Partido Comunista que ayudaron a mejorar las condiciones de la Iglesia. Por su cuenta y con el afán de conocer mejor este país, se dedicó a estudiar chino cuando cumplió los 80 años. Ya sabía otros seis idiomas.

En el centro de su vida de piedad y trabajo estuvo siempre la celebración de la misa diaria y el rezo del Rosario. En su casa tenía un pequeño oratorio con reliquias de santos, entre ellos de la madre Laura y el padre Marianito. Su cama fue la misma que usó el Papa Pío XII y en la sala principal tenía un crucifijo grande de madera, sin brazos, pues “los brazos debemos ser nosotros para continuar su obra”.

Obra y misión a la que entregó su vida con generosidad. Lo que poseía lo dejó a la Iglesia para la formación de nuevos sacerdotes en las diócesis de Santa Fe de Antioquia, Santa Rosa de Osos, Pereira y Bucaramanga. La casa que tenía cerca de Roma la donó a una comunidad de religiosas dedicada al cuidado de sacerdotes ancianos y enfermos sin dinero.

Los últimos 21 años de su vida, celebró la Navidad y la Semana Santa en Roma. El año pasado, antes del Domingo de Ramos, los médicos del Vaticano le ordenaron internarse en el hospital, pero desistió. “Hasta no pasar los días santos y vivir con el Papa el Domingo de Resurrección no me voy al hospital”. Y así lo hizo.

A todas las ceremonias asistió con dolores e incomodidades que supo llevar con una sonrisa. Así vivió su última Semana Santa en esta tierra y así murió repitiendo entre pausas —al amanecer del 18 de mayo de 2018—: “Señor, ten misericordia de mí y de todos”, una frase que resumía su pensamiento sobre la vida eterna. “No tengo temor de la muerte, porque estoy convencido de que Dios es papá”, fuente de su amor y fortaleza del espíritu antioqueño que también le llevó a pedir su sepultura en la Catedral Metropolitana de Medellín, lugar donde reposa, después de librar muchas y buenas batallas de frente y sin miedo.

Contexto de la Noticia

PARA SABER MÁS Una despedida llena de fe

La misa de exequias del cardenal Darío Castrillón se celebró en la Basílica de San Pedro, en El Vaticano, el 19 de mayo de 2018. Fue presidida por el papa Francisco y contó con la presencia del cardenal Angelo Sodano, decano del Colegio Cardenalicio, quien se refirió a Casrillón como “un gran hombre de la Iglesia, que siempre nos edificó con su compromiso apostólico. Partió a la casa del Padre después de una larga vida en la tierra, siempre vivida a la luz de la fe”. Sus restos mortales llegaron a Medellín el 31 de mayo y fueron inhumados en la cripta de la Catedral Metropolitana el 1 de junio.

CLAVES El recorrido de Castrillón en la iglesia

1
Tras estudiar en el seminario de Santa Rosa de Osos, fue ordenado sacerdote el 26 de octubre de 1952 en Roma.
2
En 1966 fue nombrado secretario de la Conferencia Episcopal de Colombia y empezó a desempeñarse como docente universitario.
3
En 1971 fue nombrado por Pablo VI como obispo coadjutor de Pereira. Desde 1983 fue secretario y luego presidente del Celam.
4
En 1992 fue nombrado arzobispo de Bucaramanga y en 1996 fue nombrado pro prefecto de la Congregación para el Clero.
5
En 1998 fue ordenado cardenal, dignidad con la que luego fue nombrado presidente de la Comisión Pontificia Eclessia Dei.

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