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¿Puede la hoja de coca volverse un cultivo legal?

  • En Tumaco (foto), los cultivos de uso ilícito se encuentran cerca a la frontera con Ecuador. FOTO: Manuel Saldarriaga
    En Tumaco (foto), los cultivos de uso ilícito se encuentran cerca a la frontera con Ecuador. FOTO: Manuel Saldarriaga
Publicado el 16 de octubre de 2019
en definitiva

Alimento para el cuerpo, propiedades curativas, terapéuticas y anestésicas, entre otros usos, podrían convertirse en la alternativa para iniciar el camino de dar legalidad a la hoja de coca.

Donde algunos ven alimento, energía, espiritualidad y sanidad, otros perciben vicio y conflicto. Ese es el estigma de la hoja de coca, la que durante siglos sostuvo en pie a las culturas indígenas de los Andes, que las mantenía en contacto con las divinidades Apus, Achachilas, Tata Inti, Mama Quilla y Pachamama, que los curaba y los alimentaba.

En esa misma región, especialmente en Colombia, este cultivo se usa para producir cocaína, cuya comercialización está prohibida y durante las últimas décadas ha sido el combustible del conflicto armado, como lo afirma el Ministerio de Defensa del país.

Las cifras del área andina

Perú, con 49.900 hectáreas, podría haber producido en 2017 unas 117.300 toneladas métricas de hoja seca al sol, aunque la ONU no pudo determinar cuál fue la producción de cocaína para ese año. En ese lapso, la Fuerza Pública de ese país incautó 15,3 toneladas de pasta base y 21,4 toneladas de clorhidrato de cocaína.

Muchos años antes (1949), el Gobierno del vecino país fundó la Empresa Nacional de la Coca (Enaco), doce años antes de la Convención Única sobre Estupefacientes con la que se prohibió la coca, firmada por los miembros de las Naciones Unidas en 1961.

La empresa produce diferentes infusiones, chocolate y coca pulverizada, entre otros productos, teniendo en cuenta que 3,5 millones de peruanos consumen hoja de coca en diversas presentaciones. Enaco exporta materia prima para las principales compañías de gaseosas del mundo.

En Bolivia la historia es distinta. Durante 2018, la oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) reportó la existencia de 23.100 hectáreas cultivadas con coca, de ellas, 22.000 en zonas autorizadas desde donde fueron comercializadas en los mercados legales 24.178 toneladas métricas de estos plantíos a un precio promedio de 12,5 dólares por kilogramo. En ese país, cerca de 3 millones de personas consumen la planta habitualmente, según el censo que realiza el Gobierno.

Allí los incipientes cultivos ilegales son perseguidos: en 2017 las incautaciones de este cultivo ascendieron a 331 toneladas, las de cocaína básica a 10,4 toneladas y las de clorhidrato de cocaína a 7,5 toneladas, reportó UNODC.

Colombia, por su parte, con 169.000 hectáreas sembradas produjo 977.400 toneladas de la planta para 1.120 toneladas métricas de clorhidrato de cocaína, de las cuales se incautaron 414,5 toneladas, según el último monitoreo Naciones Unidas, cifras que lo catapultan como el principal productor y exportador de cocaína del mundo.

La producción que se destina a usos ancestrales y alimenticios es mínima y no está calculada, lo curioso: en los países en los que están permitidos y organizados los usos alternativos de la planta tienen menos hectáreas y producen menos cocaína.

La medicina

Este cultivo de uso ilícito podría recorrer el camino del cannabis, cuyas propiedades medicinales le auguran el éxito. Según la consultora Grand View Research, este mercado alcanzaría los 146.000 millones de dólares en 2025.

Para ello se requiere evidencia científica que corrobore las bondades tradicionalmente asignadas a la planta. Las comunidades indígenas del área andina y la Amazonia, y los científicos que la han explorado, señalan que ayuda a reducir síntomas de problemas digestivos, del manejo de diabetes, la obesidad, la disfunción sexual y eréctil, y el mejoramiento de calidad de vida cuando hay adicción a la cocaína y el bazuco.

“Hay una serie de potencialidades cuya evidencia sigue siendo bastante limitada, y está basada en dos fuentes: la medicina tradicional y la evidencia científica que es muy vieja”, explicó David Restrepo, director del área de Desarrollo Rural y Hoja de Coca del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas (Cesed) de la Universidad de los Andes.

El problema es que con la coca la investigación no ha avanzado como sí ha ocurrido con la marihuana: “Desde la perspectiva del uso medicinal, el cannabis ha demostrado ser seguro, no hay muertes por sobredosis. Ese perfil de seguridad fue una ventaja, porque el mecanismo de acción de la cocaína, que a principios del siglo pasado era usada como anestésico, no es muy seguro; ya existen moléculas más seguras para lo mismo”, dijo María José Bustamante, química farmacéutica experta en cannabis medicinal.

Y agregó: “no hay suficiente investigación acerca del mecanismo de acción de la hoja de coca, aunque algunos estudios la muestran como inocua, porque cuando se consume directamente hay menor concentración de alcaloide que con la cocaína, que ya está aislada”.

De acuerdo con Restrepo, el cannabis se cultiva en todo el mundo y se viene estudiando con mayor juicio que la coca durante décadas, lo que hace que haya una mayor base crítica. En cambio, “la coca la usan en los Andes y la cuenca amazónica (Colombia, Perú y Bolivia), es una planta con un alcance mucho más restringido y fue muy popular a finales del siglo XIX cuando fue mostrada como ejemplo que sí funcionaba la prohibición”.

Pero estudiar este cultivo no es fácil, ya que se requieren permisos y “políticamente ha habido una desconfianza, en muchos casos validada con los hechos, según la cual las comunidades étnicas sienten que si se permite el estudio puede ser usurpada por la industria y su beneficio no volvería a ellas sino a las grandes empresas, como ha ocurrido con el cannabis”. De ahí que la consulta previa sería otro de los limitantes para avanzar en este asunto.

Si se superara la falta de evidencia científica que compruebe la inocuidad de la planta y los beneficios de la misma, Colombia ganaría espacio en un negocio que, según estima la Asociación de Exportadores de Perú, alcanzaría los 25.000 millones de dólares. “A ese nivel ya sería un mercado considerablemente importante para la región”, señaló Restrepo.

Alimento y agroindustria

Dos muestras analizadas en laboratorio para determinar el valor nutricional de la hoja de coca de la variedad que se produce en Lerma (Cauca), conocida como “pajarita caucana”, realizado por investigadores financiados por la Open Society Foundations en el laboratorio de Suelos y Aguas de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, confirmaron que “los valores de la coca sobresalen”.

Se destacan particularmente los resultados para proteína cruda (20, 2 %), fósforo (1.400 mg), calcio (1.600 mg) y hierro (55,8 mg).

Según Restrepo, la hoja puede tener dos usos alimenticios: para el cuerpo y para la mente. En el caso del primero con el aporte de macro y micronutrientes, es muy rica en vitaminas, minerales y proteína, pero lo que no se sabe es cuán biodisponibles son, es decir, qué tan fácil es para el organismo absorberlos. “La hoja de coca se consume con sustancias alcalinas (bicarbonato, cal o ceniza) para que mejoren la absorción de nutrientes, todo eso hay que estudiarlo”, explicó, y para la mente como un excelente estimulante, como lo muestra la evidencia histórica de los indígenas en Perú y Bolivia que tenían mejores resultados en el trabajo en las minas y el campo si consumían la planta.

En esta parte, el limitante es la estigmatización. “La hoja tiene flavonoides, que pueden tener un efecto metabólico interesante, por ejemplo la supresión del apetito temporalmente, pero no sabemos cuáles son ni la cantidad que tienen”, aclaró Restrepo.

Así mismo, esa cantidad de nutrientes también sirve para los suelos, así que con la hoja de coca se pueden hacer abonos y fertilizantes. Sin embargo, Juan Carlos Garzón, de la Fundación Ideas para la Paz, cuestionó cuál puede ser el mercado para estos productos, ya que tendrían que entrar a competir con un mercado que está sobresaturado de oferta.

“No podemos compararnos con Bolivia y Perú porque ellos tienen unos usos tradicionales más consolidados. Aquí hemos mirado cómo aumentar el consumo del té de coca, pero resulta que somos un país cafetero, no de tomar este último producto”.

De otro lado, Garzón aseguró que “la hoja de coca que se siembra en el país no es como la de Lerma, está sembrada con unos métodos con intensivo uso de químicos, que solo está pensada en la producción de cocaína, habría que sustituirla por una coca nueva, así que cuando se habla de esta alternativa como solución a la zonas productoras, habría que cambiarla”.

El debate está en la mesa, justo en un momento en el que el Gobierno Nacional advirtió que no podrá asperjar con glifosato este año porque no tiene cumplidas las condiciones impuestas por la Corte Constitucional para mitigar los daños.

Es posible que Colombia tarde años en darle una oportunidad a la coca, más con los antecedentes por el manto de ilegalidad que se cierne sobre ella, que se suma al trabajo de la política global de lucha contra las drogas.

Contexto de la Noticia

anécdota El Sena, pionero en usos alternativos de la coca

En 2017, la regional Cauca del Sena obtuvo el primer permiso en la historia de Colombia para realizar investigación científica con la

hoja de coca, otorgado por el Fondo Nacional de Estupefacientes. La regional ha seguido expandiendo la investigación en la industrialización de la coca, por medio del desarrollo de varias aplicaciones agroindustriales para la planta. Estas incluyen abonos, complementos alimenticios para aves, y medios de cultivo de laboratorio. En el marco de programas especiales del Sena, como Jóvenes Rurales, se han instalado unidades productivas para transformar la hoja de coca en licor mistela y productos de panadería, señala el documento de Open Society Foundations, que apoya este tipo de iniciativas en el planeta.

Olga Patricia Rendón Marulanda

Soy periodista egresada de la Universidad de Antioquia. Mi primera entrevista se la hice a mi padre y, desde entonces, no he parado de preguntar.

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