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Biodiversidad, esa riqueza que sigue bajo amenaza

Más de 1.000 especies en riesgo demuestran que el país debe reorientar su defensa de la vida silvestre.

  • El cóndor andino sobre un freilejón, ambas especies se encuentran amenazadas. FOTO: COLPRENSA
    El cóndor andino sobre un freilejón, ambas especies se encuentran amenazadas. FOTO: COLPRENSA
Biodiversidad, esa riqueza que sigue bajo amenaza
16 de junio de 2021
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El hallazgo de tres cóndores andinos muertos por acción humana la semana pasada fue otro capítulo de la paradoja que encarna Colombia al ser el segundo país con mayor biodiversidad y, al mismo tiempo, estar entre los diez lugares con más especies de fauna y flora amenazadas (ver Infografía).

“La transformación de hábitats (en este caso bosques andinos y páramos) para expandir la frontera agropecuaria y el déficit de educación ambiental en los territorios y programas de conservación” tienen al ave nacional en peligro crítico de extinción, según Fabio Sáenz, director científico de la fundación Neotropical, una de las principales dolientes en la defensa del cóndor.

Estos mismos factores figuran en los conflictos que padecen otras especies como el oso andino y el jaguar (ambos en estado vulnerable a nivel nacional) y responden, en parte, por qué el país no ha logrado proteger efectivamente a su biodiversidad.

“El cóndor es, de hecho, una de las primeras especies sobre la cual se crearon estrategias para su conservación, empezando por allá en los 90 con el programa de cría en cautiverio en Estados Unidos y posterior liberación en el país, pero además de costosas creemos que han sido poco eficientes por la falta de información sobre poblaciones silvestres. Resulta que liberar individuos sin conocer a fondo dichas poblaciones puede causar un desequilibrio peor”, explica.

El nuevo enfoque, según Sáenz, debería ser priorizar la financiación de proyectos de producción sostenibles y planes de manejo de páramos para que, tanto los modos de subsistencia de seres humanos (cultivos y animales de cría) como el cóndor, tengan su propio espacio.

Además, Sáenz señala que es necesario financiar la investigación científica y educación ambiental “porque estamos convencidos de que una vez las comunidades entienden la importancia de una especie como el cóndor, fundamental para garantizar la salud pública y evitar propagación de plagas, la coexistencia es duradera”. El cóndor, por ejemplo, evita la propagación de enfermedades.

El santuario fragmentado

Rodrigo Botero, director de la Fundación para la Conservación y Desarrollo Sostenible, afirma que “el ritmo de deforestación en la Amazonia colombiana supera con creces cualquier medida actual que busque frenarla. Entre 2018 y 2019 se perdieron casi 250.000 hectáreas de bosque y los informes preliminares de 2020 son aún peores. Llevamos largo tiempo lanzando alarmas: la deforestación entró a Chiribiquete, tiene núcleos en otros parques nacionales también de la Orinoquía, mejor dicho, la conectividad ecológica se está resquebrajando y si eso pasa crea un efecto en cadena nefasto para especies y ecosistemas porque se altera toda su dinámica”, expone.

Nuevamente aparece un modelo de producción, la ganadería extensiva, como uno de los grandes causantes de la pérdida de biodiversidad (se le suma a las rentas ilegales).

La Amazonia, con sus 7 millones de kilómetros cuadrados repartidos en 7 países, alberga el 10 % de toda la biodiversidad registrada en el planeta. En Colombia, es el hogar de 1.158 especies de aves, 232 de reptiles, 223 de mamíferos, 193 de anfibios, 1.502 de mariposas y 1.200 de peces. Además de 123 especies endémicas, es decir, solo se hallan allí.

La amenaza los mares

Si en los ecosistemas andinos y bosques tropicales las amenazas son crecientes, en los ecosistemas marinos el panorama no es mejor. Sandra Vilardy, bióloga marina y directora de Parques Cómo Vamos, dice que a pesar de que 4 millones de personas viven en zonas costeras y el mar representa la mitad del territorio total de Colombia, el país le ha dado la espalda a las soluciones que piden sus mares.

“El océano se está calentando desde hace 50 años, el recurso pesquero se ha sobrexplotado en un margen menor a 30 años; es un cóctel peligroso que se suma a las malas decisiones que se han tomado sobre ecosistemas marino-costeros, como los manglares, que cumplen muchas funciones para especies de fauna y para los seres humanos”, explica.

El país se ha movilizado para revertir esta crisis. En enero pasado el Gobierno se sumó a la Coalición Global de 30 países que se comprometieron a proteger el 30 % de la Tierra y el mar durante esta década, en un esfuerzo por frenar la extinción de un millón de especies. La Coalición busca aumentar los esquemas de protección, algo en lo que Colombia lleva ventaja al tener más del 15 % del territorio continental y el 14 % marino bajo la figura de área protegida. En el mundo el promedio llega al 15 % del suelo terrestre y solo el 7 % del mar.

El ministro de Ambiente, Carlos Correa, dijo tras la adhesión a esta alianza que el compromiso colombiano era garantizar la funcionalidad y sostenibilidad financiera del sistema de áreas protegidas. Sin embargo, esa es precisamente la barrera que señala Botero que tiene el país para hacer efectiva la protección de sus ecosistemas.

“El Estado no tiene la institucionalidad suficiente para hacer presencia en los territorios, muestra de ello es que de diez parques de la Orinoquía y Amazonia debieron salir guardaparques por amenazas de grupos ilegales”, explica.

Vilardy le añade otra dificultad: la toma de decisiones sin suficiente soporte técnico. Aunque no es un problema exclusivo de Colombia.

Justamente el mundo recibió un campanazo de alerta el pasado jueves, por parte del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático y la Plataforma Ipbes, los cuales se han convertido en actores claves para que los países que los integran –incluyendo Colombia– asuman decisiones basadas en evidencia científica.

Pues bien, 50 expertos, entre ellos la colombiana Ana María Hernández, presidenta de Ipbes, publicaron un informe en el que advierten impactos negativos por estrategias actuales que buscan solucionar de forma separada las dos grandes crisis ambientales: el cambio climático y la pérdida de biodiversidad.

Según apuntó Hernández, las estrategias gubernamentales y de empresas privadas para reducir las emisiones de carbono con depósitos naturales para la captura de CO2 como los bosques, ha llevado a una plantación masiva de árboles sin rigor técnico, lo que está alterando ecosistemas. Práctica que se suma a la reforestación con monocultivos que resultan nocivos para especies de fauna y flora por los químicos que requieren y su propensión a contraer plagas que arrasan con cualquier posibilidad ecológica a futuro en esas tierras.

El documento sostiene que la búsqueda de energías renovables con grandes parques eólicos marinos ha demostrado ser lesivo para la biodiversidad.

Los expertos concluyeron que en adelante las soluciones para las dos grandes problemáticas ambientales deben estar obligatoriamente ligadas. En tal sentido, el documento es un nuevo punto de partida para revaluar muchas de las estrategias que hasta ahora se pensaba que tenían un efecto positivo para revertir las amenazas contra la biodiversidad

Infográfico

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