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¿Cómo era el resto del mundo cuando Jesús vivía?

Una aproximación al mundo que, aunque no se conocía, se desarrolló en los primeros siglos después de Cristo.

  • ¿Cómo era el resto del mundo cuando Jesús vivía?
  • Foto: World History Maps
    Foto: World History Maps
  • Mapa de América de Sebastian Munster publicado en 1561 que separa por continentes. FOTO Geografía infinita
    Mapa de América de Sebastian Munster publicado en 1561 que separa por continentes. FOTO Geografía infinita
Vanesa de la Cruz Pavas | Publicado el 16 de abril de 2022

En este lado del mundo se ha contado una historia de un solo lado, con un solo protagonista, una sola versión. Jesús ha sido el centro y el hilo conductor y así lo demuestra la bibliografía: miles de artículos, libros y cátedras que hablan del mundo en el que Jesús vivió, de la gente que lo rodeó, de lo que comía, de los lugares a los que viajó... Basta con mirar la fecha en la que estamos parados: han pasado más de 2.000 años después de Cristo (d.C.) y hubo también un antes, antes de Cristo (a.C).

Pero el mundo en el Siglo I no era solo Galilea, Judea y Jerusalén, la vida humana “civilizada” no existía solo en Oriente Medio, sino que hay miles de años de historia y, aunque había zonas y continentes enteros “sin descubrir”, ya tenían sus propias comunidades civilizadas, formadas, con modelos sociales y económicos que funcionaban y que, algunas, todavía sobreviven hoy, 20 siglos después.

Este artículo es un acercamiento, muy superficial (porque mucha historia se borró o no se registró), de la vida en la Tierra en la que vivió Jesús más allá de sus fronteras, de la mano de bibliografía y de algunos historiadores, destacando las sociedades y culturas más que la historia y las fechas. Algunos nombres pueden no ser exactos o se perdieron en el tiempo y las locaciones no son precisas, solo aproximadas. Es lo que hay. Y aunque el debate sobre los continentes todavía se mantiene (¿hay cinco, seis o siete?), para fines de este trabajo se hablará de África, Europa, Asia y Américas, los más grandes.

Lo que rodeaba a Jesús

La mayoría de los historiadores afirman que Jesús de Nazaret sí existió, que vivió a comienzos de lo que para nosotros es el Siglo I en el Oriente Medio, en las regiones de Galilea y Judea y que fue crucificado en Jerusalén en el año 30 bajo el gobierno de Poncio Pilato. Para entonces, la sociedad estaba estructurada en clanes o tribus que eran como familias descendientes del mismo antepasado y se han dividido en tres: matriarcados, patriarcados y en los que la autoridad la ejerce el hermano mayor; pero la israelita era patriarcal.

Galilea era conocida por ser tierra fértil y su vocación fue la agricultura, con cultivos de trigo, cebada y lino; y en la ganadería había sobre todo cabras, una que otra vaca y muchos menos cerdos, por razones religiosas; y había pesca en el lago de Genesaret.

El sistema económico era rico, con caminos para el comercio interno y vías para la exportación hacia el Mediterráneo, Egipto, Siria y Mesopotamia, y se cree que se basaba en la explotación de los recursos naturales para agricultura, ganadería y pesca. Se pagaba con la moneda romana (llamada dracma) que era la más popular, pero había otras con menor valor.

Foto: <b>World History Maps</b>
Foto: World History Maps

¿En el resto del mundo?

Hay evidencias de vida humana de hace más de 300.000 años y para la época de Jesús ya había imperios conformados y fortalecidos, como el Romano, pero nos enfocaremos en el Siglo uno a.C. y en el I d.C. Para esta fecha, parte de Europa, Asia y África del norte se encontraban conectados y los imperios se relacionaban entre sí y sabían de su existencia, como una primera “globalización” de lo que había, porque poco o nada se sabía de Australia, del resto de África y de América.

En términos económicos, en ese primer siglo dominaba el Imperio Romano, con un sistema bancario y una moneda que dominaba y, según un artículo de BBC, un estudio de Deutsche Bank calcula que Roma controlaba 25 % de la producción mundial, o de lo que para ese entonces era “mundial” ( Europa occidental, el norte de África y algo del Medio Oriente), y que sus rivales eran Parthia (hoy Irán) y Alemania, pero solo con 2 % y 1 %. Roma tenía, además, entre 50 y 100 millones de habitantes y carreteras avanzadas que se usaron casi hasta hace un par de siglos.

En China del siglo I a.C. reinaba la Dinastía Han, de África se conocía el norte: Egipto, Sudán, Etiopía, “y ahí se van dando inicios religiosos”, explica el escritor y profesor de Culturas y Religiones del Mundo de la Universidad Pontificia Bolivariana, Memo Ánjel.

Grecia estaba desarrollada pero en manos de romanos y “había lugares interesantes, como Babilonia, de donde surgió la lengua de Palestina, que era el Arameo”. En Asia dominaban los mongoles, que estaban ocupando partes de China y extendiéndose por Rusia.

En términos artísticos, culturales y gastronómicos, en Roma se comía pescado y si estaba podrido se controlaba con salsas, en Europa se giraba en torno al trigo, los franceses hacían embutidos de carne y tomaban cerveza de cebada; y la literatura comienza a tomar fuerza con obras como Las metamorfosis de Apuleyo y El arte de amar, de Ovidio.

India no era estado unitario, sobre todo en el sur, y allí se desarrolló el arte grecobúdico, “en el que destacarán las esculturas con motivos budistas realizadas al estilo griego, donde se ve la técnica del paño mojado y la expresión helenística en muchos de los rostros producidos”, según un análisis publicado por Fernando Bujedo Villalba, licenciado en Historia por la Universidad de Málaga, y China se dividía en dinastías hasta que comienza a unificarse después de décadas de guerras.

Lo que se sabía que existía estaba conectado con diversas rutas marítimas y terrestres que hoy se conocen como la Ruta de la seda, que permitía el comercio de, como su nombre lo dice, sedas, materias primas, especias, metales preciosas, y también la socialización e intercambio de culturas, arte, lenguas, religiones y filosofías. Por eso se han encontrado evidencias de una civilización dentro de otras poblaciones.

Era un mundo pequeño comparado con el de ahora, pero culturalmente rico, conectado como pudo y con intenciones de expansión. Mientras tanto, las demás culturas que para la fecha no existían en el radar pero que estaban haciendo su propia historia, se desarrollaba. Ahora bien, explica Selnich Vivas Hurtado, poeta y profesor de Literatura de la Universidad de Antioquia, “no se deben comparar. No hay modelos de desarrollo determinados y las que no se acogieron a este modelo no están mal. No hay culturas superiores e inferiores”. Esto es lo necesario para vivir en respeto en medio de la diferencia cultural, religiosa y de creencias.

¿Y América qué?

Mapa de América de Sebastian Munster publicado en 1561 que separa por continentes. FOTO <b>Geografía infinita</b>
Mapa de América de Sebastian Munster publicado en 1561 que separa por continentes. FOTO Geografía infinita

América no es nueva. Fue colonizada desde 1492 por los españoles y ya había recibido visitas precolombinas de vikingos y de poblaciones del norte de Siberia cerca al año 1.000, pero eso no quiere decir que ahí comienza su historia. De hecho, hay evidencias que indican que se trata de miles de años atrás: investigadores encontraron huellas humanas que datan de 23.000 años de antigüedad, por lo menos. Sin embargo, conocer ese pasado ha sido difícil pues no hicieron muchos registros, o fueron destruidos o están contados desde una sola visión.

Según Memo Ánjel, para ese primer siglo en América apenas se estaban formando imperios, pueblos de agua como los toltecas que después serían los Aztecas, y tribus que se movían de aquí para allá. Selnich Vivas concuerda: había además gran variedad de culturas, seguramente miles, y todas se encontraban en modelos y propuestas de desarrollo diferentes. Ya existían ciudades en algunos lugares y tenían construcciones en piedra en lo que hoy es Centroamérica, pero también en el mundo andino, como Bolivia y Perú. Acota que es incorrecto decir que eran culturas atrasadas, porque todas tenían una comprensión del mundo distinta: había agricultoras, urbanísticas, navegantes... “Se habían hecho incluso exploraciones hacia Polinesia, el Pacífico y por el Caribe. Había también ciudades que demostraban que tenían organización social y política y un sistema económico que alimentaba la ciudad, como Tenochtitlan”, explica Vivas.

De lo que se sabe, se destaca que en todo América había culturas horticultoras, que vivían del autoconsumo y que todavía hoy se conservan a pesar de la conquista; que eran maestros en la orfebrería que educaron a los europeos posteriormente; que hubo alfareros, obreros, grandes constructores, ingenieros hidráulicos como los Zenúes que fabricaron los canales dentro de los territorios para transporte de agua; culturas cuidadoras de bosques como las del hoy Chocó y Amazonas; medicina ancestral a partir de hoja de coca, por ejemplo; entre otros datos. “Los nombres no los sabemos porque cuando llegó la conquista se suspendió la memoria ancestral, se borró todo, quedaron ruinas”, añade Vivas.

Se alimentaban de yuca, que aprendieron a “domesticar”, de chía, quinua, maíz, papa, “y lo sabemos porque hay piezas fosilizadas, no porque sepamos cómo se llamaban esas culturas”. Eran cultivadores de arte, tocaban instrumentos como la ocarina, flautas, formas de tambor y sonajas, hacían esculturas megalíticas y tenían modelos espirituales que nunca fueron monoteístas, “lo sabemos por las piezas encontradas permiten entender que había un relacionamiento no con un único dios, sino con múltiples entidades espirituales, energéticas”. Al tiempo, habitaron la Tierra animales que eran más grandes, grandes mamíferos similares a los mamuts, a las serpientes gigantes y algunos marinos. Finalmente, sí eran culturas civilizadas, a su forma, porque “no todas necesitan seguir el mismo proceso de desarrollo”.

Vanesa de la Cruz Pavas

Periodista de la UPB. Amante de las historias y de las culturas. Estoy aprendiendo a escuchar y a escribir.


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