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Tras varios escándalos, Roger Waters llegó a Colombia con This Is Not a Drill

Las posturas políticas del británico han ocasionado intentos de saboteo de sus conciertos en Alemania, Argentina, Chile y Uruguay.

  • This Is Not a Drill es la gira de conciertos con las que el bajista y compositor británico se despide de los escenarios. Sus presentaciones han sido muy comentadas por la prensa internacional. FOTO: Getty
    This Is Not a Drill es la gira de conciertos con las que el bajista y compositor británico se despide de los escenarios. Sus presentaciones han sido muy comentadas por la prensa internacional. FOTO : Getty
04 de diciembre de 2023
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En un año el músico británico Roger Waters ha demostrado que puede ser una estrella carismática y un anciano gruñón. Ha sido un tipo que no se guarda sus opiniones sobre los asuntos de la política internacional y sobre los músicos pop que llenan estadios y son celebres en TikTok. En la ONU, Waters habló de la guerra en Ucrania, en las tarimas de muchas ciudades expresó sus puntos de vista respecto al conflicto entre Israel y Hamás. Su retórica no se ha limitado a los asuntos de la política internacional: también les ha lanzado dardos a Drake, a The Weeknd. Por supuesto, no podía faltar David Gilmour —su ex compañero en Pink Floyd— en la lista de los blancos de sus andanadas.

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Todo esto lo ha hecho en su despedida de los escenarios, una gira que muy apropiadamente se llama, a la manera irónica del cuadro de René Magritte, This Is Not a Drill. Con sus shows, Waters —el cerebro detrás de algunos de los discos más importantes de la historia del rock— no ha dejado indiferente a ninguno de los países que ha visitado el tour por Estados Unidos, Europa y Latinoamérica ha sido un auténtico taladro (drill), cuyas brocas han horadado varios temas y personajes.

A lo largo del recorrido no han faltado los escándalos y los intentos de saboteo: en Alemania casi cancelan el concierto tras acusar al músico de antisemitismo, señalamiento que se repitió en Argentina, Chile, Uruguay y Colombia. En estos últimos países los hoteles en los que se iba a hospedar Waters con su comitiva cancelaron unilateralmente sus reservas y llevaron el hecho a los medios noticiosos.

No son pocos quienes en las redes sociales afirman que Waters ha dejado de ser un músico para ejercer a tiempo completo el oficio del activista. En esa lectura hay acierto y mala leche: el bajista siempre ha sido un activista, lo fue en la época en la que compuso The Dark Side of the Moon, Wish You Were Here, Animals, The Wall y The Final Cut. Él no tiene lío alguno en aceptar ese diagnóstico. Incluso lo ha convertido en un emblema al punto de que los conciertos de This Is Not a Drill comienzan con una advertencia grabada por Waters: “Si eres de los que dicen me encanta Pink Floyd pero no soporto las opiniones políticas de Roger, harías bien en irte a la mierda”.

No es la primera vez que el músico le hace saber al público lo que él piensa de las multitudes que se arremolinan en los estadios y los teatros. A fin de cuentas, ahí está la legendaria anécdota del concierto en Canadá, en el que él escupió el rostro de un fanático que le exigía a los gritos tocar una canción, para dejar en claro sus relaciones con las audiencias.

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Si se mira la trayectoria de Waters, esta línea de comportamiento durante 2023 no resulta anómala. Waters ha sido Waters, y lo ha sido sin filtros ni matices. Sin duda, en una época en la que los músicos no hablan de política o, si lo hacen, adoptan la postura de las mayorías, que un anciano diga en sus canciones que los vencedores del capitalismo —los mismos a los que usted y yo admiramos— son unos cerdos y que los políticos y los militares se comportan con la lealtad de los perros desencadena un aluvión a favor y en contra. Lo cierto es que esa postura no se detiene en los terrenos políticos. También se inmiscuye en el arte. ¿De qué otra manera se entiende que Waters grabara, cincuenta años después de su lanzamiento, las letras de The Dark Side Of The Moon, el disco que llevó a Pink Floyd a la cima del rock progresivo? ¿No hay en ese acto de reescritura altas dosis de temeridad, ego y valentía? ¿Para qué transformar lo que en la primera vez acarició la perfección?

De Waters se pueden decir muchas cosas: que es un egomaniaco, que no es un virtuoso, que sus declaraciones públicas son estridentes. Sin embargo, también, para honrar la verdad, se debe decir que es un artista. Y lo es en el sentido original de la palabra: alguien que tiene para decirle algo al mundo y lo dice por todos los medios a su alcance. Lo dice en canciones del lirismo enajenado de Hey You, de Don’t Leave Me Now, de Nobody Home; en poemas taoístas de la dimensión de Breathe o de Eclipse. Lo hace en conciertos en los que los cerdos vuelan y los aviones se estrellan contra los muros de la sordera y de la cómoda insensibilidad.

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