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Andrés Restrepo, el escritor que ganó dos premios y podría no recibirlos

Restrepo ganó dos de las modalidades de estímulos de la Secretaría de Cultura, pero por su lugar de residencia es posible que no se los den. Esta es su historia.

  • Andrés ya inició los trámites que le pidieron en la Secretaría para otorgarle el premio. Se espera que le respondan pronto. FOTO cortesía
    Andrés ya inició los trámites que le pidieron en la Secretaría para otorgarle el premio. Se espera que le respondan pronto. FOTO cortesía
ÁNGEL CASTAÑO GUZMÁN | Publicado el 13 de julio de 2022

Las alegrías nunca son completas. El cineasta y escritor Andrés Restrepo Gómez ganó dos de las modalidades del estímulo de la Alcaldía de Medellín, en la línea de novela y de libro de poemas. Dos grupos de jurados escogieron sus libros entre los presentados este año al concederles una calificación superior a los noventa puntos. Sin embargo, una condición de la convocatoria tiraría por tierra la felicidad del escritor: Andrés reside en Medellín y en Buenos Aires, y las normas de estímulos exigen que el ganador esté radicado por completo en la capital antioqueña.

El asunto no está resuelto: la secretaría de cultura ciudadana le dio a Andrés hasta el 18 de julio para entregar los documentos que avalen su propuesta: un certificado de migraciones y otro de residencia. EL COLOMBIANO conversó con el autor sobre este lío y sobre las propuestas de sus dos libros.

¿Cómo tomó lo noticia de que sus propuestas de novela y poemario fueran las mejor calificadas en la reciente convocatoria de Estímulos de la Alcaldía de Medellín?

“Con la mayor de las sorpresas. Es la primera vez que recibo un reconocimiento literario. Viniendo de mi ciudad natal y habiendo tantos proyectos participantes, me alegró mucho y me regresó el entusiasmo por ambos proyectos. Recuerdo que participé en poesía en 2015, cuando estudiaba Audiovisuales en la UdeM, y recuerdo que un profesor que tenía se presentó a novela y ganó. Quedé por allá de treinta y algo, con un poemario bastante ingenuo (para usar un término amable). Ser en esta ocasión ganador de ambas categorías, novela y poesía, me estimula a pensar que algo mejora en la escritura con la persistencia a lo largo de algunos años”.

Sin embargo, la alegría no es completa. Háblenos de los líos con algunos de los documentos que ponen en vilo los premios...

“Así es. Si bien, soy de Medellín, desde hace algunos años por cuestiones laborales y académicas voy y vengo entre Colombia y Argentina en diferentes momentos del año, teniendo mi residencia en ambas partes, pero constituida principalmente en Medellín (allá tengo toda mi familia, mi casa, mis amigos, mi pareja, mi EPS y hasta mis impuestos). Sin embargo, según la Secretaría de Cultura, se me exige una residencia permanente. Me exigieron suministrar un certificado de movimiento migratorio y la propia residencia, ambos trámites que ya inicié. Supongo que en las próximas semanas decidirán si otorgarme o no los estímulos.

Cabe decir que me parece sumamente irónica esta situación, en directo diálogo con la novela que estoy escribiendo y que ganó el estímulo. Se trata de una reescritura libre de ‘El Proceso’ de Kafka que, entre otras cosas, actualiza el agobio de los nuevos tipos de burocracia. Por supuesto que acataré cualquier decisión de la Secretaría, pero no deja de resultarme absurdo este traspié y no dejo de sentirme extranjero en mi propia ciudad por ver en riesgo los premios”.

La novela que menciona aborda un tema complejo: el de los equilibrios frente a lo políticamente correcto. Un tema espinoso en estos tiempos...

“Sí, en “Un onvre” tomo el tema del juicio indeterminado a Josef K. (de la novela de Kafka) y lo resignifico en un escrache que comienza por un malentendido laboral y va escalando hacia legajos absurdos, por ofensas a todo el mundo que él comienza inevitablemente a cometer. Creo que en una sociedad que pretende visibilizar diversas causas, luchas e ideales, por más urgentes y legítimos, paradójicamente nos estamos volviendo más opresores y neo-puritanos; en especial al momento de valorar las obras de arte con etiquetas simplificadoras. Estoy convencido de que, luego del escándalo y la risa, la incorrección desenmascara a la hipocresía; e incluso, sin moraleja, puede alcanzar cuestas morales más altas que cualquier otra agenda de turno. Porque el absurdo no enseña, sino que muestra. Al desacralizar todas las consignas, al saber al mundo como una representación fluida donde solo hay actores, escenarios y roles, creo que nos vamos acercando, en definitiva, a un futuro verdaderamente fraterno y libre”.

¿Qué autores e historias le sirvieron para tejer esta ficción?

“Más que servirme, te cuento lo que estuve leyendo durante la escritura de la novela. El ya mencionado Kafka (que lo agarré en pandemia y me mató, me encerró más), pero también todos ‘sus precursores’, como dice Borges. ‘Bartleby, el escribiente’, de Melville, fue clave. Beckett también, sobre todo por ‘El innombrable’. Para el tono corrosivo creo que me influenció mucho la voz narradora de Rodolfo Fogwill..., y sin duda, aunque no la sepa consciente ni se note en una primera capa, hay una influencia (infecciosa, inevitable para cualquier narrador colombiano) de esa cosa barroca de García Márquez. De hecho, en la primera página hago una referencia al inicio de ‘Cien años de soledad’: ‘El mundo era tan poco reciente, que muchas cosas abundaban de nombres, y para mencionarlas sin agraviar había que ser cauto: eufemístico’. El cine también es elemental para la trama. En la novela el protagonista trabaja como corrector estatal de películas y el narrador refiere todo el tiempo a historias del Hollywood Clásico de los 40 y 50 (quizás el cine que más consumo). Por mencionarte un par, son claves dentro de la historia las películas ‘El apartamento’, de Billy Wilder; ‘Los viajes de Sullivan’, de Preston. Durante la pandemia, paralelo a leer a Kafka me puse a ver muchas Screw Ball Comedies de los años 30. Hay algo de lo disparatado (e incorrecto) de esas historias de amor que calaron muy hondo en la novela. A la larga, por más distopia absurda, ‘Un onvre’ es una historia de amor”.

E incluso en la portada de su primer poemario hay una foto intervenida del personaje de los 400 golpes...

“Exactamente, me persigue Antoine Doinel. Espero ya sacármelo de encima con este segundo libro de poemas. Igual, si hablamos de Nueva Ola Francesa, mi corazón le pertenece a Eric Rohmer. Es el más ortodoxo a nivel formal, y sin embargo sus vínculos y sus personajes son de una complejidad insuperable”.

De no concretarse los premios, ¿cuál será el destino de ambos libros?

“La corrección incesante. Hasta que encuentren editorial”.

*El Colombiano consultó a la Secretaría de Cultura y respondieron que todavía no hay resolución de otorgamiento, están en verificación de inhabilidades.

Si quiere más información:

Ángel Castaño Guzmán

Periodista, Magíster en Estudios Literarios. Lector, caminante. Hincha del Deportes Quindío.


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