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“A la poesía la están enterrando desde que yo me conozco”

Novelista, ensayista y, sobre todo, poeta, Darío Jaramillo Agudelo es uno de los nombres mayores de la literatura antioqueña. Una entrevista sobre su más reciente libro.

  • Darío Jaramillo Agudelo nació en Santa Rosa de Osos en 1947. Durante muchos años fue subgerente cultural del Banco de la República. Ha escrito novelas, poemas y ensayos. FOTO camilo suárez.
    Darío Jaramillo Agudelo nació en Santa Rosa de Osos en 1947. Durante muchos años fue subgerente cultural del Banco de la República. Ha escrito novelas, poemas y ensayos. FOTO camilo suárez.
08 de julio de 2023
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Homenajeado con el premio Erato —otorgado por un colectivo cultural de Sabaneta—, Darío Jaramillo Agudelo habla despacio y con voz grave. A lo largo de su vida ha escrito ensayos, novelas, prólogos, pero su nombre siempre ha estado enlazado con versos que celebran la carne y el alma del amor. En uno de esos poemas, Darío amenaza y promete la escritura de un texto que no tenga los tópicos sentimentales al uso —tan difundidos por los boleros y las baladas—, pero que sea una experiencia sensorial. Dice: “Sin comparaciones, sin metáforas, algún día escribiré un poema que huela a ti”. Es decir, un poema que no sea poema sino pieles brillantes y narices curiosas.

Repito: Darío ha escrito ensayos, ha hecho antologías, ha redactado novelas. Y, sin embargo, en los recitales la gente le pide leer los versos de Poemas de amor, un libro publicado en 1986. Aunque al principio conduje esta entrevista por el camino de su libro Poesía colombiana, una antología de sus textos hecha por un tercero, al final volví al tema del poema amoroso. Darío atendió con paciencia las preguntas mientras a su alrededor los asistentes a un almuerzo en su honor orbitaban a la espera de una foto, de un autógrafo, de un apretón de manos.

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En la poesía colombiana es muy normal que los poetas escriban sobre poetas. En su más reciente libro hace usted un balance de la historia de la poesía colombiana...

“Ese libro resultó porque un tipo muy dedicado, que se llama Darío Rodríguez, hizo la compilación y fue el que investigó todo y resultó esto. A mí mismo me impresionó ver un montón de cosas que yo había escrito. Como el libro reúne un trabajo de cuarenta años o más da cuenta de un montón de Daríos que pertenecen a otras épocas. Ahora, mirado como conjunto, como balance, resulta curioso. El libro se organizó de forma cronológica y quedaban faltando unos pocos nombres como para completar una historia de la poesía colombiana.

El libro es una antología de unos prólogos de obras de muchos de los poetas que están ahí y de ensayos que yo hice en su momento. Alguien recogió ese material y se volvió el libro. Lo que te quiero decir es que no hubo una voluntad del libro, sino que son textos que coinciden en el tema y a alguien se le ocurrió la idea de reunirlos, de juntar todo lo que yo hice sobre un tema”.

¿Ha cambiado su opinión sobre algunos de los autores?

“Bueno, no lo he releído todo. No soy muy lector de lo que yo he hecho. Pero sin duda que uno va cambiando de opinión. No es tanto eso lo que me preocupa del asunto, lo que me preocupa es haber sido injusto. Y de seguro fui injusto. No voy a contarte con quiénes lo fui pero sí lo fui”.

Y una de las injusticias de todo panorama es la gente que se queda por fuera...

“Exacto. Me lo he preguntado varias veces: ¿qué poetas habría que meter ahí para volver este libro una historia de la poesía colombiana? Y lo que haría falta serían los últimos poetas. Me hubiera gustado mucho escribir sobre María Gómez Lara, que me parece una gran poeta, una chica muy joven que apenas está comenzando su andar por la poesía. Es menor de 40. Tal vez lo que me haría falta sería eso: los menores de 40, donde hay varios poetas muy interesantes”.

Hace años hizo un panorama de la crónica en Latinoamérica. Hace parte de su espíritu ser un antologista...

“Antologías he hecho un montón. La de la crónica fue un trabajo muy largo, me demoré muchos años. La mentira oficial que he dicho es que leí más de 2.000 crónicas. Pero yo en realidad, no sé cuántas. Fueron muchas. Y en un momento en que todavía no estaba el auge que ha tomado después ese género. Esa antología se llama Antología de la crónica latinoamericana actual, y ese actual alude al momento de publicación que puede ser ya más de 10 años. Lo que me hace sentir muy bien con ese libro es que ese actual no se ha desactualizado.

Los grandes cronistas siguen siendo esos: siguen siendo Leila Guerriero, siguen siendo Alberto Salcedo y Juan Villoro, los que yo más destaco. De todas formas es un género muy interesante que mantiene una fuerza enorme en el castellano de América Latina”.

Todo antologista también tiene como la intención de compartir su pasión de lectura...

“Pero claro, es eso. Y hay una cosa que en determinado momento yo noto que la mejor prosa narrativa que se está escribiendo en el idioma, por lo menos en América Latina, es la de la crónica, no tanto la de la ficción. Y fue ese juicio, exactamente ese juicio, el que me condujo a sistematizar en un libro mi pensamiento. Y en verdad sí, los cronistas son unos escritores extraordinarios, con una fuerza especial. Además, con una cobertura de temas por fuera del ordinario. Es decir, siempre abordan el ser extraño, las situaciones insólitas”.

Usted hace parte de una generación compuesta por poetas y ensayistas. Me refiero a la generación desencantada. Ahí están Juan Gustavo Cobo Borda, Harold Alvarado, Juan Manuel Roca, que han hecho ejercicios similares. ¿Es esto algo generacional o no?

“No soy capaz de juzgar los motivos de los otros. Los míos fueron tratar de poner en orden las ideas. Entonces, cada vez que quiero organizar un tema me siento a escribirlo. Es la forma de mirarlo desde fuera y de organizarlo. Y en mi caso ha sido un intento de organizar ideas, ese fue el objetivo que tuve y que me impulsó a hacer ensayos”.

Cobo Borda dijo que la poesía colombiana es pobre...

“Yo lo que rechazo son los juicios comparativos, incluido ese. ¿Pobres con relación a qué? Si yo me pongo a leer poetas colombianos encuentro que hay magníficos poetas colombianos. Y uno nunca lee comparativamente, las comparaciones las hace uno después. Y como uno no lee comparativamente, mientras los leo me parecen muy buenos. Es decir, si es pobre una tradición en la que fue poeta Aurelio Arturo, donde fue poeta Rogelio Echavarría o donde lo fue Jaime Jaramillo Escobar... pues bendita pobreza. Bendita si la pobreza es la de Aurelio Arturo, la de Jaime Jaramillo”.

Su obra poética conecta muy bien con los jóvenes, sobre todo por la temática del amor...

“Pues sí, pero eso fue una cosa editorial, no fue un propósito que haya tenido. Cuando yo publiqué el libro Poemas de Amor tenía mucho miedo de publicarlo, porque era como impudoroso. Impudoroso con mi intimidad pudo ser publicar testimonios de mis amores. Corrí con suerte y le interesó a la gente, pero también eso es producto del azar, no tiene mayor incidencia en mí mismo”.

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Vivimos en un tiempo donde la tecnología pareciera que pudiera hacer cosas que hace el arte. Ya los algoritmos hacen cuadros, pueden hacer poemas, ¿estamos al final de la poesía como la conocemos?

“No te sé contestar la pregunta, lo que sí sé es que a la poesía la están enterrando desde que yo me conozco. La gente siempre ha dicho que nadie lee poesía y nadie la escribe y no es tan cierto. A la poesía está recurriendo la gente, primero que todo con intenciones extraliterarias: la primera es la de hacer catarsis de lo que está sintiendo, ese es el punto inicial de la poesía. ¿De ahí resultan textos con algún valor artístico? Pues en un porcentaje bajito, como ha pasado siempre en la vida, con computadoras o sin computadoras.

Pero en todos casos la poesía sigue siendo, antes de ser un género artístico, una vía de catarsis, que es muy útil a todos”.

¿Qué debe tener alguien para ser un poeta?

“Primero que todo se debe leer poesía, para uno darse cuenta de que se está metiendo y la calidad de cosas que hay. Yo resulté metido en esto, para empezar, porque en mi casa se decían poemas en voz alta, porque mi padre recitaba sonetos de Lope de Vega o de Santa Teresa o de Arcipreste de Hita, en fin.

Y entonces esos sonetos me quedaron y seguí leyendo. Yo creo que alguien que esté interesado en hacer poesía, debe comenzar por darse cuenta qué se ha hecho en poesía”.

¿Y qué poetas están en su nochero?

“Bueno, ahora estoy leyendo prosa. Estoy leyendo novelas de Alejandro Dumas, y me tiene entrampado, no puedo salir de eso. Me gusta mucho. Y leo algunos poetas colombianos, porque me llegan muchos libros, pero no tengo ninguno en mi mesita de noche”.

¿Y está trabajando en la escritura de poemas, de ensayos, de novela?

“Toda la vida me ha pasado: hay una época en que escribo mucho y hay épocas en que no emprendo un macro proyecto. Y en este momento estoy en el segundo estado. No estoy en ningún macro proyecto. Yo creo que por culpa de que últimamente he publicado muchos libros, o me han publicado muchos libros, aunque no los haya acabado de escribir. Lo último que hice fue un libro sobre la colección de arte del Banco de la República, que se llama... ya no me acuerdo como se llama el libro, pero me tuve que dedicar como un año a eso. Y de resto estoy tomando noticas para hacer reseñas. Yo hago un correo quincenal de reseñas, estoy en eso”.

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