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Ritos fúnebres que reconfortan en plena tragedia

El terremoto en Nepal, además del dolor y la tragedia, abre el espacio para una mirada desde la cultura a la forma cómo las sociedades asumen la muerte.

  • Con más de 2.400 muertos, el terremoto de Nepal llena de luto a varios países. Y cada cultura enfrenta su duelo de acuerdo con su tradición. En la foto, monjes budistas novatos nepalenses del monasterio Tergar, en India, ofrecen oraciones por las víctimas. FOTO AFP
    Con más de 2.400 muertos, el terremoto de Nepal llena de luto a varios países. Y cada cultura enfrenta su duelo de acuerdo con su tradición. En la foto, monjes budistas novatos nepalenses del monasterio Tergar, en India, ofrecen oraciones por las víctimas. FOTO AFP
Ritos fúnebres que reconfortan en plena tragedia
Por josé alejandro pérez m. | Publicado el 27 de abril de 2015

La muerte es algo ineludible. Nacemos con la certeza de que en algún momento esta llegará. Casi siempre, es la esperanza, luego de muchos años de vida.

El deterioro natural del organismo, una enfermedad, también la violencia, un accidente, o en casos como el ocurrido este fin de semana en Nepal, una tragedia natural, significan para uno, o para muchos el fin de su ciclo vital, por lo menos de su experiencia terrena.

“El muerto es considerado, de acuerdo con las circunstancias de su fallecimiento, como un héroe. En muchas culturas, entre ellas las africanas, los llaman ‘ancestros’, dignos de recordar. Cuando alguien muere de forma natural y ha tenido tiempo de prepararse para ese gran ‘viaje’ o ‘paso’ que significa el paso de la vida a la muerte, que es otra vida, la noticia de su deceso es recibida con tranquilidad por sus allegados. Cuando se trata de una muerte abrupta, la de los suicidas, los asesinados, los guerreros que mueren en batalla, y quienes perecen en desastres naturales, considerados ya como víctimas, la comunidad, sus seres queridos creen que no estaba listo, no estaba preparado para ese paso”, explica la antropóloga de la Universidad de Antioquia, Francy Esther del Valle.

Esperada, o no, la muerte de una persona genera siempre en su sociedad el desarrollo de una serie de procesos, de rituales que buscan rendir un homenaje, recordar e incluso facilitarle a esa persona el tránsito hacia un nuevo estadio.

“El ritual va más allá de lo religioso, es un homenaje a ese ser que partió, y a la sociedad que lo sobrevive”, plantea el antropólogo forense y asesor de varias firmas de servicios fúnebres, Gregorio Henríquez Gómez.

Aunque dependiendo de la cultura y la sociedad, el ritual funerario tiene unas características particulares, el experto Henríquez Gómez sí identifica algunos elementos que se pueden señalar como comunes a este proceso en el que los vivos despiden a sus muertos.

Se trata de rituales que tienen todos un proceso de preparación del cuerpo con un lavado, una limpieza física y simbólica del cuerpo. Luego se da el momento del homenaje, casi siempre con una exhibición del cuerpo, y luego su disposición final, bien sea en enterramiento, cremación o en algunos, ya no tan comunes, como dejar el cuerpo en sitios especiales para que animales carroñeros dispongan de él.

Y un tercer momento que representa la experiencia vital que deja en los sobrevivientes todo el desarrollo del ritual.

“El ritual del paso de la vida a la muerte significa acompañar al difunto a la nueva vida, la cual es de una forma distinta a la que el ya vivió, donde debe aprender otros lenguajes y otros saberes propios del mundo de los muertos y que en muchas ocasiones serán allí iniciados por sus ancestros, que han estado esperándolos”, plantea desde la visión antropológica Francy Esther del Valle.

El terremoto, que deja hasta el momento más de 2.400 muertos en el Himalaya, permite, más allá del impacto y el dolor inicial, dar una mirada respetuosa a la forma como las diferencias culturas enfrentan su relación con la muerte de los seres queridos.

Sin importar la forma, los ritos fúnebres buscan siempre darles un mensaje de consuelo y de esperanza a los deudos de quienes nos dejan, con mayor razón cuando su muerte es trágica.

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Contexto de la Noticia

Nepal, entre el hinduismo y el budismo

Nepal es un país de mayoría hinduista, por eso su tradición fúnebre tiene como uno de los principales ritos la cremación, que en el caso de su capital, Katmandú, tiene en el río Bagmati y en el templo de Pashupatinath el principal sitio de homenaje para que los cuerpos cremados de sus muertos vayan a sus aguas sagradas.

Pero también existe una tradición budista, que, explica Gregorio Henríquez, busca la pronta liberación del alma del cuerpo, por eso su rito fúnebre implica la desmembración o trituración del cuerpo con grandes rocas. “Esta es una cultura que vive el concepto de impermanencia, estamos acá para partir, de tránsito, ven la muerte como una gran liberación de la rueda kármica. Hay una renuncia al cuerpo, y esa renuncia implica la destrucción acelerada para permitir que esa alma rompa todo vínculo y librarse a algo superior”.

Toda su tradición se basa en el Libro tibetano de la vida y la muerte. Sin embargo, agrega, en el caso concreto de la disposición de los cadáveres originados por el terremoto, plantea el especialista que es posible que, el gobierno chino- que, además,ha estado en contra de las expresiones culturales y religiosas del territorio de Nepal- disponga la utilización de fosas comunes también con el argumento del alto número de fallecidos, más de 2.300 solo en Nepal, que no facilitan el desarrollo de ritos tradicionales.

El rito católico apunta a esperanza

En el caso de la religión católica, el ritual funerario, anota Henríquez Gómez, es un ritual que se aproxima al fenómeno de la muerte desde la conmemoración, de traer a la memoria; y también desde el recordar, o pasar por el corazón. “La mente y el corazón vinculados en un ritual de eternidad”.

Anota que el ritual desarrollado con base en la tradición cristiana católica busca esencialmente mantener la esperanza en el reencuentro, y su desarrollo se orienta hacia un mensaje que señala que la muerte no es algo definitivo. “En este sentido la Semana Santa es un reflejo, y la procesión de resurrección es la parte culminante”. Como parte del rito funerario, la velación es una de las fases importantes, aunque, plantea el especialista, se ha venido desplazando más por temas prácticos. Sin embargo señala que es importante “así sea una o dos horas” pero es importante dar esa oportunidad a los familiares y amigos de despedirse, de perdonar o de pedir perdón a quien murió, “constituyen una fase trascendente dentro del ritual católico”.

El ritual católico permite tanto el entierro tradicional con sepultura, o en una bóveda; así como la disposición de cremación del cuerpo.

Judios: de vuelta a la tierra

La tradición religiosa en el judaísmo no permite la cremación del cuerpo del difunto, ni tampoco la tanaxopraxia, es decir la preparación del cuerpo en la cual se le extraen los líquidos vitales, que para los practicantes de este credo son fundamentales. El ritual en el pueblo judío busca la pureza. El cuerpo se lava y se amortaja como un símbolo de igualdad absoluta de los seres humanos ante la muerte. En los homenajes que se rinden a quien fallece, se coloca una vela en la cabecera, y no se permiten flores. Además todo símbolo de lujo se cubre.

El cuerpo siempre debe ser enterrado La tradición judía prohibe la disposición del cuerpo en mausoleos, o la cremación. “A la tierra vuelve lo que de ella ha surgido”, explica gráficamente Gregorio Henríquez. También, en el marco de la ceremonia se realiza lo que se denomina Keriá, que es la rasgadura de la ropa por parte de los deudos como expresión del dolor interno por el fallecimiento.

El rito se acompaña con la lectura de oraciones de la Torá.

La costumbre judía señala tres períodos de duelo. El primero de siete días posteriores al entierro de la persona, y que se llama Shivá. Luego está el Sloshim, que comprende los 30 días después de la muerte de la persona. Y luego se presenta el período del Avelut, que es solo para la muerte de la madre o el padre, y se cumple en los doce meses posteriores al entierro del difunto.

Oriente: la fuerza de los ancestros

En Japón, explica Gregorio Henríquez, existe una formación en la que el respeto y el culto a los ancestros es sumamente fuerte. Es común ver cómo las familias llevan a los cementerios arroz, comida y todo tipo de ofrendas para halagarlos y conservar siempre su favor. “Los muertos permanecen alrededor de las familias como espíritus tutelares”. Dependiendo de las circunstancias de la muerte puede ser un alma en pena, vengativa, furiosa o tranquila, “y todos los rituales apuntan a cómo mantenerlos contentos, de nuestro lado”.

La cremación es una práctica común en Japón, sin importar la fe que profese quien murió y su familia (el mayor porcentaje de japoneses practica el sintoismo, budismo y también hay cristianismo).

El ritual japonés exige mucho cuidado en los detalles, explica Henríquez, porque cualquier cosa que no se haga como está establecido en el ritual puede generar que el espíritu de quien falleció sufra.

Tragedias: un llamado de atención

“Somos de Dios y a él seremos retornados”, y “debemos vivir la vida siempre como si fuera el último día”. Dos de los preceptos que acompañan la visión sobre la muerte bajo la visión del credo musulmán.

El Imán Julián Arturo Zapata, fundador del Centro Cultural Islámico, explica que bajo los criterios que rigen la vida de sus practicantes el cuerpo es una dimensión “transitoria de la vida del ser humano, porque el espíritu tiene una dimensión eterna”.

Las muertes trágicas, como en el caso de Nepal y países vecinos, es vista desde la perspectiva del Islam, como un llamado de atención. “Cuando ocurren tragedias como terremotos o un tsunami, y muere muchísima gente, evidentemente Dios está haciendo una advertencia a los pueblos de que deben cambiar sus conductas morales, espirituales y materiales”.

A sus muertos, el islam obliga a lavarlos tres veces. El hombre se envuelve en 3 mantos y la mujer en 5. El cuerpo se lleva en un féretro, pero su entierro se hace sin ataúd, se gira hacia la derecha y siempre mirando a La Meca.

José Alejandro Pérez Monsalve

Comunicador social y periodista. Actualmente redactor de los temas de la industria automotriz nacional y global. Y también explorando temáticas de estilo de vida y turismo.


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