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El origen de “El Arriero” Herrera, el técnico que busca más gloria con Atlético Nacional

Pocos conocen el origen y la grandeza del técnico verde, salido del campo. Relata los inicios en el fútbol y el porqué de su apodo.

  • El origen de “El Arriero” Herrera, el técnico que busca más gloria con Atlético Nacional
  • El origen de “El Arriero” Herrera, el técnico que busca más gloria con Atlético Nacional
  • Hernán Darío Herrerra, en casa, con su mascota Atari (la “bautizó” su hijo) y la ilusión de más conquistas con el equipo verde. Cree en su equipo con el que tiene empatía. FOTOs Manuel Saldarriaga
    Hernán Darío Herrerra, en casa, con su mascota Atari (la “bautizó” su hijo) y la ilusión de más conquistas con el equipo verde. Cree en su equipo con el que tiene empatía. FOTOs Manuel Saldarriaga
  • 1. Herrera, con la Selección Colombia. 2. Panorámica de la cancha donde se forjó. 3. Con Atlético Nacional, en el que jugó entre 1976 y 1984, cuando logró dos títulos. FOTOs ARCHIVO EC
    1. Herrera, con la Selección Colombia. 2. Panorámica de la cancha donde se forjó. 3. Con Atlético Nacional, en el que jugó entre 1976 y 1984, cuando logró dos títulos. FOTOs ARCHIVO EC
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Por Wilson Díaz Sánchez | Publicado el 08 de mayo de 2022

El portón de la casa campestre se abrió y ahí estaba él, en compañía de la mascota Atari y esa sonrisa diáfana que ilumina su ojos claros. Tenía puestas una camiseta y una sudadera negras con los distintivos del club que lleva “en las entrañas”.

Acababa de regresar del entrenamiento matinal y nada parecía perturbarlo. Acostumbrado desde niño a exigentes pruebas físicas, Hernán Darío Herrera, en la intimidad de su hogar, con la humildad y calidez humana que resaltan quienes lo conocen, abrió el corazón para que las nuevas generaciones conozcan sus raíces y el camino trasegado hasta ocupar, por segunda vez, el cargo de director técnico de Atlético Nacional.

–Cuando vaya por la carretera destapada se va hasta encontrar una casa de techo al estilo europeo, no tiene pérdida, ahí los estoy esperando...

La indicaciones de “El Arriero” Herrera fueron exactas para llegar a la casa a la que le puso el nombre con la combinación de algunas letras de sus hijos Darío y Andrea, ya mayores y radicados en España y Estados Unidos. Un sitio que fue construyendo desde hace varios años y que después de servirle de refugio durante la pandemia, acogió definitivamente por la cercanía de su trabajo en el Oriente antioqueño.

Frente de la fachada de la residencia hay una manga amplia, la que perfectamente podría acondicionarse para poner una pequeña cancha de fútbol, pero que ahora está adornada con árboles y plantas con flores que él mismo siembra y cultiva en compañía de su esposa Maribel.

A un costado de la casa, un altar con imágenes de María Auxiliadora y La Virgen de Guadalupe guardan los secretos de sus ruegos, uno de ellos que comparte sin misterios: “salir campeón y darle la estrella 17 a Nacional”.

El famoso remoquete

Adentro, en una sala amplia con decoración sobria, junto a la chimenea y abrazando un cojín, Hernán Darío se deja envolver por el pasado, sus vivencias en el municipio de Caldas, Antioquia, donde transcurrió la infancia y parte de la juventud. Y claro, donde surgió su apodo (“El Arriero”) que para nada le molesta.

–Yo vengo de gente brava, de gente berraca y disciplinada. Los que nacimos en la montaña somos personas sencillas y trabajadoras, a las que nos gusta luchar y que aprendimos las enseñanzas de nuestros padres. A mí lo que me gusta es trabajar y por eso me dicen “El Arriero”. Me gustaba cuidar, ordeñar y picarle el pasto a la vaca; alimentarme de ella con leche, queso, de eso vivía y gracias a Dios nunca aguanté hambre.

Esa vaca, con la que demostró el cariño a los animales, más tarde se hizo famosa, pues en una visita de los compañeros de Nacional el samario Eduardo Retat la puso Aurora.

Mientras el perro Atari (su hijo le puso el nombre) descansa plácido en el piso, Hernán Darío relata que aunque nació en Angelópolis, en el Suroeste antioqueño, pasó 18 años en Caldas y que solo abandonó esa población cuando firmó contrato y Nacional le dio un apartamento en Medellín para que pudiera asistir a los entrenamientos.

Su familia vivía en una sencilla casa-finca donde había caballo y vaca, y todos los hermanos cuidaban de ellos, ese era el sustento de la familia. Cuenta que al papá (José Nicanor) y a la mamá (María Leticia) les gustaba el ganado, pero no eran adinerados.

–El remoquete de Arriero también viene de la forma como yo jugaba en el terreno. El narrador Jorge Eliécer Campuzano me decía así por la gambeta y porque me gustaba correr y hacer que tres o cuatro rivales estuvieran detrás de mí.

Su descubrimiento

La vida le tenía un lugar como futbolista profesional y ese sería su destino. Un día invitaron a la Selección Antioquia de mayores a jugar un partido con el equipo del municipio de Caldas, del que hacía parte Hernán Darío, en ese entonces un muchacho flaco de 15 años.

–Decían que en el pueblo había un monito talentoso, pues nosotros no teníamos la facilidad de ir a la ciudad y en ese amistoso con el equipo departamental que se preparaba para el Campeonato Nacional en Santa Marta los volví nada. A una semana del viaje, sin proceso ni nada, me convocaron a la selección. No conocía el mar y nunca había montado en avión. Para mí eso fue impresionante. En ese equipo, dirigido por Luis Alfonso Pizarro, estaban, entre otros, Pedro Sarmiento, Chumy Castañeda, Jorge Peláez, Hernán Darío Gómez, Carlos Ricaurte, Jorge Porras, una camada muy buena que se sentía orgullosa de vestir los colores de Antioquia por encima de los clubes.

Ese fue el trampolín para llegar a Nacional, del que se hizo hincha escuchando por radio las hazañas de Jorge Hugo Fernández y Tito Gómez mientras él alimentaba la vaca.

En principio, Hernán Darío asistía a un entrenamiento semanal cuando hacían fútbol entre titulares y suplentes con un elenco que se llamaba Cosmos, cuyos integrantes terminaron conformando el otrora Kínder verdolaga que proyectó el técnico argentino Osvaldo Juan Zubeldía.

Aparte de Pizarro, recuerda con cariño a los entrenadores Pedro Pablo Álvarez y Gilberto Osorio, pero resalta a Zubeldía quien los puso a trabajar a mañana y tarde, y los alejó del trago y las discotecas.

–Zubeldía nos enseñó lo que somos, a trabajar de manera sencilla, no como ahora que hay tanta cosa, creía más en el jugador y en nuestras condiciones. Éramos libres para jugar, sin tanta teoría. Debuté contra Cruzeiro de Brasil (9 de febrero de 1977 y perdieron 2-0) con estadio lleno, pero no me dio temor. A uno de la montaña le gusta eso y pensaba: 'vengo, juego y listo, se acabó. Zubeldía me metió, me dieron la camiseta y no me la quité más.

La exigencia del estratega fue que se dedicara al fútbol y le tocó dejar el pueblo y el estudio, pero lo hizo feliz por el honor de estar en Nacional.

Lugar para la estrategia

En medio del canto de los pájaros y el apacible ambiente campestre, Herrera se levanta del sofá y detrás de él va Atari, el perro que adoptó y que se convirtió en su amuleto de la buena suerte, un amigo incondicional que guarda sus secretos, hoy en día “el amor de la casa”.

Sube las escaleras hasta el segundo piso donde, además de las habitaciones, tiene un espacio que su esposa le adecuó y en el que respira fútbol: hay un tablero en el que prepara los partidos, un computador y un televisor para ver juegos y videos.

A su alrededor, tres balones que guardan con recuerdos (uno de ellos, el del título de la Copa Colombia de 2018), fotografías con Maradona, Pelé y Carlos Bianchi, otras de equipos que integró, medallas, trofeos y carnés de jugador y técnico.

Añoranzas de una fructífera carrera que los románticos recuerdan por la dupla que integró con el Poeta de la Zurda, César Cueto, en Nacional, y por sus goles en 10 años con la Selección Colombia de mayores. Testimonios de uno de los mejores mediocampistas del fútbol criollo en toda la historia que ahora lucha por otra hazaña con su equipo amado.

Tras una corta y cordial despedida, a la que se suma un ladrido de Atari, el portón se cierra. Adentro queda “El Arriero”, de 64 años, planeando cómo volver a gritar campeón con Atlético Nacional

1. Herrera, con la Selección Colombia. 2. Panorámica de la cancha donde se forjó. 3. Con Atlético Nacional, en el que jugó entre 1976 y 1984, cuando logró dos títulos. <span class=mln_uppercase_mln>FOTOs</span> <b><span class=mln_uppercase_mln>ARCHIVO EC</span></b>
1. Herrera, con la Selección Colombia. 2. Panorámica de la cancha donde se forjó. 3. Con Atlético Nacional, en el que jugó entre 1976 y 1984, cuando logró dos títulos. FOTOs ARCHIVO EC
64
años tiene Herrera, a los 15 lo reclutó la Selección Antioquia de mayores.

Contexto de la Noticia

ANTECEDENTES se llegó a ganar 45 llantas

El empresario y dirigente Mario Múnera, propietario de Marllantas, cuenta que en la época que Herrera jugaba en Nacional su empresa, junto con la cadena Todelar en la que estaban, entre otros, Jorge Eliécer Campuzano y Javier Hernández Bonnet, le entregaban en cada fecha una llanta al mejor jugador del partido. “El Arriero”, que no tenía carro, las dejó acumular y llegó a completar 45. Un día fue reclamarlas y puso en aprietos a Múnera que lo recompensó con dinero. Hoy son grandes amigos, aliados en causas nobles como el Día del Fútbol Antioqueño en el que Herrera, como técnico, mostró por primera vez a la afición a Marlos Moreno y Dávinson Sánchez.

talento puro, forjado en el campo como lo reconocen sus amigos

Hernán Darío, que ya es abuelo de Nico (hijo de Andrea), se hizo solo. Su talento, solito, lo llevó a las toldas verdolagas cuando no había ni empresarios ni representantes. Dice que pulió la técnica jugando con los balones que le daban en los traídos de 24 de diciembre. Los amarraba en una malla y empezaba a hacer la 31 y a patear con ambas piernas contra un muro. Y en cuanto a su físico, señala que nunca hizo gimnasio. “Era fuerte porque yo venía de la montaña. Cortaba la hierba para la vaca tras bajar una falda, luego la amarraba y me la montaba al hombro y la subía hasta la casa. Eso me sirvió para fortalecer los músculos y las piernas, como si hiciera trabajo de pesas. Y a diario manejaba una máquina para cortar pasto”, rememora.

El Campeón de la Vida, Luis Fernando Montoya, quien jugaba con él en los equipos de Caldas, lo define como hombre “sencillo y humilde” y en términos deportivos “un extremo con una gambeta larga y un cambio de ritmo impresionante; la gente de hoy no dimensiona lo que fue Hernán Darío como jugador”.

Pedro Sarmiento, quien le presentó a Maribel, que se convirtió en la esposa Herrera, y que ha sido como un hermano para él, dice que Hernán Darío “es un man que ha sido supremamente juicioso, sano y dedicado. Expresa el fútbol como lo jugó: natural, creativo, genial y espontáneo. Quizás no sea el más pulido para decir las cosas, pero es un hombre original y transparente”. Y agrega que en la parte futbolística “es muy inteligente en el manejo que le da al equipo”.

En esto coinciden sus amigos, el motivador Luis Alfonso Sosa, el empresario Mario Múnera y el narrador Jorge Eliécer Campuzano.

Norberto Peluffo, excompañero en Nacional y América, lo define así: “Es todo humildad, disciplina, gran profesional. A eso súmele talento puro, habilidad, buena definición, como hoy lo hace Luis Díaz. Una lesión lo mermó, pero eso no quita que fue un crack”.

Wilson Díaz Sánchez

Comunicador social periodista de la U. de A. Sigo el fútbol profesional y aficionado, la gimnasia, el voleibol y las otras disciplinas del ciclo olímpico. Redactor de El Colombiano


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