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El Tour de Francia actual demuestra que el ciclismo cambió, acá las razones

El ciclismo no es el mismo de antes y la actual edición del Tour de Francia así lo confirma.

  • Egan Bernal, ciclista colombiano en la actual edición del Tour. FOTO AFP
    Egan Bernal, ciclista colombiano en la actual edición del Tour. FOTO AFP
17 de julio de 2023
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Por Pablo Arbeláez Restrepo

Inquietos por lo que veían, fueron muchos los ciclistas europeos que se preguntaba durante la Vuelta a Colombia o el Clásico RCN de los años 80 y 90, del por qué los corredores de aquí atacaban de salida, una vez se daba el banderazo inicial de la etapa. “En Europa se va con calma en buena parte de la fracción, pero cuando aparece el helicóptero de la televisión el ritmo se hace intenso y otra es la carrera”, aseguraban en su tiempo, entre otros, Bernard Hinault, Pedro PericoDelgado y Lale Cubino.

Sí, esa recurrente observación del trío de ruteros que ganaron jornadas en el Tour, es parte del pasado para el pedalismo del Viejo Continente. El ciclismo de hoy, allí, es otro, con un cambio que se hace radical ante los ojos de aquellas estrellas que vinieron a competir a Colombia en la época de Lucho Herrera y Fabio Parra. El deporte del pedal de esta época tiene otro lenguaje, otras formas y diferentes maneras, esas que hoy presentan un soberbio espectáculo entre Jonas Vingegaard y Tadej Pogacar –con su potencia sostenida en el último minuto de finales en subida, arriba de 10 vatios/kilo-, quienes luchan, palmo a palmo, un colosal Tour de Francia.

En este nuevo ciclismo se habla muy poco de cambios o desarrollos, sino de watts, de la relación peso potencia, de esfuerzos continuados en X o Y número de minutos. Y a esto agréguele un detalle clave: la forma de correr que es muy distinta a la de años idos. Es una lucha por armar la fuga de salida, de controlar a quiénes se “puede” dejar ir en la escapada y a cuáles no. Los promedios en el llano, los descensos y en la montaña, son ahora de no creer en este nuevo ciclismo de lucha por el estatus y el orden jerárquico. Ya no hay tiempo de saludar al colega en medio de la competencia, cuentan los ciclistas, solo hay una cosa por hacer: es enrollar cadena y tratar de sobrevivir en medio del frenesí colectivo.

Si antes, en los años 70, se hablaba de ir “muy rápido” a un promedio de 40 kilómetros por hora; el común denominador de hoy es tomar velocidades crucero, que en ocasiones se elevan hasta los 60 kilómetros por hora en el terreno plano, con arribos a la meta que marcan, como sucede con el fenómeno belga Wout van Aert –compañero de Vingegaard en el equipo Jumbo-, quien esprinta con 1.400 vatios de potencia y, que además de eso, busca las fugas camino de lo insólito, lucha por las etapas, trabaja por el equipo en la montaña, lo que lo instala como uno de los mejores ciclistas del planeta.

Todo esto, en tiempos de Tour, es un juego de estrategias que se detenta por la misma formación de los equipos. Todo se mide por medio de los avances que brindan la tecnología y las diversas ciencias aplicadas al deporte. Todo corresponde casi que a una milimetría de roles, porque tal corredor hace de forma excelente el posicionamiento, hay otro que maneja con precisión el tiempo y el espacio y uno más que es ultra eficiente en la escalada como sucede hoy, por ejemplo, con Sepp Kuss (Jumbo Visma) –se preparó en las montañas antioqueñas- y Adam Yates (UAE Team Emirates).

Es una máquina sincronizada, que a veces también enloquece, con todo su derecho, con propósitos concretos dados por lo colectivo en la mayor parte de la jornada, para dejar servido el final a los “elegidos”, bien sean los líderes o los embaladores. En esa individualidad, que hoy muestra el Tour, de la que infortunadamente nos vamos alejando como ciclismo del otro lado del mundo, aparecen en escena monstruos del pedal como Vingegaard y Pogacar, quienes en su duelo individual han sido capaces de mover 6,9 o 7,2 vatios/kg en las empinadas cuestas de la Grande Bouclé.

Esas cifras de hoy en los tiempos de Fabián Cancellara, el suizo cuádruple campeón mundial de contrarreloj, tal como lo advierte el profesor Luis Fernando Saldarriaga, eran inimaginables. En aquel tiempo, no tan lejano, un corredor que fuera capaz de marcar 4,8 vatios/kg, como en el caso de Cancellara, era un portento.

Este martes, la gran carrera del verano francés, que trajo algo de paz al país del hexágono tras vivir días caóticos, antes que de que la competencia ingresara a suelo galo tras su exitoso paso por el País Vasco –tierra de ciclistas-, se mueve sigilosa en un caldo de nervios. En esta etapa 16 se disputa una contrarreloj de terreno combinado, con final algo inclinado, que no da para favoritismos, porque los dos jóvenes que representan a Dinamarca y Eslovenia, en su orden, guardan tal equilibrio que apenas diez segundos los separan.

Ellos Vingegaard y Pogacar, son muestra de este nuevo pedalismo, remarca el profesor Saldarriaga, lleno de ímpetu, ganas y clase ese que también llevan en su sangre van Aert, Rodríguez –tercero en discordia-, Hindley, Pidcock, Skjelmose, van der Poel; y en otros frentes con

Remco Evenepoel, el canadiense Derek Gee o el español Juan Ayuso.

Mostrario que Colombia debe tener como referente antes de que la brillante generación de Urán, Quintana, Egan, López, Chaves,

Atapuma, Henao, Gaviria y compañía entregue el testimonio a la destacada camada de Higuita, Martínez, Tejada, Buitrago, Rubio, Peña y Rivera. Y lo clave para ellos y, sus rivales, es tener muy en claro que el ciclismo cambió.

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