“De todas las flores” es un libro de la artista y compositora mexicana Natalia Lafourcade, publicado por Penguin Random House. Su primera edición llegó a Colombia en diciembre de 2025. Lleva el mismo título que su noveno álbum, publicado en 2022, que marcó un renacer tras cuatro años de ausencia. En 2018 Lafourcade decidió hacer una pausa. Pasó más tiempo en familia, volvió al silencio de su casa, al movimiento de los árboles, al sonido de las hojas. Una tarde descubrió que Jalapa, capital de Veracruz, albergaba una escena activa de jazz y una comunidad de artistas que dialogaban desde la improvisación, lo que alimentaría el proceso creativo que vendría después. El disco se grabó en cinta magnética, formato analógico, que obliga a registrar las tomas casi sin edición y exige mayor concentración.
El álbum y el libro son consecuencia de ese retiro, de la cadencia que dejó esa decisión. Un gesto contra la prisa y la obsesión por contarlo todo, a favor del misterio para crear música. Fueron tres años de proceso: buscar otras palabras para componer, arriesgarse a lo desconocido y aprender a vivir con cicatrices en el alma. Ritmos, silencios, paciencia. Renunciar a las urgencias. En ese tránsito pidió a la disquera distancia: menos llamadas de sus representantes, menos exposición, más tiempo para escuchar y sentir las pausas que demandaba el repertorio. El resultado: doce canciones y un libro-objeto pequeño, cercano a un cancionero, que reúne letras, fotografías y escenas de estudio, objetos sagrados, lugares que fueron sagrados durante un periodo decisivo. Incluye una conversación entre la artista y la escritora Elvira Liceaga, en la que revisan etapas de su vida y el sentido de esta pausa.
Ese proceso tuvo un punto de inflexión en 2020. Durante la pandemia se refugió en su casa de Veracruz y compartió con sus padres y amigos. Crear el disco tomó tres años entre composición, arreglos y grabación. Eligió a Adan Jodorowsky como coproductor y a músicos como Marc Ribot, Cyril Atef, Sebastian Steinberg y Emiliano Dorantes. La apuesta fue orgánica: estudio, escucha, repetición. Grabaron juntos, dejando espacio a la respiración de cada instrumento.
En paralelo volvió a su diario musical. Revisó letras escritas, rescató audios y fue construyendo ritmo y tonalidad con paciencia. En entrevistas ha dicho que no recuerda dónde escribió ‘De todas las flores’, canción central del proyecto. Sí recuerda el origen: una ruptura, el final de una relación. De esa fractura nació la pieza que titula al disco y al libro.
El álbum reúne doce temas: De todas las flores, Vine solita, Pasan los días, Llévame viento, El lugar correcto, Pajarito colibrí, María la curandera, Mi manera de querer, Muerte, Canta la arena, Que te vaya bonito Nicolás y Un derecho de nacimiento. El libro permite regresar a esas letras desde su proceso, el detrás de escena, el tiempo lento, la decisión de apartarse. Disco, letras, pensamientos e imágenes insisten en una idea: el tiempo también compone. Por la misma grieta por donde entró el dolor, entra la luz.
