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EL ENCARGO INEVITABLE

En este número nos embarcamos a explorar la forma en que miramos la política, casi siempre como un duelo entre izquierda y derecha, y cómo está cambiando la geopolítica del poder global. Y nos preguntamos por nuestras relaciones con los animales, al tiempo que reflexionamos sobre las representaciones de series como Griselda, el cine hecho por mujeres y los nuevos espacios para el arte que se abren en Medellín.

  • Tinta seca: Leer la paz

Tinta seca: Leer la paz

Esteban Duperly | Publicado

Convocatoria a la paz grande, de la Comisión de la Verdad (61 páginas)

Habría que empezar por contar porqué existe este texto: la Comisión de la Verdad, una de tres entidades que creó el acuerdo de paz de 2016 —las otras dos son la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD) y la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP)— tenía por mandato componer una narración de eso que llamamos conflicto armado colombiano. El resultado, desde luego, fue inmenso. De ahí que el producto final, al menos en el componente escrito, arrojara diez extensos tomos o capítulos: uno para cada arista del confuso poliedro que ha sido —y es— la guerra en Colombia.

Ahora bien, el foco son las víctimas, es decir, los débiles; los únicos verdaderos vencidos: mujeres, personas Lgbtiq+, pueblos étnicos, niños y niñas. Puros no combatientes, como se puede ver. Porque así fue la cosa: nueve millones de víctimas de las cuales el noventa por ciento no estaban armadas. Un capítulo más se ocupa de los exiliados y otro de testimonios en primera persona sobre las enormidades que ocurrieron al menos desde 1958, la fecha extrema del relato que se le encargó a la Comisión. Un último tomo versa sobre hallazgos y recomendaciones. Y hay, además, un texto corto, de sesenta y una páginas, que se llama Convocatoria a la paz grande.

Habría que preguntarse qué es, o puede ser, un informe de una comisión de la verdad, que no es un invento colombiano sino un recurso usado en procesos de paz en el mundo, pues más que silenciar fusiles lo que de veras se persigue al terminar una guerra es que la verdad reviva como una flor que brota desde el fango.

Entonces: ¿qué debería ser un informe? ¿Un documento jurídico? ¿Un ajuste de cuentas? ¿Un listado de responsables? ¿Un texto en jerga estatal? Por fortuna, y como lector lo considero un acierto, este que nos dejaron no es nada de lo anterior. En cada tomo se advierte una intención de narrar, por simple que suene. De echar un cuento para todos y que deberíamos honrar regalándole algo de nuestro tiempo lector.
Pero hay que tener principio de realidad y aspirar a leer todos los capítulos del informe final es complejo, por lo extensos. Sin embargo, la Convocatoria a la paz grande no solo es posible en extensión, sino que sirve para entender de qué se trató el trabajo de la Comisión y cuáles fueron los énfasis que puso en la tarea que se le dio, aun si el lector no está de acuerdo. Su labor no es aleccionar. Sí hace, por supuesto, una invitación fundamental: a la paz grande, justamente. Y ahí el texto es puntual: de no lograrla nos precipitaremos de nuevo en un espiral descendente. Resulta que en Colombia somos buenos para hacer desarmes —hemos logrado muchos: con partidos políticos, con insurgencias, con mafiosos— pero no para acabar con la violencia. Así que caminamos sobre la cuerda floja: podemos regresar al destino de reconciliaciones anteriores que no prosperaron, y por eso somos una sumatoria de conflictos de diferentes magnitudes que se reciclan, cambian de forma, de actores, de armas y motivaciones, y al final dejan la imagen de una sola guerra confusa, cruel e irregular. Si se nos escapa otra vez la paz, en el próximo intento no bastarán cien tomos para narrar la guerra.

Nota: la Convocatoria a la paz grande y todos los capítulos del informe final se pueden leer en línea o descargar libremente en www.comisiondelaverdad.co

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*Periodista y fotógrafo, actualmente trabaja en curaduría de fotografía patrimonial y memoria visual. Reseña libros porque al escribir sobre ellos los entiende mejor.

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