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EL ENCARGO INEVITABLE

En este número nos embarcamos a explorar la forma en que miramos la política, casi siempre como un duelo entre izquierda y derecha, y cómo está cambiando la geopolítica del poder global. Y nos preguntamos por nuestras relaciones con los animales, al tiempo que reflexionamos sobre las representaciones de series como Griselda, el cine hecho por mujeres y los nuevos espacios para el arte que se abren en Medellín.

  • Beatriz Elena Acosta Ríos. Docente de la Facultad de Artes y Humanidades del ITM.
    Beatriz Elena Acosta Ríos. Docente de la Facultad de Artes y Humanidades del ITM.

Tres novelas que le cantan a Medellín

Elena Acosta* | Publicado

“Cuando era niño mi barrio era un continente”, dice Rubén Blades al comienzo de “Como nosotros”, del álbum Mundo (2002), en la que despliega la vida de un hombre en pocos versos y en cuya introducción invoca al tiempo y le pide que lo devuelva a los días de la infancia. A través de imágenes, el compositor panameño nos sitúa en la sensación compartida de los barrios; es casi imposible sustraerse a esa atmósfera que conocemos bien y aunque la sabemos perdida, las notas y las palabras nos la regresan por unos minutos.

En la pieza hacen su parte por igual música y literatura, artes unidas desde sus orígenes y que se buscan en las canciones, pero también en obras narrativas. Son los casos de tres novelas sobre Medellín, publicadas en la última década: La cuadra, de Gilmer Mesa (2015), Era más grande el muerto, de Luis Miguel Rivas (2017) y La sombra de Orión, de Pablo Montoya (2021). Se enmarcan en momentos y zonas diferentes de la ciudad, cada una presenta singularidades de la guerra urbana local, pero hay algo que las acerca, incluso más que la muerte que recorre sus páginas: la música como experiencia de resistencia, a la aniquilación y al olvido.

Los personajes de las tres obras son testigos que, en primera persona, narran lo que ven y lo que viven, las maneras en que la cotidianidad se hilvana en medio de las balas: Los narradores de La cuadra y de Era más grande el muerto han crecido en los barrios donde suceden los acontecimientos que cuentan, a finales del siglo pasado; el de La sombra de Orión, en cambio, ha regresado a Medellín luego de concluir sus estudios doctorales en Francia, el año en que ocurrió el operativo de la Comuna 13. Un personaje está desgarrado, otro se abre paso entre el desastre con inocencia y humor, en tanto que el último transita por los laberintos de un averno del que se distancia y en el que se implica al mismo tiempo.

Un muchacho que se queda en la cuadra a pesar de que ha visto a su mundo de la niñez diluirse en sangre, otro que se aleja y un hombre que, de vuelta en la ciudad, se adentra en el dolor y la podredumbre que deja la masacre, emergiendo de nuevo impulsado por el amor. El primero y sus cercanos del barrio aman la salsa; el segundo escucha toda la música popular que suena en las emisoras de la época, incluyendo las famosas “baladas americanas traducidas”, que circulan en casetes regrabados y que se susurran los adolescentes en esos bailes de garaje donde la penumbra se logra al aflojar bombillos; el tercero conoce a un músico que trabaja sin cansancio en la recopilación de los sonidos de La Escombrera, que contienen las voces acalladas de los muertos y también, a los raperos de la zona, que en sus letras protestan, atrapan lo ido, conjuran el llanto y se disponen a la creación de un futuro distinto.

Toda persona, toda ciudad y toda generación tienen su banda sonora y estas tres novelas nos sumergen en las de tantos habitantes para quienes la música ha abierto la posibilidad de hallar un paraíso en el infierno. En Medellín aprendimos a escuchar música en todas partes, en tiendas, esquinas, calles y también encerrados en salas, habitaciones o terrazas. La ciudad canta a todas horas y cada uno tiene su lista de canciones que lo cuentan. Esa música salvadora atraviesa tres novelas tan distintas, sus autores coinciden en recordarnos que, como el personaje de Rubén Blades, no estamos solos, que “en otros barrios hay otros niños como nosotros, como yo”.

*Magister y especialista en Estética de la Universidad Nacional de Colombia, licenciada en Filosofía y Letras de la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín. Docente de la Facultad de Artes y Humanidades del ITM.

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