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HISTÓRICO
A fosas y al río van los desaparecidos
Por JUAN CARLOS MONROY G. | Publicado el 14 de junio de 2013

Entre la manigua el equipo de técnicos judiciales encuentra tierra removida. Ha ubicado la fosa y dentro de esta, a poco más de un metro de profundidad, el tronco desmembrado de un hombre. En una segunda fosa las extremidades y la cabeza. Un detalle llama la atención: los restos impregnados de sal.

La información de una “fuente humana” de este intento de desaparecer a alguien los condujo la semana pasada hasta un sector del barrio La Camila, en Bello, a escasos 200 metros de las viviendas del sector.

Tras analizar la escena en retrospectiva, con la experiencia de decenas de exhumaciones a cuestas, el antropólogo y los investigadores de la Fiscalía concluyen que los asesinos untaron de sal a la víctima para evitar la rápida descomposición del cuerpo y el fuerte olor que llega tras la muerte.

“Lo que revela esto es que lo desmembraron en otro sitio y necesitaban conservarlo para transportar los restos hasta esas fosas... se tomaron el trabajo de enterrarlo en dos fosas para que no lo encontraran nunca o dificultar su identificación si eran descubiertos”, explica un investigador.

El uso de sal también lo vieron el año pasado en el corregimiento Altavista de Medellín, cuando recuperaron varios cadáveres de víctimas que las autoridades atribuyen al combo delincuencial “los Chivos”, uno de los aliados de la banda criminal “los Urabeños”.

Antes era más común encontrar los restos humanos “encalados” (con cal), sustancia usada para ocultar los olores putrefactos que puedan alertar a las personas o incluso a animales de carroña.

Por las condiciones en que son asesinadas y luego desaparecidas, los investigadores se atreven a dictar sentencia: no solo el crimen organizado, sino también la delincuencia y sus asesinos “se especializaron en la práctica de la desaparición forzada en Medellín”.

Por eso Mercedes Palacio Obando, coordinadora regional del Grupo de Identificación Humana de la Fiscalía y antes del grupo de NN y Desaparecidos, reconoce que cada vez se dificulta más encontrar las tumbas clandestinas con restos de personas, completos o desmembrados, o rescatarlos antes de que se pierdan para siempre en la corriente del río que atraviesa la ciudad.

Solo durante el año 2012, se encontraron 49 cuerpos de personas (42 hombres y 7 mujeres) en el río Medellín, según el Instituto de Medicina Legal. Este año continúan los hallazgos allí de cadáveres completos o desmembrados.

Tal cantidad de víctimas causó conmoción y motivó un debate en el Concejo de Medellín, en noviembre pasado. En esa sesión el edil Carlos Mario Mejía describió casos como los cadáveres descuartizados de un hombre y una mujer arrojados a la quebrada La Bermejala y afirmó que “la mayor fosa de esta ciudad es el río Medellín”.

Aunque 49 cadáveres fueron encontrados y los forenses trabajan en su identificación, es evidente que la intención era no dejar rastro de las víctimas ni de los homicidas. Además, que muchos otros cuerpos fueron arrastrados por la corriente y no serán encontrados jamás.

Terror y control social
Una dura realidad: las diligencias de exhumación de cuerpos en zonas urbanas o semirrurales de Medellín y demás municipios del Valle de Aburrá, el hallazgo de restos en el río y quebradas, y las denuncias de desaparición de personas que salieron de sus casas y nunca volvieron. La desaparición forzada se extendió por Medellín en los últimos cuatro años.

“Se trata de un crimen silencioso, muy difícil de investigar, que busca eliminar a una persona sin dejar rastro del delito ni sus autores”, sostiene un investigador judicial.

Pero lo que no se puede borrar es la angustia sin fin de muchas familias que pierden a sus parientes y no saben qué ocurrió con ellos ni cómo buscarlos. Ese es el drama de una familia desplazada del sur de Bolívar, que tras asentarse en el barrio La Loma de San Javier tuvo que huir de nuevo este año por amenazas del combo del sector. Solo un hombre quedó para cuidar la casa.

Pero hace varias semanas desapareció sin dejar rastro y sus parientes temen lo peor, ya que tras denunciar el caso, agentes de la Fiscalía encontraron la semana pasada huecos en el suelo de la vivienda, donde los familiares creyeron que había sido enterrado.

“No se encontró el cuerpo y parece que rompieron el piso en busca de algo, puede ser armas o una caleta... pero la persona sigue desaparecida”, sostiene un investigador judicial.

Las cifras de los organismos judiciales y de la Personería también demuestran altos índices de desaparición forzada en la ciudad a manos de grupos ilegales.

El Cuerpo Técnico de Investigaciones de la Fiscalía, solo en los últimos tres años, encontró fosas con 36 restos humanos en Medellín: 21, en 2011; 11, en 2012 y cuatro en lo que va de este año. Esa cifra sin tener en cuenta centenares de prospecciones en busca de cuerpos que no son hallados por las dificultades para encontrar el sitio exacto.

Las tumbas clandestinas estaban ubicadas en barrios como San Javier La Loma, Robledo, Aures, Aguasfrías, La Avanzada, La Sierra, Santo Domingo, La Hondonada, Moravia. También en las partes altas de los corregimientos Altavista, San Cristóbal, San Antonio de Prado y Santa Elena.

En febrero pasado la ciudadanía se conmocionó con el asesinato de dos niños raptados por delincuentes en Nuevos Conquistadores (comuna 13) y hallados en una fosa días después en Belén Aguasfrías.

Policía y Fiscalía coinciden en que una de las causas del problema de la desaparición forzada en Medellín es la disputa entre estructuras criminales como “la Oficina” y de presencia más reciente como “los Urabeños”, con influencia sobre unos 130 combos que delinquen en Medellín.

En diciembre pasado, familiares denunciaron la desaparición forzada de alias “el Montañero” o “Ferney”, supuesto jefe de combos en la zona de El Picacho y el centro, según la Policía.

Jesús Alberto Sánchez, personero delegado de Derechos Humanos de la Personería de Medellín, agrega un análisis que califica como alarmante: “La desaparición forzada dejó de ser una práctica de guerrillas y autodefensas para eliminar de forma selectiva a adversarios políticos de derecha o izquierda o por causa del conflicto armado, con predominio en áreas rurales”.

Producto de la violencia de esos grupos la ciudad no olvida casos emblemáticos como La Escombrera (comuna 13), donde paramilitares del Bloque Cacique Nutibara arrojaron decenas de cuerpos de personas asesinadas.

Con base en las denuncias que año tras año reciben por parte de familias, el funcionario advierte que esta práctica considerada como un delito de lesa humanidad se convirtió en un arma más de la disputa entre organizaciones criminales para “generar terror en el bando rival y en las comunidades”.

A esa confrontación y al control colectivo mediante la intimidación para asegurar el silencio de los habitantes, que garantice un crimen perfecto e impune, atribuyen los investigadores judiciales prácticas como el desmembramiento y la decapitación de los cadáveres.

Los forenses del grupo de Identificación de la Fiscalía indican que muchas de las víctimas encontradas desmembradas o arrojadas en ríos evidencian señales de tortura previa y de ejecuciones con disparos de gracia, extremidades atadas y rastros de asfixia mecánica con bolsas.

Desaparecidos, sin rastro
Hay más signos de alerta frente a esta modalidad que azota a la ciudad y genera terror para la gente en los barrios. Año tras año centenares de personas desaparecen sin dejar rastro.

El informe de la Personería de Medellín (2012) advierte que de 521 personas reportadas como desaparecidas el año pasado (116 aparecieron vivas y 17 muertas), 388 continúan con el rótulo de “desaparición por establecer”.

En 2011 fueron 374. Siete casos denunciados en 2012 se investigan como presuntas desapariciones forzadas y se suman a 41 entre 2010 y 2011. Pero es evidente que la mayoría de familias no denuncia.

Otra situación que advierte el personero de Derechos Humanos, Jesús Alberto Sánchez, es que en sectores de la ciudad que disminuyeron los homicidios aumentaron las denuncias de desaparición forzada, como en la zona Nororiental.

Un líder de la comuna 2 denuncia que este año ha conocido unos 10 casos de jóvenes asesinados y desaparecidos por la banda de “los Triana”, cuyos cadáveres fueron arrojados al río que cruza el sector.

Sobre este flagelo hay denuncias de prácticas atroces como las “casas del terror” donde descuartizan a las víctimas de los combos y la quema de restos en hornos, en las ladrilleras de sectores como Altavista, según Fernando Quijano, director de la ONG Corpades.

“La desaparición es alarmante si se tiene en cuenta estos casos, las fosas y cadáveres lanzados al río Medellín, que nunca son hallados. Con esas muertes la cifra de homicidios en la ciudad es más elevada que las cifras conocidas”.

Esa denuncia de hornos usados por el combo “los Chivos” para desaparecer personas también fue formulada por habitantes de Altavista en un consejo de seguridad, aunque no ha sido confirmada por las autoridades. Pero los investigadores no niegan que estos crímenes están signados por la atrocidad y el desprecio por la vida que aún golpean la ciudad.