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HISTÓRICO
El arte en tiempos de crisis
William Ospina, escritor | Publicado el 28 de septiembre de 2008

El arte está para enseñarnos un montón de cosas que no vemos a simple vista y frecuentar el arte es ir descubriendo más cosas cada vez allí donde creíamos estar viendo algo habitual.

¿Qué relación tiene el arte con la historia? ¿Qué relación tiene el arte con la política? ¿Qué relación tiene el arte con la violencia? Hay que preguntárselo a los autores bíblicos que no dejaron de hablar un solo día del tema. Hay que preguntárselo a Homero, que no dejó de hablar un solo día de la tragedia de la historia griega y de las guerras y de las violencias. Hay que preguntárselo a los autores del Éxodo, por supuesto, hoy que nosotros padecemos un éxodo tan monstruoso en nuestro país.

Hay que preguntárselo a Dante, porque toda la Divina comedia no es más que un recuento minucioso de los dramas, las tragedias entre los guelfos y los gibelinos, entre los blancos y los negros, entre Florencia y Pistoya, entre unas repúblicas y otras repúblicas, en la Italia de la Edad Media, guerras de las que Dante mismo fue víctima, porque después de haber sido prior de Florencia fue desterrado y terminó viviendo en el exilio y muriendo en el exilio y escribió la Divina comedia entre tantas cosas -porque una obra de arte puede ser muchas cosas-, para contar lo que había sido la tragedia fratricida de su tierra florentina.

No podía uno ir a buscar a Dante Alighieri, el prior de Florencia, en el priorato de Florencia o en el exilio y decir ´¿usted por qué está hablando de política?´, ´¿usted por qué está hablando de la historia? Haga arte, haga belleza…´. Porque Dante respondería con esa voz de trueno con que escribió siempre, ´yo estoy haciendo belleza, entendiendo el mundo, descifrando el mundo y asumiendo mis responsabilidades humanas que son grandes, que son complejas; no puedo cerrar los ojos a la tragedia de mi patria, no puedo cerrar los ojos al desangre del mundo en que vivo, no puedo cerrar los ojos a la degradación en que mi sociedad se hunde en la barbarie. Yo voy a construir belleza, pero la voy a construir con sustancia verdadera, con sustancia terrena´. Y entonces uno lee la Divina comedia y está absolutamente llena de todos esos personajes y de todos esos acontecimientos.

Y por supuesto que si abrimos las páginas de Shakespeare, el chorro de sangre comienza desde la primera página. Pero no es que Shakespeare se esté deleitando en la violencia. Shakespeare está intentando descifrar esa violencia, está intentando descifrar el corazón humano, las crueldades del corazón humano, las torpezas de la condición humana y también las maravillas de la abnegación, de la generosidad, de la paz en medio de toda esa violencia.

Ya es un acto de gran nobleza y de gran civilización en un hombre como Dante o en un hombre como Shakespeare que en vez de coger la espada para ir a matar a sus hermanos, hayan tomado la pluma para contar esas historias y para que la humanidad no las olvidara. Alguien debió decirles ´usted está atentando contra la imagen de Florencia contando todas estas violencias. Sí, somos violentos, pero que nadie lo sepa, que nadie se entere´. Alguien habría ido a decirle a Shakespeare ´¿usted por qué está contando que Ricardo III, este hijo del príncipe Ricardo de York, mató a tanta gente para llegar al trono de Inglaterra? ¿Usted no está tal vez hablando mal de nuestra patria? Shakespeare habría dicho, ´es que hablar bien de la patria no es legitimar los crímenes de la patria, hablar bien de la patria es luchar contra esos crímenes y luchar porque la humanidad sea cada vez mejor”.

En la primera página del Génesis ya nos cuentan que Caín mató a Abel. Dios debió prohibirle a Moisés que contara eso, pero no se lo prohibió. Dios en eso tenía cierto sentido de la responsabilidad, las cosas deben contarse, deben saberse, la humanidad tiene que ser capaz de conocer su condición y de enfrentarla y de utilizar el lenguaje creador tal vez para derramar un bálsamo sobre todas esas heridas.

Enfrentar nuestra época
El arte es el arte de ver, el arte de oír, el arte de comprender. Que el arte se anime a enfrentar nuestra época con su momento histórico, con sus tragedias, con sus grandezas, con sus fragilidades, con sus horrores, no es un derecho del arte, es un deber del arte, es uno de los deberes más profundos del arte. Ahora, otra cosa es que el arte no cumpla con su sagrada función de mirar las cosas en su complejidad, el mundo es muy complejo y hay que mirarlo en su complejidad. Se decía que el arte es un testimonio del mundo, pero yo diría que el arte es una especie de creador del mundo, en la medida en que cuando nos enseña a ver, nos enseña a vivir en un mundo distinto. Yo creo que el arte, a pesar de que muchos piensan que es inútil, ha logrado grandes transformaciones históricas.

Dicen que Homero no solamente nos contó cómo era la Grecia de la edad de Bronce, dicen que la reconstrucción que hizo Homero de la mitología griega modificó cosas profundas de esa mitología, modificó el orden mental  en el cual estaba inscrita la Grecia de esos tiempos, parece que después de la obra de Homero y de la obra de Hesíodo desaparecieron los sacrificios humanos que formaban parte de la mitología griega anterior a esos cantos.

Hölderlin sostenía que muchas de las grandes obras fundadoras de las culturas fueron modificadoras de los mitos en los cuales esas culturas reposaban; es muy posible que una obra que nosotros vemos hoy como una obra de arte, como el Pentateuco, los cinco libros de Moisés que instauran el comienzo de la Biblia, no sean solamente el recuento de unas cosas que pasaron en esos tiempos, sino que como obra de arte que son y como obra de moral que son, porque es que el arte y la moral tampoco están lejos uno de la otra, instauraron una nueva mirada sobre el mundo, sobre la conducta humana.

El arte instaura mundos, instaura sociedades, instaura civilizaciones y creo que el arte es sobre todo un poderoso instrumento civilizador. No de una manera primitiva, de una manera simple, de una manera muy compleja. No hay sociedad humana que no tenga en unas obras de arte sus grandes fundamentos. Así lo mismo la sociedad griega en las obras de Homero, como la sociedad romana en las obras de los grandes autores, entre ellos Virgilio, a quien todos miraban como el instaurador de la civilización latina y la instaura de muchas maneras distintas, en el mito, en la imaginación, en la fantasía, en la memoria, en la conservación del pasado histórico y también en la armonía de la lengua, porque la lengua es el más poderoso instrumento cohesionador de las sociedades.

La lengua no solamente nos permite comunicarnos los unos a los otros, es nuestra memoria, es nuestra memoria personal, es nuestra memoria colectiva, es un instrumento para organizar el mundo, antes de la lengua nosotros no tenemos una percepción del mundo... De manera que el lenguaje no es solamente una comodidad de la comunicación, es un instaurador del orden mental con el cual percibimos el mundo y entrar en un lenguaje es entrar en una interpretación del mundo, en un orden de la civilización.

Un idioma, decía Borges, no es un mero repertorio de símbolos, es una manera de entender la realidad. Así que el arte crea esos conceptos y crea esos nombres. Jorge Luis Borges decía, en los comienzos de una cultura nombrar equivale a crear, el que nombra está creando el mundo. Por eso el mito adánico de que una de las primeras tareas que cumplió Adán en el Paraíso fue ponerle nombres a todas las cosas, es muy interesante que Moisés no nos diga que Dios le puso nombre a todas las cosas, sino que creo a Adán y le puso como tarea ponerle nombre a las criaturas. Y Adán se la pasó, yo creo que en un deleite poético muy grande, durante algún tiempo en el Paraíso, poniéndole nombre a la hierba, a las frutas, a los árboles, a los lagartos, a las estrellas, a las nubes, nombrando todas las cosas e instaurando no solamente su sentido y su concepto sino también sus jerarquías, su orden y su belleza.

Una estrofa de Borges lo dice:
Pensaba que el poeta es aquel hombre
Que, como el rojo Adán del Paraíso
impone a cada cosa su preciso
y verdadero y no sabido nombre...

Eso de verdadero y no sabido nombre es muy importante, porque uno diría que ya Homero nombró el agua y que ya los poetas no tienen que volver a hablar del tema. Y que después de tantos siglos de estar nombrando el mundo ya todo está nombrado. Y la verdad que no es así, porque una de las principales características de la realidad es que es inagotable. ¿Qué es el agua? Es transparencia, es luz, es frescura, es alimento, es la sustancia en la que se disuelven todas las otras, es el origen en las cosmogonías, es las mil formas de la nube, de la nieve, del hielo, de la cascada, del río, del mar, de las trombas, de las borrascas… una sola cosa puede ser todas las cosas. Y nunca acabaremos de nombrarla, nunca acabaremos de saber qué es el agua, nunca acabaremos de saber qué es el sol, nunca acabaremos de saber qué es el hombre, nunca acabaremos de saber qué es la violencia.