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HISTÓRICO
La muerte sale a cuentagotas de la mina de Amagá
  • Fotos: Hernán Vanegas | Durante la misa de despedida de los cadáveres de Wilson Ferney Salinas y Diego Fernando Vasco, se vivieron escenas de intenso dolor. Los familiares de estos mineros sepultados ayer en la tarde expresaron toda su tristeza mientras el padre Hugo Villa se erigía como veedor de que se cumplan las promesas.
    Fotos: Hernán Vanegas | Durante la misa de despedida de los cadáveres de Wilson Ferney Salinas y Diego Fernando Vasco, se vivieron escenas de intenso dolor. Los familiares de estos mineros sepultados ayer en la tarde expresaron toda su tristeza mientras el padre Hugo Villa se erigía como veedor de que se cumplan las promesas.
Gustavo Ospina Zapata | Publicado el 21 de junio de 2010

1- EN LOS SEPELIOS: Allá el camposanto, el padre Hugo Villa Quintero, en la misa de despedida a Diego Fernando Vasco y Wilson Ferney Salinas, mineros rescatados el domingo, implora a Dios "que se cumpla todo lo prometido, que no haya sufrimiento, que los salarios de los mineros sepultados se los sigan pagando a las viudas".

Frente al religioso, párroco de Amagá, dos cajas mortuorias rodeadas de mujeres que lloran inconsolables sobre la madera fría. Adentro de ella, los dos mineros, hombres que soñaron que escarbando en lo profundo de la tierra asegurarían un futuro para sus hijos, sus esposas, sus madres...

En el corazón del sacerdote, un dolor muy hondo. Y una respiración que se le fue cuando le preguntamos sobre lo que sentía al oficiar las misas por tantos amigos, por tanto pueblo tan cercano a él y al que tantas veces escuchó en confesión, les dio una hostia o les ofreció un consejo de hombre.

"Se me corta la voz... uno no entiende porqué estas cosas le suceden a la gente más pobre, acá todos eran humildes, gente que no tenía nada, es lo más triste que me ha pasado", sentencia el padre mientras las familias de Diego Fernando y Wilson Ferney ven impotentes cómo los féretros son encerrados en las bóvedas.


2-EN EL COLISEO
Al tiempo que la trompeta triste despide a los mineros hacia el Cielo, allá en el coliseo de Amagá, donde se montó la morgue improvisada para identificar a los rescatados, Ulbari del Socorro Toro Jaramillo sigue esperando noticias de su hermano Ángel de Jesús, a quien también sepultó la mina.

"Nosotros somos de Venecia", dice, "y desde el jueves estamos acá, me ha tocado dormir en aceras con mis hermanas Luz Amparo, Carmenza y María Rosmira, que llegaron de Medellín y de Concordia, porque no tenemos un peso ni con qué pagar un hotel, tuve que vender dulces para conseguir el pasaje", comenta esta señora, ya bastante ojerosa y con las huellas del ajetreo de tantos días de espera y dolor.

Su hermano, de 47 años, hace 8 años está en la San Fernando y aferrado a intentar ganarse una pensión, siguió laborando en una mina que él sentía muy peligrosa.

"Eso pensó cuando estuvo en amenazas de que se iban a matar muy ligero, porque la mina estaba presentando problemas, hace 20 días me lo dijo, también se lo comentó a mi papá, que hace 7 meses murió, él le dijo que se saliera, pero no hizo caso, se quedó buscando la pensión después de toda la vida trabajar en minas".

Ulbari se lamenta de que lo único que logró Ángel fue dejar, muy seguramente, tres hijos huérfanos y viuda a su esposa María Rocío. La empresa minera le prometió que les pagarán hotel a ella y sus hermanas para que, por lo menos, no pasen la noche en aceras frente al coliseo, expuestas al frío y la lluvia, como les ha tocado, "ojalá cumplan, porque a veces prometen y no llegan a nada", apunta.


3-EN LA MINA
En el otro frente o sitio de sufrimiento, la mina San Fernando, Diana Gallego, que ha pasado las peores angustias a la espera de que rescaten a su cuñado John Jairo Restrepo Ossa, dice sentirse un poco más tranquila porque, por lo menos, ahora hay comunicación entre las familias e Ingeominas.

Sostiene que el hermetismo y cierto desdén de los cuerpos de socorro hacia ellos los tenía desesperados e inconformes.

"Nosotros somos todos humildes y no nos estaban dando el trato que merecemos, tuvimos que organizarnos y nombrar unos voceros para presionar, desde eso ha mejorado la comunicación y se han acabado los rumores, pedimos que nos den datos reales sobre cómo van los rescates".

Lo dice esta mujer agobiada por la tristeza y que no sabe de dónde ha sacado fuerzas para hacerse vocera de las familias que aún esperan que del socavón saquen a sus seres queridos.

En el epílogo de la tarde, Édgar Fabián Morales, coordinador nacional de Salvamentos Mineros y quien está al frente de los operativos, dio noticias alentadoras. Precisó que los socorredores, promediando la tarde, estaban a unos 200 metros del "tajo", la zona donde se presume ocurrió la explosión y donde debe estar la mayoría de mineros.

Añadió que llegaron brigadas de Marmato, Nobsa, Cúcuta y El Bagre, que sumados a los aparatos ventiladores traídos por la aseguradora Positiva desde Zipaquirá, mejoran mucho las perspectivas de rescate.

Como medida preventiva, se les pidió a las familias no hacerse presentes en la mina San Fernando, porque ya hay "riesgos biológicos" por la descomposición de los cadáveres, sobre todo para los niños.

No todos hacen caso. Al dolor de una madre, un padre, un hijo o una esposa, poco le importan las advertencias. El corazón los empuja a la San Fernando, allá donde la tierra se tragó a ese que amaron, a ese que aman, a ese que amarán por siempre...