<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
HISTÓRICO
RESCATAR LA APUESTA POR LA CULTURA CIUDADANA
  • RESCATAR LA APUESTA POR LA CULTURA CIUDADANA
Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 22 de octubre de 2014

“Un objetivo central de las políticas públicas debería ser el de facilitar el desarrollo de instituciones que saquen a relucir lo mejor de las personas”
-Elinor Ostrom

Civismo, confianza, honestidad, legalidad y conmiseración deben ser los principios de una apuesta renovada por la cultura ciudadana para Medellín. Y estas palabras no son, ni mucho menos, aleatorias. La cultura ciudadana se sustenta en el civismo como el principio de respeto de las normas sociales, los derechos individuales y los bienes y espacios públicos; la confianza como la disposición a esperar el mejor comportamiento de los demás, que resulta ser la base para la acción colectiva; la honestidad como compromiso con la legalidad, la verdad y la honra; la legalidad, entendida como el respeto irrestricto a la ley y la promoción de sus beneficios sociales; y la conmiseración, como la capacidad de ponerse en los zapatos del otro, asumiendo los intereses colectivos por encima de los individuales.

Ahora bien, incentivar los comportamientos asociados a la cultura ciudadana es positivo en términos sociales porque, primero, supone una de las maneras más eficientes de solucionar o gestionar ciertos problemas públicos. Por ejemplo, un buen comportamiento vial, con ciudadanos respetuosos de las normas, pero además acompañado de respecto y justicia, puede ayudar de manera sustancial a las dificultades de movilidad, reduciendo conflictos, accidentes e incluso mejorando algunas expresiones de congestión vehicular.

Segundo, la apuesta por la cultura ciudadana involucra a todos los ciudadanos en la resolución de los problemas. En algunos, en donde su comportamiento es el problema, como la evasión tributaria, la connivencia con la ilegalidad o la resolución violenta de sus conflictos; en otros, en donde su ayuda puede hacer mucho por las intervenciones del Estado, como al denunciar un crimen, exigir transparencia al Gobierno o comprometerse con el control social.

Tercero, la cultura ciudadana como proyecto colectivo puede tener una resonancia importante en poblaciones y grupos que han estado excluidos de las decisiones sociales, pero sobre todo, una reivindicación de las acciones colectivas espontáneas, de los compromisos individuales en pro del interés público que muchas veces pasan desapercibidos.

Medellín debe recuperar la apuesta por la cultura ciudadana, dedicar recursos, organizaciones y un discurso claro que busque cambiar comportamientos socialmente perjudiciales, con educación y comunicación efectiva.

Lo primero es mostrar un ideal ciudadano, darles a los medellinenses una visión de los comportamientos que resultarían más adecuados para sus interacciones sociales cotidianas, su relación con la ciudad y su interacción con lo público. Dedicar esfuerzos importantes en, como dice Ostrom, sacar a relucir lo mejor de las personas.