HISTÓRICO
Rosalba, voz de esperanza para jóvenes de la comuna 1
  • Rosalba, voz de esperanza para jóvenes de la comuna 1 | Donaldo Zuluaga | Hace 40 años, Rosalba Cardona se desplazó de San Carlos (Antioquia) por la violencia. En Medellín, desde hace unos 20 años, le apostó a trabajar por la comunidad y plantear entre los jóvenes de la comuna 1 propuestas de convivencia que permitan desarrollar proyectos que los beneficien. Cree en los jóvenes de su sector y por eso se esfuerza por no dejarlos solos.
    Rosalba, voz de esperanza para jóvenes de la comuna 1 | Donaldo Zuluaga | Hace 40 años, Rosalba Cardona se desplazó de San Carlos (Antioquia) por la violencia. En Medellín, desde hace unos 20 años, le apostó a trabajar por la comunidad y plantear entre los jóvenes de la comuna 1 propuestas de convivencia que permitan desarrollar proyectos que los beneficien. Cree en los jóvenes de su sector y por eso se esfuerza por no dejarlos solos.
Andrés Felipe Velásquez | Publicado el 11 de junio de 2011

Mira a los ojos y parpadea despacio. Habla lento y sin equivocarse. Junta sus manos entre las rodillas y esculca en su memoria los recuerdos de hace 40 años.

"Me desplacé de San Carlos (Antioquia) hace 40 años por la violencia. Tengo una tía que tiene 11 hijos, todos hombres. El grupo armado del monte le decía que teníamos que aportarle muchachos a la causa. Ella, muy asustada, decidió dejar todo y venirse. En esos días asesinaron a un hermano mío y a un sobrino".

Así empieza a relatar sus recuerdos María Rosalba Cardona, una sexagenaria mujer que acompaña sus palabras con sonrisas, camina despacio y deposita su fe en Dios y en los jóvenes.

Luego de dejar San Carlos, su familia llegó a la zona nororiental de la ciudad, allí sigue residiendo, en el barrio Santo Domingo, "desde hace unos 20 años", calcula.

En esas calles, a las que llegó huyendo de la violencia, tuvo que ser testigo del conflicto en la ciudad y sobretodo, en la comuna 1. En el barrio le mataron un hijo.

Acercamiento con jóvenes
Rosalba le apostó a trabajar por la comunidad. "Como mis hijos menores estudiaban, me metí a la asociación de padres de familia del colegio con el fin de retribuir en algo las ayudas que me habían hecha con mis muchachos", dice.

La década de los noventa corría por la mitad, "y se cuaja una violencia. Me mataban estudiantes, mataban padres de familia", recuerda Rosalba. Y esta situación la enrutó a sumarle a su trabajo en el colegio un acercamiento con los jóvenes y con el resto de la comunidad.

No separa sus manos, sigue con la mirada sólida y menciona la unidad como la clave, habla de la familia como la columna vertebral de la convivencia.

A Juan Ramón Valencia no le es esquivo el trabajo de esta Rosalba. "No la conozco, pero la gente dice que es una señora que se preocupa y trabaja por todos. Eso se nota. Uno ve a los muchachos del barrio en otra tónica".

Ella se metió a hablar con los jóvenes a los que muchos les temían.

"A veces en las horas pico de los colegios, horas de entrada y salida de los estudiantes, empezaban a dispararse. Los profesores que llegaban hasta donde subía el bus tenían que terminar de llegar a pie. Por los disparos se devolvían y se iban para la Secretaría de Educación y decían que eso estaba prendido", cuenta la mujer.

Y apuntando con el índice derecho rememora ese primer acercamiento finalizando los noventa con muchachos que conoció pequeños y que estaban generando ese temor entre los docentes.

"Me reunía con ellos, porque los conocía. Les decía, muchachos, ¿quién se está perjudicando? A los profesores les están pagando para darles educación, pero si ustedes no dejan, están haciéndole un mal a los otros jóvenes y a ustedes mismos".

Desde ese momento empezó a consolidarse una mesa de trabajo con diferentes actores de la comunidad en Santo Domingo y en toda la comuna 1. Rosalba fortaleció su fe en los jóvenes y en una labor con la que buscaba ofrecerles más oportunidades.

El papel de los líderes
La comuna uno es una de las más afectadas por el conflicto armado en la ciudad. Los jóvenes de allí se han visto envueltos en enfrentamientos que se argumentan en disputas de territorio y cuidado de los barrios.

Por esa razón algunos líderes comunitarios buscan alternativas para la convivencia y la paz en sus barrios.

La Alcaldía de Medellín, a través del proyecto Jóvenes en Alto Riesgo del programa Fuerza Joven, se ha acercado para respaldar un trabajo entre los muchachos que los aleje del conflicto.

Jhon Jairo Quiceno Cano, coordinador del proyecto Jóvenes en Alto Riesgo, señala que el trabajo adelantado en esta comuna ha permitido la atención a 545 jóvenes.

"En este momento activos tenemos 207 y 56 promotores de vida para un total de 263", agrega Quiceno.

El trabajo desde la Alcaldía que se adelanta en lo educativo, la labor social y talleres con sicólogos pretende disminuir el riesgo de que los muchachos ingresen a combos delincuenciales.

Quiceno resalta que en toda esta labor, el papel de la comunidad y de los líderes, como Rosalba, es fundamental. "Los líderes son importantes porque nos permiten identificar cuáles son los jóvenes que están en riesgo. Esto es un trabajo en equipo".

Rosalba destaca todas las iniciativas que permitan trabajar por la convivencia y valorar a los jóvenes, "porque en esos grupos hay muchachos muy queridos, serviciales y guapos que ayudan a la comunidad".

Ómar Fernando Giraldo Sánchez, presidente de Asocomunal de la comuna 1, destaca el trabajo de Rosalba. La define como "una líder que articula experiencia y vocación por el trabajo comunitario" y agradece el esfuerzo que hace por trabajar con los jóvenes de esta zona de la ciudad.

"Ella es una líder que trabaja hace mucho en procesos comunitarios. En esa labor ha tenido la oportunidad de conversar con los diferentes actores de la comunidad. Ha tenido la posibilidad de conversar con los jóvenes que han participado en los conflictos y ha mediado para que se brinde la posibilidad de que ellos participen en el desarrollo de la comunidad dentro de los proyectos que se adelantan", manifiesta Giraldo.

Una guardería nocturna
"Yo no veo a los muchachos como una amenaza, los veo como faltos de oportunidades. Algunos no son fáciles, pero si se les escucha, uno se da cuenta de que son muy queridos", dice Rosalba.

Por lo vivido, la familia de esta líder le reclamó la participación en temas en los que su vida podría correr peligro. El acercamiento con algunos líderes de combos no les permitía tranquilidad a sus familiares.

"Estos muchachos (sus hijos) me decían que me iba a hacer a matar, pero les explicaba cuál era el trabajo", recuerda Rosalba.

Ella también es conocida en el barrio por su participación en juntas de acción comunal, proyectos comunitarios y trabajo social en instituciones educativas.

El acercamiento con los jóvenes de Santo Domingo y de la comuna 1 en general es una responsabilidad que se creó y a la que no desea hacerle el quite.

"Los muchachos no son malos, usted les toca la sensibilidad muy fácil. Yo los veo como los hijos en la casa. Los quiero, puede que algunos sean complicados, pero a mí me duelen", cuenta Rosalba.

Agrega que llora por ellos "cuando les pasa algo trágico. Me da alegría cuando veo que salen adelante, cuando me cuentan los éxitos que han alcanzado".

Rosalba habla con sus manos quietas y agarradas entre sí, la mirada no es esquiva.

Dice que tiene un proyecto en mente que algún día le gustaría materializar: una guardería nocturna.

"Acá hay muchas mujeres cabeza de familia, algunas trabajan en la noche. Yo quisiera dejar como mi legado una guardería nocturna, donde les cuiden los niños a esas mujeres que tiene que trabajar en las noches", comenta y añade que "a los niños debemos brindarles más atención".

Su fe en la juventud del sector es tanta que siempre en sus palabras no deja de mencionar a los "muchachos". Se esfuerza por ellos, "los muchachos en medio de toda esa cosa -remata Rosalba- nos respetaban y por eso quiero seguir trabajando por conseguirles más oportunidades".