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HISTÓRICO
Un tal Cortázar, desde las letras de Gustavo Arango
  • Un tal Cortázar, desde las letras de Gustavo Arango | Además de Un tal Cortázar, tres libros más que puede leer de Gustavo: El origen del mundo, La risa del muerto y Unos cuantos tigres azules. FOTO RÓBINSON SÁENZ
    Un tal Cortázar, desde las letras de Gustavo Arango | Además de Un tal Cortázar, tres libros más que puede leer de Gustavo: El origen del mundo, La risa del muerto y Unos cuantos tigres azules. FOTO RÓBINSON SÁENZ
Por MÓNICA QUINTERO RESTREPO | Publicado el 25 de septiembre de 2012

No hubo literatura en la muerte de Julio Cortázar. No llegó, como muchos pensarían, una frase del final de un cuento o algo que se le pareciera. Lo que dijo Cortázar antes de morir, las últimas palabras, fue que le dieran un calmante. Le dieron su calmante y no despertó más.

“Ahí lo que hay es dolor humano”, dice Gustavo Arango . Eso lo descubrió en su visita a París. Se lo contó Aurora Bernárdez , la primera esposa del novelista, cuando conversó con ella.

Gustavo puede contar, casi paso a paso, como el escritor se fue yendo. Por eso también el libro donde lo cuenta, Un tal Cortázar, tiene un nombre que hace referencia a Un tal Lucas, los cuentos.

“Es un juego de palabras, porque curiosamente en ese libro él expresó su voluntad para el momento en que iba a morir. Dijo que quería hacerlo escuchando un solo de piano de jazz, de Earl Hines . Me pareció un detalle muy curioso”.

En ese capítulo, De otros lados, Gustavo cita el fragmento del cuento, que dice así: “A la hora de su muerte, si hay tiempo y lucidez, Lucas pedirá escuchar dos cosas, el último quinteto de Mozart y un cierto solo de piano sobre el tema de I ain’t got nobody . Si siente que el tiempo no alcanza, pedirá solamente el disco de piano. Larga es la lista, pero él ya ha elegido. Desde el fondo del tiempo, Earl Hines lo acompañará” (P. 129).

Gustavo termina, por supuesto, y para contrastar, con el final de Cortázar: “Aunque estaba tan cerca, para ellos era como si se fuera quedando dormido. Para él, era dejarse llevar, por Earl Hines y el teclado marfil de su piano, a otro teclado, el de esa máquina de escribir que guarda silencio en un apartamento de la rué Martel, esperando en vano el regreso de su dueño” (P. 157).

La escritura
Gustavo empezó a escribir esta biografía cuando tenía 22 años. El escritor se murió en el 84, él la escribió en el 86 y apareció publicada, por primera vez, en el 87.

Un tal Cortázar es la primera biografía que se escribió sobre el autor después de su muerte. Gustavo la propuso de tesis de grado de Comunicación Social de la UPB.

Era un apasionado del argentino desde que estaba “pelado”. Lo había leído a los 15 y a los 16 años. Leyendo, muchas veces, sin entenderlo. Cuando llegó, por ejemplo, a 62/Modelo para armar, no entendió nada, pero el tenía tanta goma que lo leyó sin prestarle atención a ese detalle.

“En el momento en que decidí hacer eso (la tesis) me dediqué a leer todo lo que se conocía sobre él. Los cuentos, las novelas, los artículos de prensa, las entrevistas. Con eso armé la biografía”.

Solo que 25 años después, el libro que Gustavo hizo se creció 150 páginas más. “Ya es adulto”. La obsesión no terminó esa vez y él siguió investigando y buscando esas cosas que le quedaron faltando en el primero, entre ellas, ir a París a encontrar esos lugares donde transcurrían las novelas y donde había vivido. También entrevistó a Aurora, con la que tuvo la oportunidad de conocer muchos detalles de la vida y muerte del autor.

Lo otro fue la visita a la biblioteca del cronopio, donde se encontró con ese escritor que habló siempre del lector activo porque participa de las cosas que lee. Gustavo halló las rayas, los escritos en las márgenes, los comentarios, las discusiones con los autores. “Hay unas peleas muy bonitas con Borges, que es su maestro, pero Cortázar siempre está tratando de contradecirlo y de hacer polémica”.

En la biblioteca encontró curiosidades, en medio de ese azar de no poder ir a los estands (“te van llevando de a tres en tres”). Encontró hasta lista de mercados y un cuento inédito que reproduce en Un tal Cortázar.

Esta biografía que hace Gustavo, quien es periodista, profesor, escritor, teórico, biógrafo, muestra al argentino cuando estaba pequeño y cuando estaba grande e, incluso, ahora que está muerto.

Lo hace con sus letras y con las del escritor. A veces parece un personaje más, que cuenta. A veces se esconde. Siempre están esas palabras entremezcladas, contadas. Están los detalles, el Cortázar que tanto se quiere y el Cortázar humano. El que tiene sombras y luces.

Quinta esencia. Página 199. Escrito en mayúsculas. Sigue la letra cursiva del escritor. También los tachones.