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HISTÓRICO
UNA CÁMARA Y UN CHALECO ANTIBALAS
  • SANTIAGO SILVA JARAMILLO | SANTIAGO SILVA JARAMILLO
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Por SANTIAGO SILVA JARAMILLO | Publicado el 09 de mayo de 2012

El secuestro del periodista francés Roméo Langlois el pasado 28 de abril por parte de las Farc es una nueva evidencia del cinismo del grupo narcoterrorista y de la disposición de sus voceros políticos de justificar sus acciones, un apaciguamiento que apunta a un supuesto proceso de negociación en el futuro.

Las Farc habían renunciado al secuestro, o eso habían dicho luego de liberar a un grupo de soldados y policías a principios del mes de abril. El incidente con el periodista francés ha demostrado una vez más que mentían y que su desconocimiento del Derecho Internacional Humanitario los lleva incluso a sostener que llevar un chaleco antibalas hace de un civil sujeto de convertirse en prisionero de guerra.

Como cabía esperarse, la exsenadora Piedad Córdoba salió en defensa del grupo guerrillero. Señaló en declaraciones a los noticieros nacionales, que un secuestro era diferente a una retención y luego, contradiciéndose ella misma, que las Farc habían renunciado solo al secuestro extorsivo y no al relacionado con el conflicto ¿Al fin qué?

Luego, Piedad Córdoba , en una lógica que solo puede responder al delirio, sostuvo que la liberación del periodista (¡que no debió ser secuestrado en primer lugar!) sería un gesto para generar confianza frente a la opinión pública y el Gobierno.

Por supuesto, la líder de la organización "Colombianos y Colombianas por la Paz" está decidida a hacer y decir lo que sea para soportar la idea de una negociación con las Farc. Pero el secuestro de Langlois, lejos de apoyar estas pretensiones, nos recuerda lo que ni por un segundo podemos olvidar, que el negocio de la guerrilla no es la paz.

Y hablando de negocio, otro hecho particular del incidente de Langlois fueron las circunstancias en las que fue secuestrado y la naturaleza del operativo al que acompañaba. En efecto, el periodista francés se encontraba cubriendo una acción antinarcóticos del Ejército y la Policía que buscaba desmantelar varios laboratorios de procesamiento de cocaína pertenecientes al Frente 15 de las Farc.

Este frente es, en todo el sentido, una organización narcotraficante, involucrada en todo el proceso, desde la siembra hasta el tráfico del alcaloide a los puertos del Pacífico. Sus negocios lo asocian con narcos del sureste del país e incluso con el Cartel de Sinaloa. De igual manera, los ingresos del Frente financian al mismo Secretariado, que se queda con más de la mitad de las ganancias de la lucrativa actividad ilegal. Lo anterior es importante porque deja claras las prioridades de las Farc y que sus supuestas pretensiones políticas están ligadas a sus intereses criminales.