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“México es peor que el Darién”: sube cifra de colombianos que migran a Estados Unidos

La patrulla fronteriza ha identificado a 61.813 connacionales en 2023. Hay planes de viaje hasta por $20 millones.

  • Estados Unidos tiene su frontera cerrada para impedir el ingreso de migrantes. Algunos son interceptados en el camino. FOTO getty
    Estados Unidos tiene su frontera cerrada para impedir el ingreso de migrantes. Algunos son interceptados en el camino. FOTO getty
  • “México es peor que el Darién”: sube cifra de colombianos que migran a Estados Unidos
11 de marzo de 2023
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Leonel cumplió su sueño americano el 3 de marzo. Después de cuatro meses de travesía terrestre desde Manizales a la frontera entre México y Estados Unidos, pisó ese país de forma regular como uno de los escasos beneficiados del programa CBP One que implementó la Casa Blanca para permitir ingresos de migrantes a cuenta gotas pese a que la frontera está cerrada.

Él es uno de los 61.813 colombianos que ha llegado a esa zona limítrofe en lo que va de 2023, un número que equivale casi a la mitad de quienes fueron interceptados en 2022 (130.971) de acuerdo con las cifras oficiales de la patrulla fronteriza CBP.

Arribó con su esposa Carolina, después de dejar a sus hijos de 3 y 7 años al cuidado de la suegra en el Eje Cafetero. Su meta es enviar a Colombia dólares que se multiplican en el cambio a pesos porque las cuentas en la moneda local ya no les estaban dando para subsistir.

Los venezolanos y centroamericanos (hondureños, salvadoreños y guatemaltecos) son los que más llegan a esa aérea intentando conquistar Estados Unidos a cómo dé lugar. Y si bien entre el millón de migrantes que ha reportado la patrulla fronteriza este año los colombianos son minoría, los desplazamientos de los connacionales están superando sus propios récords (ver gráfico). Leonel y Carolina están en esas estadísticas.

“México es peor que el Darién”

El tiempo de viaje es una incertidumbre. Desde Manizales cruzaron por el Tapón del Darién a Panamá y desde allí caminaron y tomaron buses hasta la frontera, pero la mayoría de ese tiempo se la pasaron en México. Solo entrar a ese país desde Guatemala les tomó un mes porque los oficiales de migración mexicanos los detuvieron en cuatro ocasiones. Cada interceptación significaba deshacer los pasos y pasar la noche detenidos.

“El Tapón del Darién no fue una cosa del otro mundo, pero ya México sí fue más forzado. México es peor que el Darién porque no tienes el destino marcado en un solo día, tú no sabes cuánto vas a tardar”, relató Leonel.

Cuando por fin consiguieron entrar allí, viajaron hasta Estados Unidos por un paso irregular, pero la patrulla fronteriza los interceptó y deportó hacia Tijuana. Para rehacer el viaje se necesita dinero y estuvieron tres meses trabajando, ella en una tortillería y él en una taquería, de esas ciudad para conseguir lo que necesitaban para la nueva travesía. Entonces, salió CBP One.

Esa es una plataforma a la que pueden apelar quienes creen que cumplen las condiciones para buscar asilo político en Estados Unidos y que permite el ingreso de 30.000 personas necesitadas de protección internacional cada mes. Es tal la demanda, que el sistema colapsa y este diario conoció casos de personas que se tardaron hasta un mes en conseguir una cita.

La aplicación pide datos personales para agendar una comparecencia ante un juez que determinará si esa persona necesita, o no, protección. Cuando el sistema arroja una cita en los tribunales, los migrantes pueden presentarse en los puestos de control de la frontera para ingresar con el derecho a una permanencia temporal, aunque no pueden trabajar hasta resolver por completo su situación migratoria.

Para conseguir su cita Leonel y Carolina se conectaban al amanecer, de 2 a 6 de la mañana. El sábado 25 de febrero consiguieron su cupo y para el 3 de marzo ya estaban en Estados Unidos. Ellos cuentan su relato desde Los Ángeles, alistándose para viajar a Texas donde quieren instalarse para trabajar y mandar plata a Colombia. Ese, al fin de cuentas y tras cuatro meses en tránsito, es el objetivo por el que persiguieron el sueño americano.

Rutas VIP para colombianos

El desespero de la migración se ve en las páginas de Facebook en las que los migrantes se conectan. Algunos ofrecen y buscan trabajo para hacer aseo en Estados Unidos, hay cuentas que les ofertan préstamos para pagos semanales que se acompañan de imágenes de fajos de billetes y otros que ponen fotos de camionetas en las que prometen llevar a los desplazados hasta el otro lado de la frontera.

La ruta de los colombianos no siempre coincide con la de los migrantes de otras nacionalidades. Si bien hay quienes cruzan por el Tapón del Darién y emprenden su viaje en bus hasta la frontera, pagándoles a traficantes en toda la ruta o buscando las conexiones por sus propios medios, otros llegan en avión en paquetes “VIP”.

La Procuraduría identificó cinco rutas por las que agencias de turismo cobran entre 7 y 20 millones de pesos para zarpar desde el archipiélago de San Andrés, Providencia y Santa Catalina en embarcaciones ilegales que los llevan hasta Nicaragua, donde tocan tierra firme para atravesar Centroamérica, México y entrar a Estados Unidos.

Por mar evitan a los ilegales que hacen controles en el Tapón del Darién, también la travesía de una semana por una selva inhóspita dominada por el narcotráfico, pero quedan en el riesgo de un naufragio que les apague su sueño.

100 dólares o la vida

La travesía de Jesús duró cinco meses. Salió el 23 de septiembre de 2022 y logró pisar territorio estadounidense el 19 de febrero, por la vía regular y con una cita ante un juez programada para agosto de 2024 en la que la justicia le dará la última palabra sobre si puede quedarse, o no, de forma regular.

Su proceso fue lento y con solo un coyote. De la frontera entre Venezuela y Colombia cruzó el país hasta Necoclí donde le pagó 50 dólares a una lancha para que lo llevara hasta Capurganá, desde donde hizo la conexión con el único traficante que contactó en el camino para que lo pasara por el Tapón del Darién porque en la selva, sin guía, el tránsito se hace imposible.

Se adentró por siete días. Al cuarto de esa ruta el guía, un indígena panameño, los llevó hasta un monte en el que fueron interceptados por un grupo de malandros. “Iban a matar a un muchacho”, relata. Los sujetos armados y vestidos de camuflado le pidieron a cada uno cuota de 100 dólares para pasar, pero el joven que apenas transitaba entre la adolescencia y la adultez no tenía con qué dar ese monto.

El ilegal empezó a preguntarle uno a uno quién tenía un celular para pagar el “peaje” del muchacho porque, sino recogía un objeto de valor, lo asesinaba. El grupo era grande, ya todos estaban despojados de sus pertenencias y Jesús fue uno de los últimos al que llegó ese interrogante. Entregó su teléfono a cambio de que no le quitaran la vida al pelado. De él solo sabe una cosa: también se llama Jesús.

“¿Cómo voy a dejar yo que maten a un muchacho por un teléfono? Otro chico quiso dar uno pero ese teléfono era de primera generación y no se lo recibieron”, recuerda. Pese a ese encuentro con la muerte, cuando llegó al puesto fronterizo de Panamá en el que los coyotes dejan a sus peregrinos siguió el camino solo, sin pagarle a otro guía que lo llevara por Centroamérica hasta México.

De un país a otro, entre terminales de bus y con mapas, tomó las rutas por su cuenta cruzando por un El Salvador dominado por pandillas y un México en el que los carteles de la droga imparten la ley. Ya era enero, estaba en el hogar de un pastor cristiano coordinando la atención a los migrantes en Tijuana y la Casa Blanca habilitó el CPB One.

Está en Los Ángeles haciendo trabajos esporádicos a la espera de la cita en los tribunales y la meta es que después de esa diligencia se pueda reunificar con su esposa, ojalá en Estados Unidos.

Leonel y Jesús ya consiguieron su sueño americano, pero miles de connacionales más están en la ruta sin certeza de si lograrán entrar. “En estas últimas semanas hemos visto un incremento de personas colombianas, la mayoría nos dicen que migran por motivos económicos, antes había muchos niños y niñas, pero ahora son adultos jóvenes los que hacen el tránsito”, relata Jorge Castro, coordinador adjunto de proyectos de MSF en Tegucigalpa.

Y aunque los traficantes de migrantes les prometen cruzar al otro lado, son pocos los que logran entrar porque la frontera está cerrada y no hay fecha de apertura.

Infográfico

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