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Juan Camilo Quintero
Columnista

Juan Camilo Quintero

Publicado el 04 de octubre de 2022

232 días

Cada año mueren en el mundo alrededor de diez millones de personas a causa del cáncer, una cifra dramática para una enfermedad que la ciencia ha investigado por décadas cómo curarla; hoy se sigue en esa lucha, que no quisiéramos indefinida, para encontrar tratamientos menos invasivos y dolorosos que la quimioterapia.

Todos hemos tenido un pariente o amigo que ha sufrido esta terrible dolencia. Más tremendo parece ser cuando entendemos que el cáncer no solo afecta a quien lo padece, sino que redimensiona las vidas de todas aquellas personas cercanas a quien lo padece. El dolor se multiplica en los otros como si así la muerte nos avisara, de manera temprana, que nos ronda y que hace parte de la vida.

232 días es eso, un libro sobre un dolor que a todos nos aguarda: el de la partida de los seres amados. Compuesto por cortos fragmentos el autor, de manera honesta y descarnada, relata los últimos siete meses de su madre, diagnosticada con cáncer de pulmón. El libro, atravesado por el dolor del hijo, también da luces de esperanza al recrear los momentos finales de una madre que enfrenta la enfermedad con valentía y entereza.

Cada uno de nosotros maneja el sufrimiento de manera diferente. Presenciar, en medio de una enfermedad terminal, cómo se apaga un ser querido, mientras el dolor nos carcome, es una prueba dura en la que el sufrimiento ajeno se hace propio, incluso después de la muerte. A pesar de la consciencia que tenemos sobre la finitud de la vida, la muerte es un golpe devastador siempre. Este libro, escrito en pleno duelo del autor, da cuenta de ello, pero también, poco a poco, y quizá hasta de manera imperceptible, permite que por las hendijas de oscuridad entre la fractura de la luz, esto es, deja surgir el anverso de ese drama hondo: el de la vida, cuya fuerza avasalladora nos insta a seguir, a celebrarla y a quedarnos en ella.

Para algunos son 232 días, para otros son años y hasta décadas. Y aunque sean semanas, un dolor así nunca es medible ni en el seno familiar ni en el paciente, ni siquiera como cuando el médico te pregunta de uno a diez cuánto dolor sientes y dices catorce.

Hoy 4 de octubre, a las 3:59 a. m. falleció Edilma, la madre de Francisco Pulgarín Hernández. Fue hace tres años, pero estoy seguro de que para él, como lo dice en su libro, esta fecha siempre deberá conjugarse en presente. 232 días es un libro duro, pero más que nada es un hermoso homenaje de un hijo no solo a su madre, sino también a todas las personas que lidian con la enfermedad o que deben acompañar a alguien en el atravesar, y ojalá superar, esta dura prueba 

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