Por Andrés Duque GutiérrezUniversidad Católica Luis AmigóFacultad de Com. Social, 10° semestreduquegandres@hotmail.com
Tan rápida es la vida que se diluye como agua entre las manos. Y el tiempo pasa mordaz y nos conduce hacia la única cita que todos debemos cumplir: la muerte.
¿A dónde irán los que se van? –pregunto-. Dónde estarán mis abuelos muertos. Seguirán juntos en ese lugar que todos llaman paraíso; o simplemente su materia dejó de existir y sus almas se fundieron en simples recuerdos.
Tristeza habrá cuando nos larguemos de este mundo pero no tragedia, porque aunque sea difícil debemos entender que morir es tan natural como nacer. Al final solo seremos un recuerdo. Quizás lapidado en una mole de concreto con flores en el cementerio, o incinerado...