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Amalia Londoño Duque
Columnista

Amalia Londoño Duque

Publicado el 24 de mayo de 2022

Alcalde suspendido

En labores, contratos, pantalla y oficina, el alcalde de Medellin está suspendido. Sin embargo, como bien sabemos ya, el espacio donde ha decidido gobernar el alcalde no existe.

Quintero decidió gobernar en redes sociales y mover desde ahí sus intereses políticos ganando adeptos de otras ciudades, a donde la historia de Medellín llega contada por él y donde la mayoría de quienes la escuchan, antes de preguntar más, prefieren creerle.

En ese espacio virtual Quintero no está suspendido. Está desatado, tirando pullas y buscando prender más incendios. Además, en su reacción a la decisión de la procuradora hay de todo menos decencia.

Si bien su argumento fue que la ciudadanía lo eligió, también es cierto que los gobernantes deben tener un mínimo de altura y seriedad en sus reacciones, pues representan a toda una ciudad, no solo a sus electores, y, contrario a lo que incluso muchos de sus votantes esperaban, se ha visto a Quintero lleno de ira, peleando con cualquier vecino que escribe un tweet y saliendo a la calle a grabarse con la gente de su equipo haciéndole calle de honor.

Poco se ha hablado sobre su trato hacia quien designaron, mientras tanto, como alcalde encargado o sobre los programas sociales, los de infraestructura y gran parte de los procesos culturales en Medellín que ya estaban suspendidos por él hace rato.

Estuve viendo la serie del creador de WeWork. WeCrash, se llama.

Analistas de una firma inversionista de la start-up llegaron en un momento a las oficinas del coworking a estudiar contrato tras contrato las finanzas de WeWork para poder salir a bolsa.

Lo que encontraron, bueno... ya saben la historia: un personaje creativo y hábil que buscaba más y más poder mientras desfinanciaba su propia idea.

Un unicornio al que se le deshace el cuerno cuando se deja ver.

Se me pareció el personaje a Quintero. Y el desangre de WeWork, a la presunta corrupción que él ha liderado reforzando un discurso de clases que dividió a Medellín como nunca antes.

¿Cómo no decir que no queremos que al país le pase lo que nos está pasando ahora? Quienes hemos querido que en otras ciudades, y especialmente en Bogotá, se conozcan las denuncias de corrupción que hoy tiene el alcalde de Medellín nos hemos enfrentado a versiones incompletas que han llegado antes a través de los mensajeros del alcalde, quien habiendo trabajado allá por tantos años, supo reconocer el círculo clave para hacer su lobby.

Tal vez nuestro mensaje no se llevó en el momento correcto. Lo que todavía da esperanza es saber que ese unicornio independiente ya actúa igual de desorientado que el creador de WeWork y sus excentricidades terminarán por mostrar lo que muchos sabemos hace tiempo: Daniel Quintero es un político más, con las formas de los de siempre, fingiendo que llegó a salvarnos y a protagonizar un cambio. No hay ahí nada de autenticidad, nada de independencia, nada de coherencia 

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