Querido Gabriel,
Miles de años atrás, en una pequeña área libre de selva, en medio de lo que mucho después tomaría el nombre de América, hacia lo que hoy llamamos el río Amazonas, una comunidad comparte sus alimentos alrededor del fuego. Uno de ellos, con un bello rostro y talante de oráculo, tiene “la voz cantante”. No tiene que hablar mucho. Cada uno interviene en su turno, aporta, pregunta, opina o simplemente observa. Si pudiéramos ser parte del grupo y no meros visitantes del futuro, sentiríamos en el cuerpo una comodidad indecible, cierta tibieza en el abdomen y la mirada relajada. Sería evidente que algo invisible conecta a los participantes. No es una conversación normal, ni una discusión, tampoco tiene la forma de una conferencia o una...