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Familias de doble ingreso, un reloj que no para

hace 30 minutos
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  • Familias de doble ingreso, un reloj que no para

Por Amalia Londoño Duque - amalulduque@gmail.com

5:00 a.m. el desayuno, las loncheras, la mesa puesta, los niños despiertos. En mi casa, mi esposo y yo nos encargamos de todo eso cada mañana, por decisión propia y también porque a esa hora no hay nadie más.

Soy privilegiada: tengo un esposo presente y tengo ayuda durante el resto del día, pero no tenemos una red de apoyo amplia y los dos tenemos empleos que exigen un mínimo de horas para cumplir con lo que se espera de nosotros cada semana.

En algún momento trabajé en una organización, me prometía no mirar el celular antes de las 8:00 a.m. para estar presente con mis hijos en la mañana, algunos días lo lograba, pero cuando a esa hora revisaba WhatsApp, había pasado de todo: mensajes desde las 6:30 a.m., un problema resuelto, una decisión tomada y casi siempre había sido alguien sin hijos, alguien joven, alguien con apoyo en casa o alguien sin una mañana como la mía, quien había respondido primero.

Yo apenas comenzaba el día y ya había fallado, en agilidad, disponibilidad. Nadie lo decía, pero estaba escrito en la velocidad de los demás y en mi sensación de culpa al empezar el día. Esto no es nuevo ni es solo mío, es una transformación que ocurrió tan despacio que no la vimos. La familia cambió de forma, hay más tipos, más maneras de convivir, las reglas del trabajo no cambiaron al mismo ritmo y el celular terminó de borrar lo que quedaba de frontera.

Mi papá llegaba a las 6:00 p.m. todos los días, no tengo un solo recuerdo de él pegado al teléfono hablando con su jefe hasta entrada la noche. El teléfono tenía cierta intimidad; si sonaba tarde, era una urgencia, pero hoy la urgencia es el estado por defecto.

Lo que cambió, además del dispositivo, es quién absorbe el costo de esa disponibilidad. En Colombia el trabajo doméstico y de cuidados no remunerado equivale al 20% del PIB nacional, más que todo el sector comercio y las mujeres producen 77% de ese porcentaje. Países del norte de Europa llevan décadas incorporando políticas de conciliación laboral porque entendieron que el cuidado es trabajo, que tiene valor económico y que mientras no se distribuya de otra manera, alguien lo está subsidiando en silencio.

La tasa de natalidad en Colombia cae y se habla poco de por qué, pero ¿es posible que sin red de apoyo una pareja sostenga dos carreras, una relación y una familia al mismo tiempo? ¿O hay que negociar, en algún momento, que uno de los dos aspire menos?

No tengo respuesta, vivo a diario en esa reflexión buscando un equilibrio que llega por temporadas y se va en cuanto algo se mueve, que es casi siempre. Lo que sí sé es que mientras sigamos llamando a esto un problema personal, seguiremos resolviendo individualmente lo que es, en realidad, una falla estructural producto de cambios acelerados sobre los que hemos conversado poco.

Mañana serán las 5:00 a.m. otra vez, las loncheras y la mesa puesta y en algún momento de esa rutina, entre el desayuno y el uniforme, uno de mis hijos va a estar observando, estará aprendiendo algo sobre quién hace qué, sobre el afán, sobre cómo se ve el trabajo o cómo se ve una familia.

Quisiera saber cómo recibe esa escena y cómo lo educa. Sería una respuesta útil para todos.

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