Todos hemos jugado con fuego y nos hemos quemado. Es ley de vida. Quien más quien menos arrastra un par de cadáveres a sus espaldas, de amigos o de relaciones pasadas que le dejaron al borde del manicomio por ensimismamiento o excesiva dependencia. La ceguera mental nos nubla tanto la razón que, a veces, ni siquiera un informe exhaustivo de la mismísima Interpol podría hacernos caer de la parra. «La hemos pillado. Lidera una red global de taximerdistas experta en disecar especies en peligro de extinción que, además, trafica con madera de las selvas de Borneo y con el hielo de los polos para hacer gintonics y otros cócteles. Pablo Escobar a su lado era un monaguillo. “El Macho”, el malo malísimo de la película Gru, un aprendiz». Pero aunque el...