<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
Ernesto Ochoa Moreno
Columnista

Ernesto Ochoa Moreno

Publicado el 01 de febrero de 2020

Ante una estatua de sal

Para mí, hoy empieza el 2020. Y fue ayer, 31 de enero, cuando de veras se acabó el año viejo. El 31 de diciembre no suele ser sino un atajo que nos inventamos para empezar a asesinar lentamente el pasado. Nos toma un mes hacerlo.

Bueno, eso pienso yo y por lo tanto aún me creo a tiempo para una meditación sobre el ayer, ya inexistente, que lanzamos por la borda, y el mañana, igualmente sin existencia, que hoy empezamos a caminar.

En una idea me refugio: tal vez el secreto de la felicidad sea, simplemente, mirar hacia delante. Volver la cara hacia atrás lo convierte a uno en una estatua de sal. Y ser estatua de sal es detenerse, anquilosarse, perder alientos para seguir adelante por el camino de la vida.

Que eso somos: caminantes. Ninguna época mejor que el comienzo de un año para saborear a fondo este estar siempre de camino. El tiempo es un sendero y cada minuto es pisada y es huella. No es posible detenerse ni retroceder. Somos empujados hacia delante y no queda otra opción que mirar el horizonte, recibir en el rostro las ráfagas de nuevos vientos y olfatear los aromas de lo desconocido.

Caminar en el tiempo, al ritmo de las horas y los días, es una aventura que no requiere más equipaje que la capacidad de asombro ante lo nuevo y el saber perseverar por encima de las dificultades y los tropiezos, más allá de los sinsabores y las alegrías del viaje.

Pero perseverar, que etimológicamente se relaciona con la palabra severidad y, por lo tanto, implica rigor, tenacidad, no debe reducirse a la simple disciplina. Esta se requiere sí, pero no debe quedar la sensación de que perseverar es estar sometido a un sacrificio insoportable.

El secreto de la perseverancia es el entusiasmo. Si no sentimos arder por dentro la pasión que nos impulsa a alcanzar una meta, acabamos doblegados por el peso de exigencias impuestas a regañadientes. Entonces viene la frustración, el desaliento, el sentarnos al borde del camino a llorar nuestra mediocridad, nuestra impotencia, nuestro fracaso.

La perseverancia no es una carga pesada que el caminante lleva sobre sus hombros y que le impide avanzar. Por el contrario, es la pasión que late en el corazón y que de tal manera agiliza los pasos que al final uno siente que corre desbocado como un caballo con las crines al viento. En el horizonte está la meta.

Postdata: Hablando del mañana, decía el gran Lope de Vega: “Tanto mañanar y nunca mañanamos”. Y el poeta español de la generación del 27 José Bergamín (1895-1982): “Mañana está enmañanado/ ayer está ayerecido,/ y hoy, por no decir que hoyido,/ diré que huido y hoyado” .

Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otras que consideren pertinentes. (*)

 
¿CUÁL ES EL ERROR?*
 
¿CÓMO LO ESCRIBIRÍA USTED?
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS

Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema.

 
RESERVAMOS LA IDENTIDAD DE NUESTRAS FUENTES *
 
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Teléfono
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS
Otros Columnistas

Aplausos y pitos

$titulo

EL PAPA FRANCISCO

Consciente de su liderazgo, hace ceremonias de reflexión humana y universal, para animar a la gente.

$titulo

DALIT DURÁN, ALIAS “FARRUCO”

Calificado como el terror del Eln en el Magdalena Medio. Por fortuna, fue capturado en las últimas horas.