Los chinches, quebradores de bombillos, jugadores de fúbol para el olvido; los ases de la pizingaña, golosa, pirinola, yo-yo, trompos, bolas, arroyuelo...
Los gamines del tranvía, egresados de la escuela José Eusebio Caro, la Simón Rodríguez o la Cristóbal Toro; los coleccionistas de cuadros o vistas, escurridizos jugadores de pelota envenenada o escondidijo; los que brincábamos en Quinta Pelayo cerca de la Escuela de ciegos y sordomudos. Los ladrones de mangos, alquiladores de bicicletas y revistas de Tarzán, Supermán, El Santo; los fabricantes de cometas con varillas cogidas en el puente del Mico...
Los inmortales de entonces, miembros de la aristocracia de gallinero de los teatros de Aranjuez, no nos cambiamos ni por Dios mano a mano con el...