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Julián Posada
Columnista

Julián Posada

Publicado el 19 de septiembre de 2020

Armas

¿Cuáles son las armas que necesitamos, qué y a quién queremos enfrentar con ellas, son necesarias? Las descargas eléctricas, los revólveres, cientos de manos y hasta los pies han protagonizado los hechos y protestas de los últimos días, piedras, palos, aerosol y llamas han servido a algunos para manifestar la rabia y el dolor de una situación con la que se puede estar o no de acuerdo, pero lo que resulta evidente después de tantos ríos de dolor es que las armas que necesitamos no son las que matan, no son las que destruyen, tampoco son la mentira y el lenguaje excluyente que desde la boca y convertido en misiles de corto o largo alcance algunos lanzan con consignas que buscan derribar y negar al otro, lenguaje que incendia allá y aquí, que convierte el cielo y la tierra en calderos hirvientes e hirientes que siembran desolación cada que se pronuncian, palabras que desdibujan puentes y posibilidades tangibles de edificar futuros.

Para seguir hacia adelante habría que construir un nuevo arsenal de significados y afectos, habría que oír muchas más veces tantas voces reflexivas que como lanzas ayuden a derribar preconceptos y prejuicios, que conviertan esas ideas luminosas en mantras que nos permitan avanzar, habría que permitir que la compasión y la verdad sean los misiles que junto con la educación ayuden a construir el futuro de esta democracia encerrada entre paréntesis que llamamos Colombia.

Regálese la posibilidad de ver la profunda conversación entre el padre Francisco de Roux e Ingrid Betancourt, casi siete años de secuestro dan peso a sus palabras, tan potentes resultaron que posibilitaron que al fin uno de los protagonistas de tanto dolor en nuestro país fuese capaz de pronunciar frases como: “El secuestro solo dejó una profunda herida en el alma de los afectados e hirió de muerte nuestra legitimidad y credibilidad ... tuvimos que arrastrar ese lastre que hasta hoy pesa en la conciencia y en el corazón de ... cada uno de nosotros” ... “Estamos aquí para, desde lo más profundo de nuestro corazón, pedirles perdón público a todas nuestras víctimas de secuestro y a sus familias”. Esas sentencias lanzaron como bombas los antiguos jefes de las Farc esta semana y agregaron que por fin se comprometían a “rendir cuentas ante la justicia”, a “invertir cada día del resto de sus vidas en recomponer el mapa de los desaparecidos y buscar sus restos para entregarlos a sus seres queridos”. Les queda pendiente aún asumir hechos gravísimos como los del reclutamiento de miles de niños y la violencia y el abuso sexual en sus filas, pero ojalá el que iniciaron sea un camino sin retorno.

Creo firmemente que la verdad es un arma que sana, libera y permite que el pasado de dolor se empiece por fin a superar y que por él se asome un futuro más amable, uno en el que podamos por fin perdonarnos. Ojalá algún día pronunciemos las palabras que Carmenza López, cuyo marido fue asesinado por las Farc le dijo a la senadora Sandra Ramírez representante de ese partido cuando intentó pedirle un abrazo: “nos daremos un abrazo de perdón cuando me diga la verdad”.

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