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David E. Santos Gómez
Columnista

David E. Santos Gómez

Publicado

Asesinatos que no cuentan

Por

david e. santos gómez

davidsantos82@hotmail.com

El pasado martes 10 de febrero, en un barrio cercano a la Universidad de Carolina del Norte en Estados Unidos, un hombre de 46 años asesinó con tiros en la cabeza a tres jóvenes estudiantes musulmanes. Deah Shaddy Barakat de 23 años, Yusor Mohammad Abu-Salha de 21 y Razan Mohammad Abu-Salha de 19, cayeron en el suelo tras recibir balazos a corta distancia. El presunto asesino, Craig Stephen Hicks, se entregó a las autoridades y en pocas horas se definió el asunto como “un hecho aislado”. Ninguna cadena noticiosa estadounidense de cobertura nacional informó de la masacre ese día.

Tres musulmanes murieron pero no es noticia, en un país que parece anestesiado frente a la violencia contra esa comunidad. Más grave aún es la prisa con la que la Policía comunicó que la tragedia respondía a una pelea entre los implicados por un puesto de parqueadero y que, de ninguna forma, podría relacionarse con temas de religión o definirse como un crimen de odio. El historial del asesino, sin embargo, incluía posturas radicales en redes sociales que, mínimamente, deberían inducir a una investigación más profunda.

El discurso islamofóbico impulsado por partidos políticos radicales o medios de comunicación irresponsables, en buena parte de Estados Unidos y algunos países de Europa, es el combustible de una ola de intolerancia que crece aceleradamente. A punta de generalizaciones se están borrando de tajo las diferencias entre aquellos que son militantes fundamentalistas y los creyentes de una religión que invita al respeto de las diferencias.

Una de las peores consecuencias del terrorismo fundamentalista, que hemos visto extenderse en los últimos meses, es el desprecio hacia el Islam en sociedades mal informadas. Estas terminan, incluso, por recurrir a la violencia física contra aquellos que encasillan como enemigos.

Los medios de comunicación tienen una enorme responsabilidad en las situaciones violentas que atraviesan sus sociedades. Su afán por vender terror y la increíble falta de contexto en la transmisión informativa llevan a un desconcierto masivo que impulsa las peores reacciones.

El caso de los tres musulmanes en Carolina del Norte es una muestra patética de los asesinatos que no cuentan para una sociedad y, al mismo tiempo, un recordatorio de las consecuencias últimas de vender odio como respuesta al odio.

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