<img height="1" width="1" style="display:none" src="https://www.facebook.com/tr?id=378526515676058&amp;ev=PageView&amp;noscript=1">
Fernando Velásquez Velásquez
Columnista

Fernando Velásquez Velásquez

Publicado el 03 de julio de 2016

CADA UNO CON SU CADAUNADA

Cada uno al comienzo y al fin de la vida, testigo de nacimientos y defunciones repetidos; entre nubes grises, soles arrobadores y borrascas endiabladas, en procura de lo desconocido; con ansias de partir pero fondeado en los remansos del ayer. Cada uno munido de glorias y fracasos, aflicciones y esperanzas; con el alma arrebatada por las emociones o el corazón destrozado por un amor negado.

Cada uno con sus trasnochos y conciertos de aleluyas, instalado en cualquier cielo brillante o en una parcela inacabada, a la espera de la eternidad para olvidar las desgracias. Con la ternura de los recuerdos o anclado en montañas escarpadas donde se deben beber los olvidos; bañándose con la luz del día e internado en las noches florentinas, entre aviones rojizos y estaciones invernales. Cada uno con sus últimas enseñanzas que lo hacen creer el último profeta, o un vencido cansado de yerros matutinos, olvidos y desaciertos.

Cada uno y sus desafinadas campanas, dioses sonoros y creencias, a la caza de dañinos odios y júbilos siempre pasajeros; saturado de gozos y carencias entre almohadas viajeras o colchones de retozos no iniciados. Con sus oropeles y siliconas, asistido de mentiras y verdades; jugador de nuevos abalorios o delirante cazador de luceros. Cada uno, aquí y ahora, sentado en su trono o exhibiendo viejas e ingratas pedrerías; varado entre catedrales románicas y puentes árabes, o pletórico en un planeta plagado de rascacielos. Con sus dolencias inventadas e inocencias borradas; pasajero insomne de la vida y cliente predilecto de la muerte inclemente.

Cada uno y sus apretones de manos, proezas e infatigables abrazos, risas y llantos; en un lugar del espacio, olvidado en una alcoba o tendido entre trigales soleados. Presto a conquistar la jornada con sus mudeces y auroras lloronas; repleto de felicidades o presa de desolaciones aladas. En las nubes juguetonas o en los pantanos misteriosos, en el aire perfumado o en el mar fatigoso; con sus dundos ropajes y las necesarias desnudeces para jugar al amor y al abandono, o, en los caminos polvorientos, dispuesto a tragarse la dulce saliva de la alborada.

Cada uno bañado de atardeceres y amaneceres, con los abrazos incrustados en el alma y empotrado en las mañanas tranquilas que desfilan por el piélago inconcluso de la vida; con distintos horizontes y acompañado de sisellas mensajeras. Con sus alegrías y añoranzas, lleno de adioses y buscados retornos; cargado de relojes ya hastiados de señalar minutos y roídas nostalgias. Cada uno al inicio de los tiempos, en arados legendarios, o de visita a un laboratorio de soledades; sin conocer el milenario fuego sagrado o extasiado con el invento renovado de la rueda.

Cada uno con sus mariposas agonizantes, presto a despedir a los viejos exánimes, o a celebrar el grito estremecedor de la vida que hace palpitar las entrañas; convertido en un viajero a través de los cielos con sus luces de bengala en las manos, instalado sobre un tejado centenario, o dormido en una reconstruida ermita griega. Con inmensa humildad, prosternado ante el Creador o, arrogante, creyéndose superior a Él; en Roma polvorienta y abandonada, París o Estambul mancilladas por los verdugos; en Nueva York todavía desolada o en una calle de Medellín entre incontables y ansiosos menesterosos.

Cada uno en casa o en la oficina, en compañía de la mujer adorada, a bordo de un vuelo fantasma o de un tren sin esplendores; al comenzar el año o el milenio, cuando las estrellas plañideras se ocultan o nacen nuevos mundos ancestrales. Con sus propias sonrisas, muecas, arrebatos y dulzuras; siempre distinto y sin saber cuándo ni cómo va a partir ni en qué dimensión del tiempo y del espacio llegará a un nuevo recomenzar porque como, de forma magistral, lo expresó don Miguel de Unamuno, “cada cual como mejor se las componga, salga lo que saliere, cada uno con su cadaunada, y luego... ello dirá”.

Porque entre varios ojos vemos más, queremos construir una mejor web para ustedes. Los invitamos a reportar errores de contenido, ortografía, puntuación y otras que consideren pertinentes. (*)

 
¿CUÁL ES EL ERROR?*
 
¿CÓMO LO ESCRIBIRÍA USTED?
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS

Datos extra, información confidencial y pistas para avanzar en nuestras investigaciones. Usted puede hacer parte de la construcción de nuestro contenido. Los invitamos a ampliar la información de este tema.

 
RESERVAMOS LA IDENTIDAD DE NUESTRAS FUENTES *
 
 
INGRESE SUS DATOS PERSONALES *
 
Correo electrónico
 
Teléfono
 
Acepto términos y condiciones
LOS CAMPOS MARCADOS CON * SON OBLIGATORIOS
Otros Columnistas

Aplausos y pitos

$titulo

LUIS ENRIQUE RODRÍGUEZ

Editor de Caracol Radio, recibirá el “Clemente Manuel Zabala” al editor ejemplar del Premio Gabo 2019.

$titulo

“GOTA A GOTA” MORTAL

Según la Policía, asesinato de dos venezolanos el pasado domingo en Medellín fue por deudas del “pagadiario”.