Puesto que un electrón, según la física cuántica, puede estar en dos lugares distintos a la vez, no es extraño que este fenómeno suceda también con las personas. A fin de cuentas no somos más que una coctelera de electrones dentro de la cual se agita el alma, una sustancia incolora e insabora, negra o blanca, no detectable por medios mecánicos, que está en todas y en ninguna parte del cuerpo. Según la física cuántica la duda de Hamlet no tiene sentido porque se puede ser y no ser al mismo tiempo. Hoy la cuestión ya es otra: consiste en saber si uno está vivo o muerto, un hecho que puede darse también a la vez, como se demuestra con la teoría del gato de Schrödinger. Si se mete un gato en una caja cerrada y opaca donde hay un recipiente con un...