En algún momento de la vida todos hemos pretendido cambiar el mundo y erradicar de la faz de la tierra todo lo que no sirve. Un objetivo agobiante e imposible, sin duda, porque olvidamos un detallito así de chiquitico: Para cambiar el mundo primero debemos cambiar nuestro metro cuadrado.
La propuesta no es mía, pero como lo bueno es digno de copiarse, me la apropio y la comparto con ustedes este día de Navidad, con un deseo sincero y profundo de que, entre todos, haciendo cada uno un poquito en su metro cuadrado, logremos impactar esta sociedad agobiada y doliente.
El mundo pide a gritos coherencia en las convicciones, palabras, obras y omisiones. Somos expertos en hablar duro y en llevarnos las manos a la cabeza cada vez que hay noticias de corrupción,...