Parece que las elecciones presidenciales no fueran a llegar nunca y mientras tanto este país, con todos adentro, camina cansado el último tramo de una campaña política llena de ruido y bajezas, de incoherencias visibles y coaliciones nauseabundas. Todos con un grito seco para avisar que no soportamos más la irresponsabilidad social de los candidatos y el estilo agresivo de sus seguidores -que más parecen fanaticada- imposibles frente a la reflexión y el consenso e incapaces de la crítica propia. Todos. De arriba abajo y de izquierda a derecha, en una época y un lugar tan irracional que los aspirantes tienen que hacer público un “pacto de no agresión”, como si esto se tratara de una arena violenta en la que los golpes bajos ponen el listón. Y...